Ernesto Valverde encadena muchas semanas estando en boca de todos. Concretamente, desde que Luis Enrique anunció que no seguiría el curso que viene como entrenador del FC Barcelona, y muchos de los rumores empezaron a señalar al técnico del Athletic como el principal candidato para sustituirle. Un espiral de misterio que acaba de concluirse: el club catalán ha anunciado que el Txingurri estará al frente del primer equipo azulgrana a partir de la próxima campaña. Con el objetivo de acercarnos a su perfil menos conocido, ese que nos habla de un entrenador sosegado a la par que contundente, y de un apasionado del mundo de la fotografía y de la cultura (aficiones que le valieron para ganar el Antonin de Año en los Premios Panenka 2015), recuperamos las reflexiones que Valverde nos regaló en los diferentes encuentros que tuvimos con él, en 2016 y 2013. En el primer caso, pudimos convencerle para que participara en una conversación sobre fútbol con el periodista Gaby Ruiz, moderada por Aitor Lagunas. Y en el segundo, Naxari Altuna le entrevistó después de que el míster publicara ‘Medio Tiempo’, un libro compuesto por algunas de las instantáneas que capturó durante su estancia en Grecia, en el banquillo de Olympiacos.

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EL FÚTBOL DE HOY, A TRAVÉS DE LOS OJOS DE VALVERDE

Como jugador y entrenador, acumulas más de tres décadas en el fútbol profesional. Empecemos por ahí, por la bunkerización de los protagonistas del juego en los últimos años.

En cierta medida es una necesidad ante el crecimiento que ha experimentado la profesión periodística aparejada al fútbol. Ahora se dice: ‘joder, es que antes los periodistas nos encontrábamos con los jugadores en los pasillos y les entrevistábamos in situ‘. Eso ahora es impensable porque no sería una entrevista; serían 50. Es una consecuencia de lo que es hoy el negocio del fútbol.

¿El fútbol sigue necesitando al periodismo?

Los clubes ahora buscan darlo todo enlatado: webs oficiales, televisiones del club… Como los jugadores, que recurren al Twitter para evitar malas interpretaciones.

Por eso preguntaba si el fútbol cree que puede ‘ahorrarse’ el periodismo.

Todo tiende a un ajuste. El periodismo se está moviendo en diferentes sentidos. Ahí están esos formatos que parecen competir por ver quién grita más. Y luego ocurre algo sorprendente: antes los periodistas, salvo un par, no eran famosos; en cambio, ahora da la sensación de que abunden ‘las estrellas’. Aunque en mi caso intento abstraerme bastante.

 

“El grupo tiene que ver que tú les vas a ayudar a ser mejores. En eso los jugadores son muy inteligentes. En el mismo momento que entras en el vestuario ya te están examinando y valorando”

 

A pesar del caudal de información que manejamos, el fútbol sigue siendo esa ‘dinámica de lo impensado’ de Panzeri. ¿Por qué es tan dado a la imprevisibilidad y tan refractario a la planificación?

Porque el fútbol, igual que la vida, no es exacto. A veces un jugador te parece perfecto, lo fichas, y a los dos días de tenerlo en el vestuario te das cuenta de que te has equivocado. Y en cambio otros con los que igual no contabas te acaban convenciendo. Al final la competición te va poniendo en tu sitio. Pero ahora se trabaja más que antes, los directores deportivos se lo curran: veo los fichajes del Celta, del Villarreal, del Sevilla, del Eibar… Se empieza a trabajar muy bien. Al final dependes de eso que es el fútbol: en un momento vas hacia arriba o no.

Ahora tenemos infinidad de estadísticas aplicadas al fútbol, pero se hace necesario alguien que sepa leerlas.

Totalmente. Lo difícil es saber extraer de las estadísticas lo verdaderamente útil en función de tus necesidades. Os cuento algo: 2013, primer partido en el nuevo San Mamés. Uno de los fondos estaba en obras, era una pared e íbamos a jugar así todo el año. Con Joseba Etxeberria y Jon Aspiazu empezamos a discutir en qué fondo meteríamos más goles. Lo normal sería pensar que en la portería que tenía grada. Entonces llamamos a Natxo, profesor de econometría en la London School of Economics. ‘¡Cómo no se me ha ocurrido a mí esa pregunta, es cojonuda!’, exclamó. Y cogió el ejemplo del Rayo para analizar todas las variantes, porque esa es la labor de la econometría: goles en la primera parte, en la segunda, primeros goles, goles ante Madrid y Barça… Lo cogió todo, lo metió en ‘la máquina’ y nos vino con el resultado.

¿Y cuál fue?

