Miradas

El himno de Escocia en los Mundiales

Este texto está extraído del #Panenka146

 

Cuando la selección de rugby de Escocia visite el Stade de France, en el último encuentro del Seis Naciones masculino, esta revista ya estará en manos del lector. Así que no vamos a jugar a vaticinar el resultado, que lo nuestro, además, es el balón esférico. Lo que sí que tenemos claro es que en los prolegómenos sonarán con fuerza La Marsellesa, himno francés, y Flor de Escocia, la canción que se suele usar como himno escocés, no solamente en los encuentros del ‘XV del Cardo’, sino también en los que disputa el combinado nacional de fútbol, donde se entona con la misma pasión (en nuestro top 1, las interpretaciones de la cantautora y futbolera Amy MacDonald en Hampden Park).

Escocia no tiene un himno oficial como tal. Pero Flower of Scotland es la tonada preferida a la hora de exaltar el orgullo de los ‘scots‘. Compuesta por el músico Roy Wilkinson, del grupo The Corries, en 1967, hace referencia a la victoria de los escoceses, comandados por Roberto I, sobre los ingleses en la Batalla de Bannockburn, de 1314, durante las guerras de independencia. Es bien conocida la rivalidad con el auld enemy, manifestada en toda clase competiciones deportivas. Sin embargo, hasta hace tres décadas, ambas selecciones compartían himno (el entonces God Save the Queen, hoy God Save the King).

 

Más allá de su letra y sus referencias históricas, con las que el foráneo se puede perder fácilmente, su melodía y su tono son capaces de ensanchar el corazón de cualquiera que le preste sus oídos

 

Pero estábamos hablando de Francia, ¿verdad? Fue en el torneo de las Cinco Naciones (sin Italia aún) de 1990, cuando los escoceses la usaron por primera vez en una competición, precisamente en un duelo contra ‘les bleus‘. El fútbol lo adoptó tres años después, y lo convirtió en oficial en 1998, con motivo del Mundial de Francia. Más allá de su letra y sus referencias históricas, con las que el foráneo se puede perder fácilmente, su melodía y su tono son capaces de ensanchar el corazón de cualquiera que le preste sus oídos. Desmintiendo el grito desesperado de Mark Renton en Trainspotting, el memorable “¡es una mierda ser escocés!”, con Flor de Escocia, incluso el más mediterráneo de nosotros lamenta no ser descendiente directo de Robert the Bruce.

Hubo quien llevó la canción a su terreno. Volvamos a París. Uno de los grupos ultras del PSG la convirtió en Ô Ville Lumière, un homenaje a la Ciudad de la Luz que hizo fortuna en el Parque de los Príncipes. Tanta, que el club quiso usarla para acompañar la salida de los futbolistas al césped. Parecía una idea magnífica. Y, sin embargo, a la hinchada capitalina no le gustó que sustituyera al tema que lleva saludando a los jugadores desde 1992, Who Said I Would, de Phil Collins, que se mantuvo. Al final, los ingleses siempre ganan.

 

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Carlos Martín Rio

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