Es zurdo, tiene 30 años, mide 188 centímetros, ha sido internacional en 49 ocasiones, esta temporada ha marcado 6 goles con el Arsenal. Todo eso son hechos concretos, precisos, definidos, tangibles, demostrables. Lo que no hay forma de medir es lo que ocurre con Mikel Merino cada vez que su seleccionador decide que ha llegado el momento de que ingrese al campo. Para entender qué pasa ahí, más que entrar a la Wikipedia, habría que pedirle cita a un médium. Minuto 86, España empata contra Bélgica con un pase a las semifinales de la Copa del Mundo en juego y el cuarto árbitro levanta el cartel luminoso con el ‘6’: bienvenidos al otro lado del Muro. Nos encanta hablar de fútbol pero el fútbol, francamente, está lleno de cosas que no tienen explicación: el idilio que tiene Merino con los tantos decisivos es una de ellas. Podemos hablar de oportunismo, de intuición, de posicionamiento, de olfato, pero aún así nos seguimos quedando demasiado lejos. Estamos ante un fenómeno paranormal, un jeroglífico irresoluble, un agujero negro, un misterio de dimensiones cósmicas. Ni poniéndote a escribir como Dostoyevski lo sacas. Con algunos jugadores sucede lo mismo que con los platos que cocina tu abuela: ni siguiendo paso a paso la receta conseguirías que te quedaran igual de buenos. Sepultada la razón, extraviado el manual de las instrucciones, no queda otra que aceptar que los milagros existen y disfrutar. Así cualquiera le hace frente a la incertidumbre. ¿Tienes miedo de quedarte sin Mundial? ¿Crees que ya se te ha acabado la suerte? ¿Ves el vaso siempre medio vacío? ¿Te gotea el grifo del baño? No te preocupes, amigo. Pon un Mikel Merino Zazón en tu vida y respira: todo va a solucionarse pronto.
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Fotografía de Getty Images.
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