TEXTO DE FABIÁN MAURI (REVISTA UN CAÑO)
En 2013 se cumplieron 100 años del primer River-Boca. Buena excusa para recuperar lo mejor que nos brindaron los Superclásicos en cada década. Este texto está extraído del interior del #Panenka25, publicado hace cinco años, un monográfico sobre el fútbol argentino que todavía puedes conseguir aquí.
La explicación científica del fenómeno por el cual un antagonismo local creció hasta convertirse en rivalidad nacional de interés mundial deberá quedar, necesariamente, en manos de sociólogos e historiadores. Esta rivalidad, que cumplió cien años en 2013, no sólo sigue vigente, sino que tiende a profundizarse. Argentina es un país que resuelve sus cuestiones presentándolas como contradicciones binarias. Federales o Unitarios. Peronistas o Gorilas. Piazzolla es el tango o Piazzolla no es tango. Borges o Marechal. Menotti o Bilardo. En mayor o menor medida, todos los ejemplos enumerados y muchos otros, se fueron diluyendo con el paso del tiempo, encontrando coincidencias o instancias superadoras. River y Boca, no. El fundamentalismo es de tal magnitud, que los partidarios de ambos equipos reivindican como rasgos identitarios los apelativos denigratorios -‘gallinas’ para los de River, ‘bosteros’ para los de Boca- con los que sus rivales pretenden denostarlos.
River Plate y Boca Juniors se enfrentaron por primera vez en un amistoso en 1908, ganó Boca 2 a 1. El primer partido oficial fue el 24 de agosto de 1913 en cancha de Racing y ganó River, también 2 a 1. A continuación, una arbitraria selección de dichos episodios a partir de la llegada del profesionalismo.
En el inicio de los años 30, con la llegada del profesionalismo, Boca Juniors era un club mucho más popular y exitoso que River Plate, que en esa época comenzaba a consolidar su perfil más exclusivo y se ganó el mote de Los Millonarios por la compra de Bernabé Ferreyra por un precio de locura tras el crack del 29. Por entonces, el ‘Millo’ ya se había mudado cerca de La Recoleta, una zonas mucho más aristocrática de Buenos Aires que la Boca, donde habían nacido ambos clubes.
En el 12′, Basílico, back de River, se fue del campo lesionado, después de chocar con el delantero Varallo y fracturarse un brazo. Algo similar había sucedido entre ambos en el partido de la primera vuelta con un lesión, en aquel caso, de Varallo. La policía entendió, entonces, que el jugador de Boca quiso lastimar a su rival de forma intencionada y pretendía detenerlo. El árbitro intercedió por él y River continuó con un hombre menos. A pesar de todo, acabó ganando por 3 a 1 y derrotó por primera vez a Boca en el profesionalismo, arruinándole un título que finalmente acabó en manos de San Lorenzo.
Fue en la década de los años 40 cuando se consolidaron las características futboleras que hoy constituyen las identidades de River Plate y Boca Juniors. La técnica depurada y la sutil elegancia sintetizada en la inmaculada camisa de seda abrochada con botones de River, que se estrenaba cada domingo para no volver a usarse; contrastaba con la mil veces lavada camiseta que usaba Boca, metáfora de la garra, la voluntad, el sacrifico y la espereza de su juego. Esas escuelas, esas idiosincracias, se vieron cabalmente representadas cuando se enfrentaron en La Bombonera en la primavera de 1943.
En 1954 se produjo la mayor afluencia de público a las canchas en toda la historia del fútbol argentino. Tras una larga época de vacas flacas, Boca se perfilaba para campeón y de hecho lo consiguió con cierta holgura. Su hinchada copó todos los estadios, batiendo récords de recaudaciones. Sin embargo, tanto en la primera como en la segunda vuelta, el clásico se resolvió a favor de River. A la inversa de lo sucedido un año antes, cuando River fue campeón, pero cayó ante Boca en sus dos duelos directos.
Para que la fiesta fuera completa también brilló el arquero de River, el eterno Amadeo Carrizo, que esa tarde se lució, no sólo bajo palos, sino que se dio el lujo de salir fuera del área a cortar un ataque y gambetear al ariete Pepino Borello, provocando el delirio y la sorpresa del público ante un suceso quizá nunca antes visto en Argentina.
River llevaba 15 años sin salir campeón y cargaba con pesar el mote de ‘gallinas’. Boca llegaba cómodo, sin urgencias tras ganar los torneos de 1969 y 1970. En nueve minutos, River se puso por delante con goles de Heber Mastrángelo y Óscar Mas. En el 13′, el árbitro Luis Pestarino pitó un penal que fue desaprovechado por Rubén Suñé ante el meta Perico Pérez. La mesa parecía servida para River, que no le daba respiro a Boca, que estaba para cualquier cosa y encima desperdiciaba un penalti. Sin embargo, y de forma increíble, Boca le dio la vuelta al marcador con dos goles de Mané Ponce y otro de Osvaldo Potente. Al descanso, Boca ganaba un partido que veinte minutos antes hubiera firmado no perder por goleada.