Pues que se metían más goles en la portería de la pared [risas]. ¿Para qué nos servía eso a nosotros? Pues para saber si nos convenía más atacar primero una portería que otra. Hablamos con los jugadores y dijeron que si se metían más contra la pared preferían conseguir así el primero y después del descanso, con el público, ir a buscar el segundo. ¡Y no fue mal, porque nos clasificamos para la Champions!

El jugador, en cualquier caso, es decisivo. Por eso algunas veces da la sensación de que el fútbol, un deporte colectivo, pueda convertirse en uno cada vez más marcado por la individualidad.

galapanenka_12Hombre, el Athletic Club es el mejor ejemplo del sentido colectivo de este juego. No digo ahora, sino durante tantos años. Está claro que hay un momento individual, y una competencia con respecto a los compañeros. Y no te digo nada de la figura del entrenador, que es muy paradójica porque representa a todo el grupo pero en el fondo está solo. Pero de lo que se trata es de poner una especie de pegamento -que en algunos clubes es más fácil que en otros- y que todo eso cuaje de alguna manera.

Lo que pasa es que ese jugador con un ego fuerte… ese punto le hace competir al máximo. Y ese punto un futbolista lo tiene que tener. Es decir, además de mirar por el grupo, el jugador tiene que tener la ambición de sobresalir, de significarse, para poder dar lo mejor de sí mismo. En el fondo, los grandes campeones son gente que tiene un alto concepto de sí misma y que quiere estar por encima del resto. Eso hay que administrarlo.

¿Nos creemos que Argentina saliera campeona en 1986 con Maradona y diez más?

¿Sabes qué pasa? Que los colectivos admiten muy bien las individualidades que te solucionan las cosas. Porque les beneficia. Y eso al final el colectivo lo incorpora como una fortaleza suya. Los jugadores que son buenos siempre encajan y el grupo intenta asimilarlos. Es difícil que el vestuario no aglutine al jugador que marca las diferencias. Todo esto daría para un estudio interesante, ¿eh?

Al final, más allá de los conocimientos tácticos esa es la labor también del entrenador, que no deja de ser el gestor de un grupo humano.

No tengas ninguna duda: ahí radica gran parte del misterio de que un equipo funcione o no. Que el grupo vea que tú les vas a ayudar a ser mejores. Y en eso los jugadores son muy inteligentes. En el mismo momento que entras en el vestuario ya te están examinando y valorando.

¿Por eso es tan complicado encontrar un técnico en la elite que no haya sido jugador?

Eso no lo veo. No creo que haga falta. El exfutbolista tiene la ventaja de que ha conocido un vestuario pero, en el fondo, el jugador lo que quiere ver es que tú le vas a ayudar.

Comenzábamos hablando del contraste entre el fútbol de los 80 y el actual. Hagamos el ejercicio contrario: ¿hacia dónde intuyes que camina, tanto en el plano económico como meramente deportivo?

Los jugadores son mucho más profesionales de lo que eran en mi época. Están más preparados; la base física cada vez es más importante. Antes siempre tenías alguna barriguita en el vestuario, pero ahora… Fíjate en Aduriz: está en el mejor momento de su carrera con 35 años ¡porque está perfecto, al límite! También aprecio esas diferencias entre grandes y pequeños, pero aquí en España es que hemos coincidido con una época en la que es prácticamente imposible meterles mano a Barça y Madrid. Siempre fue difícil ir al Camp Nou o al Bernabéu pero ese apabullamiento que hay ahora, las ligas de 100 puntos y los pichichis de 50 goles, no es muy sostenible. No sé si eso perdurará en el tiempo, creo que bajará un poco. Me gustaría que la competitividad general se viera reforzada.

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LA SEGUNDA PASIÓN DE ERNESTO

“Ahora mismo la foto está un poco movida, pero hay que enfocar bien”. Ya en su primera rueda de prensa como entrenador del Valencia, Ernesto Valverde recurrió a su gran pasión para fijar el retrato de su nuevo equipo. En su anterior banquillo, el de Olimpiacos, pudo combinar el balón con la cámara. De esa relación nacerían tres títulos de liga helenos, dos copas y un libro llamado Medio tiempo. “Son fotografías que muestran un mundo que no es hogar, ni es casa, ni país, con espacios que son hoteles, aviones, autobuses, campos de fútbol, zonas turísticas y, en general, lugares solitarios o lugares en los que cualquier persona se sentiría sola. Solitarias parecen, efectivamente, la mayoría de las personas que aparecen en ellas”, le prologa su amigo Bernardo Atxaga. El futbolista que se hizo entrenador sin dejar de ser fotógrafo nos cedió algunas de esas imágenes y un rato de conversación.

Futbolista, entrenador, fotógrafo… La observación como punto de partida de tus grandes pasiones.

