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Hay bares y vares

Déjense de vares. Gran parte de la población futbolera no quiere vares. Preferimos lo clásico. Los bares de toda la vida. La rubia, su tapa y su buena cháchara. ¿De qué se hablaría en los bares si no de fútbol? ¿Qué haríamos sin poder criticar las decisiones del trencilla? ¿De qué vivirían los medios deportivos de este país? Sería una auténtica catástrofe. Periodistas teniendo que salir a la calle en busca de noticias, programas de televisión teniendo que pensar para poder llenar su escaleta… Lo dicho, una hecatombe. Mucha gente perdería su puesto de trabajo por tener que pensar.

A santo de qué tiene que venir nadie a imponernos el VAR este. De hecho, ¿quién es el redicho de turno para escribir mal la principal religión de este país? El bar es uno y nada más. Es el “més que un club”, el “nunca dejes de creer”… Un bar lo es todo, donde caben todos. Bueno, todos no, siempre hay cortos de miras que prohiben entradas a otros por sentir colores diferentes. Pero bien, lo que viene siendo el bar, es de todos. Es el Twitter antiguo, donde se vertían todo tipo de opiniones y con ello se hacía una sopa que se llamaba “la conclusión final”.

Ya lo cantaba Gabinete Caligari: “Bares, qué lugares”. De tener el VAR, las tabernas cerrarían

Cierto es que con el nacimiento de las Redes Sociales muchos bares han perdido fuerza. Todos han pasado por la plaza del colibrí azul para el linchamiento público. Escudados tras perfiles (verdaderos o falsos) digitales, la gente se dedica a verter opiniones que, aunque no las lea nadie, se publican. Por aquello de “tuitear algo”.

Pues bien. El dilema surge cuando se prueba el VAR. ¿Qué pasa? Que la discusión ya no es si era o no fuera de juego, si merecía o no ser expulsado el jugador o si el balón había salido o no por línea de fondo. La discusión es: ¿se debería implantar el VAR?

Alarma. Los de un equipo dicen que sí, hasta que les perjudican. Los del otro equipo dicen que no, hasta que les beneficia. Todo igual. Así somos nosotros. Cada uno arrima el ascua a su sardina.

Pero, ¿qué hubiese pasado una tarde de junio de 1986, mientras Argentina e Inglaterra disputaban los cuartos de final del Mundial de México, sin esa mano de Dios? ¿Maradona sería el mismo? ¿Y en el Mundial de 2002? ¿Realmente Corea hubiese eliminado en octavos a la Italia de Totti o en cuartos a España? ¿Y Francia hubiese ido al Mundial de Sudáfrica de no haber puesto la mano Henry para acomodarse el balón y dar la asistencia que Gallas transformaría en gol? ¿Inglaterra hubiese eliminado a Alemania de haber subido al marcador el gol fantasma de Wayne Rooney? Todo son suposiciones cuyo final desconocemos. Pero lo sabríamos de tener el VAR.

¿A qué pueblo de España se le llama pueblo sin tener bar? A ninguno. Ya puede haber ayuntamientos, iglesias, escuelas o colmados, que un pueblo sin un sitio donde comentar la jugada, no es nada. Es “Marca España”. Nunca se traiciona el amor a la tasca. Ya lo cantaba Gabinete Caligari: “Bares, qué lugares”. De tener el VAR, las tabernas cerrarían. Con lo que dejaríamos de ser la potencia mundial con mayor número de bares por habitante (175) y del millón y medio de personas que trabajan en ellos, alguno perdería su trabajo. Y por ende, España.

Así que mientras Villar y Tebas se ponen de acuerdo para implantar, o no, el dichoso VAR, nosotros podemos seguir hablando. De momento, la temporada que viene no va a estar, por lo que muchos programas se frotan las manos sabiendo que tienen un año más de audiencia. Y nosotros, por nuestra parte, podemos reflexionar.

Maradona, de no haber marcado el gol con la mano, quizá no hubiese ganado el Mundial de México, pero seguiría siendo el Pelusa. Su carisma, su zurda y su gol regateando a todo inglés que le salía a su paso debería haber servido para que Inglaterra dejase de luchar y se fuera al vestuario directamente.

Por su parte, el arbitraje de Al-Ghandour ya se reconoció hace unos meses que había estado influenciado, por lo que Italia y España se hubiesen encontrado en cuartos y todos los seguidores de La Roja ya sabemos qué hubiese pasado.

Francia no hubiese ido al Mundial del 2010, es posible, pero entonces les bleus no hubiesen hecho el ridículo espantoso y la regeneración que vive desde entonces quizá habría tardado un poco más, con lo que Portugal habría ganado la final de la Eurocopa quién sabe contra quién.

En Sudáfrica, quizá Inglaterra hubiese eliminado a Alemania, pero la final la ganó España contra Holanda, así que tampoco hubiese cambiado mucho.

Tras grandes errores arbitrales, el fútbol se encarga de darle al César lo que es del César. Si dicen que la naturaleza es sabia, el fútbol también. Si Brasil ganó el Mundial de Corea y Japón es porque entre jugadores como Morientes, Eto’o, Klose o Ballack los que merecían el trofeo eran Rivaldo, Ronaldinho, Roberto Carlos y Ronaldo. También Maradona merecía su Mundial. Al igual que el Barcelona se merecía la Champions League que ganó tras eliminar al Chelsea en semifinales tras el infame arbitraje de Øbrevø, o Francia el final tan bochornoso que vivió en su hotel de concentración en Sudáfrica. Para bien o para mal, el fútbol te da lo que mereces.

Por eso, por mucho VAR que digan, cada uno lo querrá implantar en un partido para eliminarlo en el siguiente. Cuestiones simples: dame lo que quiero que luego ya te lo quitaré yo. Así que tú puedes escoger lo que quieras: fútbol de errores y lo que ello comporta o un juego científico.

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Bruno R. Iglesias

Ver comentarios

  • Cierto, también el Real Madrid se merecía todas esas Copas de Europa y Ligas con arbitrajes escandalosos. Ojalá no entre en juego el VAR para poder seguir disfrutando en el BAR de competiciones desvirtuadas con cervezas amargas...
    Tumbs up Bruno!

  • Se hablaría de fútbol. De pasión. De técnicas y tácticas. De lo bueno que es tal jugador o la buena decisión que tomó este otro entrenador.

    FÚTBOL.

    La salsa rosa para los programas del corazón.

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Bruno R. Iglesias

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