River llevaba 15 años sin salir campeón y cargaba con pesar el mote de ‘gallinas’. Boca llegaba cómodo, sin urgencias tras ganar los torneos de 1969 y 1970. En nueve minutos, River se puso por delante con goles de Heber Mastrángelo y Óscar Mas. En el 13′, el árbitro Luis Pestarino pitó un penal que fue desaprovechado por Rubén Suñé ante el meta Perico Pérez. La mesa parecía servida para River, que no le daba respiro a Boca, que estaba para cualquier cosa y encima desperdiciaba un penalti. Sin embargo, y de forma increíble, Boca le dio la vuelta al marcador con dos goles de Mané Ponce y otro de Osvaldo Potente. Al descanso, Boca ganaba un partido que veinte minutos antes hubiera firmado no perder por goleada.
Finalizado el Nacional de 1985, el presidente de AFA, Julio Grondona, dispuso un delirante cambio en la organización de los torneos: adaptar el calendario a la manera europea y disputar el campeonato entre dos años, algo que resulta arbitrario y ridículo en nuestras pampas. En 1986, y al finalizar la primera vuelta, River, dirigido por el ‘Bambino’ Veira, lideraba el torneo. Mientras tanto, Boca no terminaba de arrancar y su técnico, Alfredo Di Stéfano, decidía renunciar. A velocidad de crucero, River se encaramaba al título. Ya campeón, debía visitar La Bombonera. A Boca ya no le quedaba otro consuelo que ganar para salvar una temporada de pesadilla.
El árbitro Francisco Lamolina aceptó la propuesta, que también debía ser aprobada por River. Al preguntarle, Norberto Alonso, ídolo máximo del club, contestó: “A mí me da igual, de todos modos Gatti la va a tener que ir a buscar adentro”. Dicho y hecho. A los 23 minutos, el ‘Beto’ Alonso inauguraba el marcador para River. Gatti la fue a buscar adentro. El segundo tiempo se jugó con la Tango blanca, pero nada cambió. En el 83′, Alonso hizo el definitivo 0-2. River dio la vuelta olímpica en La Bombonera y fue un campeón que le sacó diez puntos de ventaja al segundo, algo jamás superado en un torneo profesional.
Para el Apertura 94 Américo Gallego asumió la dirección técnica de River, sustituyendo a Daniel Passarella. El ‘Kaiser’ había obtenido tres títulos con el equipo millonario en cuatro años y fue el escogido por la AFA para sustituir a Alfio Basile en el banquillo de la selección argentina tras el Mundial de 1994. Gallego, ex ayudante de Passarella, contó con la buena noticia del regreso al club de Enzo Francescoli. El uruguayo se convirtió en pieza clave y referente de un equipo lleno de jóvenes talentos que se fueron consolidando con el paso del torneo. En la vereda de enfrente, Boca, dirigido por César Menotti y pese a sus muchas contrataciones, arrancó perdiendo en su cancha frente a Banfield y sólo ganó un partido en las primeras seis jornadas, despidiéndose temprano de la lucha por el título.
“Si ellos ponen a Palermo en el banco yo pongo a Enzo [por Francescoli, ya retirado del fútbol], así que no hay problema”. Américo Rubén Gallego, entrenador de River, ironizaba intentando quitarle credibilidad a los rumores que había instalado Carlos Bianchi, técnico de Boca, sobre el regreso de Martín Palermo tras una complicada lesión de seis meses. Boca y River disputaban los cuartos de final de la Copa Libertadores. River había ganado 2 a 1 en el partido de ida, lo que le daba margen para afrontar la revancha en La Bombonera. Fue allí donde Bianchi decidió recurrir a la ‘acción psicológica’ y mandó a Palermo al banquillo a pesar de no estar recuperado. Boca marcó su primer gol en el minuto 60, pero aún necesitaba otro para evitar la tanda de penalties. A los 77′, Bianchi ordenó la salida al campo de Palermo. Pocas veces quedó tan claro lo que quiso decir Valdano con aquello del miedo escénico.
Los jugadores de River parecían paralizados. Antes del final, Boca definió el partido con un gol de penal de Riquelme.Ya en tiempo de descuento, Palermo, que jugaba a cámara lenta por sus problemas físicos, hizo el tercero. Boca acabó conquistando esa Libertadores en una final contra Palmeiras. Y además, también le ganó al Real Madrid en Japón con dos goles de Palermo, por supuesto.
Tiempos Modernos. Se juegan dos campeonatos por temporada. Sin la menor lógica, el que comienza en el segundo semestre se denomina Inicial y el que se juega a principios de año, Final. Hay dos campeones por año, a veces tres. Depende. Eso nunca está muy claro. “Después vemos” parece ser la consigna en la organización del fútbol argentino. A veces, descienden dos… otras, tres. Un año hay promociones, otro, no. “Todo pasa”, la frase impresa en el anillo de Julio Grondona, es el primer mandamiento de su extraña religión.
River y Boca se enfrentaron el 6 de octubre de 2013 en Núñez. Sin público visitante. Entrenados por Ramón Díaz y Carlos Bianchi, representantes de, como dice el tango, ‘el dolor de ya no ser…’. Ganó Boca 0 a 1 con gol de Gigliotti. El partido fue horrible. La única imagen rescatable, por la épica, fue la de los once boquenses festejando solitos contra el mundo. Parecido a Pelé y a Ardiles en Evasión o Victoria.
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El partido de 1962 tiene la descripción del de 1972, por lo que la segunda aparece repetida. También considero que deberían aparecer los últimos partidos entre ambos, especialmente los últimos cruces por Copa Libertadores y Copa Sudamericana. Cualquier reconstrucción de esta rivalidad está incompleta sin esos partidos.