El pasado sábado 18 de octubre, el Bayern de Múnich se enfrentó al Borussia Dortmund en el ‘klassiker’, un duelo entre los dos equipos por excelencia en Alemania. Sin embargo, el fútbol no fue el protagonista del encuentro. “No hay sitio para villanos en nuestro club, no hay espacio para Boateng”, sentenció ese día la afición bávara con una pancarta en las gradas. Otra, rezaba: “No hay sitio para los abusadores. ¡Boateng, vete a la m*erda!”.
A Jérôme Boateng, un jugador siempre recordado defendiendo el escudo del Bayern de Múnich, no se le quiere ver de nuevo relacionado con la institución. El alemán, que colgó las botas a los 37 años, se disponía a incorporarse ahora al staff de Vincent Kompany, técnico del conjunto germano, para realizar las prácticas como entrenador. Su destino, sin embargo, ha dado un vuelco en el último momento. “Conozco a Jérôme de mi etapa en el Hamburgo. ¿Podría unirse a mi cuerpo técnico? No hablo de eso públicamente. Pero, si se trata de una estancia de unas semanas, claro, por supuesto, siempre está invitado a eso como leyenda del Bayern. Podemos beneficiarnos de su experiencia”, declaró el belga en la rueda de prensa previa al mencionado partido, sin saber que la afición de los ‘Die Roten’ reaccionaría de forma contundente para evitar su vuelta. Los seguidores del Bayern demostraron que rechazan completamente su incorporación con pancartas en las gradas e incluso con una petición online al club en la que se pidió expresamente “marcar límites frente a la violencia misógina”.
De esta forma, Boateng se ha visto obligado a dejar de lado la opción de desenvolverse como aprendiz en la que en su día fue su casa deportiva. “Tras las recientes discusiones sobre mi persona, he decidido concentrarme en mis propios temas: la licencia A, RYZR y Arena2. En este momento, ese es mi enfoque, y el vuestro debería estar únicamente en el campo y en el objetivo de continuar esta impresionante racha de 13 victorias consecutivas”, argumentó el exjugador en sus redes sociales respondiendo a las reacciones de los espectadores.
Los episodios protagonizados por Boateng que no olvidan sus antiguos aficionados son algo sumamente preocupante y delicado
En su paso por el gigante alemán, el ya retirado central gozó de diez años repletos de trofeos y éxitos. Nueve Bundesligas, dos Champions y diez Copas y Supercopas alemanas marcaron sus 229 partidos con la casaca roja. Insignificante: pese a haber sido un ejemplo dentro del campo, ni siquiera todos los títulos del mundo podrían empañar la visión de la afición del Bayern de Múnich respecto a su comportamiento fuera del césped. Un comportamiento por el que se le ha acabado denominando “villano” en un lugar donde una vez fue un héroe. Hay problemáticas que trascienden el aspecto futbolístico, y los fans del club germano han demostrado que su caso es una de ellas.
Los episodios protagonizados por Boateng que no olvidan sus antiguos aficionados son algo sumamente preocupante y delicado. En 2021, Kasia Lenhardt, expareja del exfutbolista, se suicidó. Tal como recogemos en Brazalete Negro, ambos cortaron una tóxica relación en la que la influencer acusó a Jérôme de maltrato psicológico poco antes del trágico suceso. Kasia, sin embargo, no pudo revelar públicamente los malos tratos por parte de Boateng debido a un acuerdo de confidencialidad que los abogados del futbolista le obligaron a firmar. El defensa alemán, una semana antes de la muerte de Kasia, la tildó de mentirosa y de haberle hecho chantaje emocional durante la relación en una entrevista con Bild, el diario más leído en Alemania. El 20 de febrero de 2021, pocos días después de recibir la noticia de su fallecimiento, el aún defensa del Bayern saltó a los terrenos de juego luciendo un brazalete negro en un partido frente al Eintracht de Frankfurt, en memoria de su difunta expareja.
Pero el suicidio de Kasia no es el único episodio por el que los fans rojos rechazan a Boateng; también hay que mirar más atrás. En 2020, Sherin Senler, exmujer del todavía entonces futbolista, denunció al alemán por agresiones físicas hacia su persona producidas en el 2018. Un año más tarde, meses después del suicidio de Kasia, el exfutbolista fue condenado culpable de estas agresiones con una multa de 1,8M de euros, rebajada a 1,2M. Finalmente, en 2024, esta pena se redujo a 200.000 euros. Pese a que la defensa de Sendler alegó que Boateng era un “maltratador consuetudinario”, los errores procesales, denunciados por la defensa, provocaron dicha rebaja.
Ante los hechos cada vez más opacos que rodeaban la vida de Boateng, incluso su familia le dio la espalda. La madre del futbolista expuso públicamente que “maltrata a mujeres desde hace años”
Ante los hechos cada vez más opacos que rodeaban la vida de Boateng, incluso su familia le dio la espalda. La madre del futbolista, en un golpe contundente, expuso públicamente que su hijo “maltrata a mujeres desde hace años. Ahora Kasia Lenhardt se ha suicidado y él todavía no quiere asumir las consecuencias”. En 2021, su hermano Kevin-Prince Boateng también se negó a defenderle. El futbolista del Hertha Berlin explicó que los hechos le alejaron aún más de él: “Desprecio la violencia contra las mujeres. No me identifico con las acciones de mi hermano y por eso ya no tengo nada que ver con él”.
En aquel entonces, a Jérôme Boateng no se le pudo condenar como culpable de haber provocado el suicidio de Kasia Lendhart. Si bien es cierto que la justicia le declaró culpable de agresiones en un caso de violencia machista ante Senler, ese no fue el caso con Kasia. El Ministerio Público cerró este año el caso al considerar que no había pruebas contundentes para una acusación formal por provocar el suicidio, en lo que tuvo peso el acuerdo de confidencialidad firmado por la influencer antes de su muerte. A pesar del cierre, Boateng ha perdido a sus dos familias: ya le sucedió con la de sangre y, en la más reciente actualidad, el germano también ha sido expulsado de la futbolística, aquella que le alentó durante tantos años: “No hay espacio para Boateng”.
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