Foto 02-02-11 16 32 35Sí, pero en la parte final siempre te conviertes en actor. Cuando eres jugador estás actuando permanentemente en el campo: haciendo, jugando. De lo que se trata muchas veces es de no pensar, porque cuando juegas lo haces de una manera mecánica y no te da tiempo a pensar, sino que tienes que hacer. Y según va pasando tu etapa de futbolista comienzas a preguntarte por qué y cómo funcionan las cosas. El entrenador mira, observa y actúa, mientras que en la fotografía eres casi como un espectador que está mirando continuamente a ver qué es lo que más te interesa. La mirada es lo más importante. Pero ahí también actúas.

Yo soy un tipo curioso. Me gusta ver las cosas. Mirar siempre por el ángulo que nadie repara y buscar algo que igual nadie ha visto. A veces me maravillo viendo a fotógrafos que vienen aquí, estando nosotros sentados, y de repente hacen una foto que tú ni siquiera habías captado. Y dices: ‘¡Ay va, qué es esto!’. No sé si este tipo de interés, esa manera de ver las cosas, se puede extrapolar al fútbol. Pero sí es verdad que siempre me ha interesado.

¿Algún punto en común más entre el fútbol y la fotografía?

Supongo que habrá muchos. A mí la fotografía me sirve para otras cosas. Es como una barrera que establezco con respecto a todo lo demás. A veces me hago la pregunta de si esos dos mundos convergen en algún punto, pero tampoco busco demasiadas respuestas, porque prefiero mantener esa barrera. Intento diferenciar las dos actividades. No pretendo ni quiero encontrarle mucho sentido. Porque a mí, al final, me libera hacer fotos. Siempre ha sido así.

De alguna u otra manera, en todo lo que hacemos estamos expuestos al público. Haciendo un libro siempre te expones. Sí es cierto que en el fútbol estás un poco hacia fuera y en la fotografía hacia dentro. Las fotos tienen que suponer algo para ti mismo para poder exponerlas. Te tienen que llegar, decirte algo. Al final, y eso también vale para el fútbol, a través de las cosas que haces se ve tu personalidad. El futbolista, por ejemplo, está mostrando a la gente lo que es a través del juego. Lo harás mejor o peor, pero tus aptitudes están ahí.

Siempre tuviste un espíritu creativo.

Todos tenemos ese punto, ¿no? Cada uno lo lleva por el camino que cree conveniente. Y además yo creo que todos pensamos que lo tenemos. Pero hay que descubrirlo, claro.

Cuando era futbolista tenía unas características determinadas y había que explotarlas. Ahora, como entrenador, también intento que mi equipo juegue de una manera que a mí me guste. El fotógrafo quizá sea diferente. Desde el momento en que te pones a hacer una foto ya estás siendo creativo. Luego, lo otro… En el fútbol tienes que ganar. Ahí no quiero hablar de retórica, de la creatividad. Al final, sí, sí, creatividad la que tú quieras, pero hay que ganar. Los números están ahí, aunque luego cada uno elige su camino para intentar ganar.

 

“Cruyff era muy exigente, difícil. No te permitía un mal pase. Era un entrenador duro, pero hay que reconocer la aportación que ha hecho al fútbol en general”

 

¿En tu caso se podría decir aquello de… al principio fue el balón y luego la cámara?

El fútbol siempre ha estado presente. Como cualquier crío, empezamos en la calle. Efectivamente, primero fue el balón, pero no sólo para mí. ¡Quién no tiene una pelota en casa! Y la cámara, sí, cuando tenía 16 años empecé a hacer alguna cosa. Le pedí a un amigo que me trajera una de Canarias. Todos las comprábamos allí. ¡Me la trajo un año después! Hice el típico curso por correspondencia que te mandan todos los papeles, las cubetas, la ampliadora… Montábamos un lío. Había que cerrar todas las cortinas, todo oscuro, ponías los líquidos en la habitación, con los ácidos y reveladores… Mi madre me decía: ‘¡Oye!, ya está bien esta historia tuya, ¿no?’. Y luego, cuando fui a Barcelona a jugar en el Espanyol, cursé estudios en el Institut Fotogràfic de Catalunya. Las dos facetas no han ido en paralelo, porque el fútbol te absorbe mucho, con tus preocupaciones. Siempre pensé que cuando me retirara me iba a dedicar a la fotografía pero luego se te mete lo de ser entrenador y… no tenía claro el camino que tenía que seguir a través de la fotografía. Siempre piensas que tienes que ser profesional para hacerlo. Pero, en realidad, no es así. Porque ahora he hecho un libro y suele pasar que cuando haces las cosas desde un punto de vista amateur a veces salen mucho mejor, ¿no?

La derrota es muy fotogénica.

