Con gestos sencillos, espontáneos e inesperados; así es como se cambian las cosas, así es como se cambia la historia. Y es que, tal y como asevera una cita que se atribuye al célebre Eduardo Galeano, “mucha gente pequeña, en lugares pequeños, haciendo pequeñas cosas puede cambiar el mundo”. Como la estadounidense Rosa Parks, que en 1955 se convirtió en un referente del movimiento por los derechos civiles al negarse a ceder su asiento a un hombre blanco en la parte delantera de un autobús de Montgomery (Alabama); como la fotógrafa iraní Parisa Pourtaherian, que hace unos días aprovechó un (a priori) intrascendente encuentro de la primera jornada de la Pro League, de la máxima categoría del balompié nacional, entre el Nassaji Mazandaran y el Zob Ahan para dar un pequeño gran paso hacia el empoderamiento de las mujeres en un país en el que todavía existen muchas restricciones basadas en el género; para poner en evidencia la intolerancia del régimen persa, extremadamente conservador.
Después de la revolución islámica que vivió Irán a finales de la década de los 70, las nuevas autoridades del país prohibieron que las mujeres pudieran asistir como público a los partidos de fútbol. Una costumbre que, salvo contadas excepciones, se mantiene vergonzosamente vigente en pleno siglo XXI y que también afecta a las profesionales del ámbito de la comunicación, que no están autorizados a entrar en los estadios para cubrir encuentros del sexo contrario. Es cierto que, con el tiempo, las patriarcales autoridades iraníes han ido siendo más permisivas en algunos deportes como el baloncesto o el voleibol, pero no en el fútbol. Con todo, como asegura la propia Parisa Pourtaherian en su Instagram, “si el plan A no funciona, el abecedario tiene 26 letras más”. “When nothing goes right, go left”, afirma en otra fotografía. Y esto es precisamente lo que hizo la fotógrafa, que se convirtió en la primera mujer del país en cubrir un partido masculino de balompié de la máxima categoría, un honor que podría parecer casi insignificante e intrascendente en cualquier otro país. Pero no, no es así en Irán.
“Mi deseo es que se nos permita cubrir los partidos en los grandes estadios de fútbol junto a nuestros colegas masculinos. También tengo otro gran sueño personal: cubrir, al menos una vez en mi vida, un partido del Manchester United en Old Trafford. Haré todo lo que pueda para que este sueño se haga realidad”, concluye, en The Guardian, Parisa Pourtaherian, que fue enormemente aplaudida por su gesto creativo, valiente e inteligente. Ella, una fotógrafa relativamente desconocida hasta hace unos días, se ha convertido en la última gran referente de una lucha inacabada: la de las mujeres iraníes que, a través de plataformas como OpenStadiums, reclaman el fin de la discriminación, la revocación de unas costumbres absurdas, injustas e intolerantes que les impiden disfrutar de la belleza del fútbol.
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