Uy, da mucho juego. Sí es verdad que el blanco y negro te da un punto quizá más melancólico. Admiro a la gente que hace color. A mí no me sale. El color me cuesta mucho. El blanco y negro te lo tienes que imaginar. Sí que tiene un punto como de fotografía antigua, de melancolía… Pero no tiene que ver con la derrota. Hay imágenes de victoria que pueden tener un punto de melancolía. Depende de cómo las veas y percibas. No creo que el libro sea muy melancólico. Igual lo parece.

Yo vengo del analógico y en casa siempre he revelado en blanco y negro. Me gusta. Nosotros vemos las cosas en color y el blanco y negro tiene algo que parece que te llega más. Igual es impresión mía, no lo sé. Tiene un componente poético, misterioso. Parece que te esconde algo. Te dice, pero no te dice. Al final nos gustan las cosas que son un poco misteriosas.

¿Cómo se ve el fútbol desde el ámbito de la cultura?

Es bueno tener opiniones de gente que está fuera de nuestro mundo. Cuando hablas con colegas siempre comentas el último dato, este o aquel jugador, dónde está, cómo juega… Hay veces que perdemos la perspectiva. Creemos que el fútbol es el centro de nuestras vidas y que si desaparece se va a terminar el mundo. Antes quizá existía el estereotipo de que un intelectual no podía ser de un equipo porque estaba mal visto; o que la gente del fútbol, por definición, no sabía hacer la O con un canuto. Pero tengo la impresión de que estamos en otro estadio. Esas cosas están superadas. Los intelectuales, en mayor o menor medida, tienen su propio equipo. Y la gente que está dentro del fútbol está suficientemente preparada. Más que nada, porque para ser futbolista necesitas ser un tipo inteligente. Igual no hasta el punto de saberte la Enciclopedia Británica, pero sí para saber moverte en un grupo, soportar una crítica potente cuando tienes 20 años y superarlo. Necesitas estar preparado desde el punto de vista psicológico, convivir en un vestuario y afrontar la enorme responsabilidad que tienes.

Fuiste uno de los primeros fichajes de Johan Cruyff en el Barcelona.

Llegamos muchos nuevos aquel año. Vino con una idea del entrenamiento totalmente diferente. Y nos costó mucho. No jugué demasiado porque tuve bastantes lesiones. Muchos de los entrenamientos que se hacen ahora, empezaron ahí. Cruyff era muy exigente, difícil. No te permitía un mal pase. Era un entrenador duro, pero hay que reconocer la aportación que ha hecho al fútbol en general. Por cómo empezó a jugar el Barça, por el nivel de perfección que alcanzó, por lo que se está viendo en los últimos tiempos, y por lo que ha aportado al entrenamiento global. Él implantó los juegos de posición que ahora están tan en boga. Cuando gente como Eusebio, ‘Txiki’ o Laudrup te pillaban en un rondo, ni la olías. Era prácticamente imposible quitarles la pelota.

Guardiola ya andaba curioseando por aquel entonces.

Foto 23-11-11 21 31 51Sí, pero no coincidimos en el primer equipo. Él estaba en el filial. Con el tiempo ha aportado una vertiente táctica que ha enriquecido el juego. Lo de apretar era algo que el Barcelona ya hacía con Rijkaard, pero Pep lo perfeccionó. La posesión, el ir todos a una tras una pérdida… Todos siguieron, más o menos, aquella idea de Cruyff, y Pep la ha mejorado. Pero también hay que reconocer que el Barcelona tiene unos jugadores extraordinarios.

Todo esto ha traído un cambio de mentalidad en el fútbol español.

El resultado siempre ha sido la consecuencia de algo. Ese es el quid de la cuestión: el cómo hacerlo. De lo que tienes que preocuparte es de generar una serie de situaciones que te garanticen el resultado, tanto desde el punto de vista ofensivo como defensivo. Producir una serie de circunstancias que sean recurrentes en el equipo para propiciar más ocasiones de gol, y que te hagan menos.

Los equipos que ganan siempre crean escuela y ahora mismo los futbolistas y entrenadores de aquí estamos valorados fuera. Los jugadores españoles salen por todas partes; hay mucha demanda y también mayor predisposición a salir que hace unos años.

Hubo un tiempo en el que había ciertos prejuicios hacia el tipo de futbolista liviano.

El éxito cambia la visión de las cosas. El hecho de jugar con futbolistas livianos, con un juego de pases, está creando escuela. Eso hace que todo el mundo quiera imitarlo. Hablas con entrenadores de otros países y te preguntan: ‘¿Pero qué pasa ahí, tenéis alguna fórmula mágica para sacar jugadores?’. Y tampoco es así. Tampoco hay que pasarse de fundamentalistas, ni por un lado, ni por otro. Antes, este tipo de futbolistas no estaban tan valorados, pero no podemos obviar la otra parte. En el fondo, es como el juego de la selección: todos tocan muy bien, pero necesitas alguien que corra, que vaya en profundidad, que remate. Hay que buscar el equilibrio.

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