Miradas

¿El trabajo es lo primero?

Hablé hace poco con un chaval que iba a dejar de hacer aquello que más le gustaba. Iba a dejar de jugar al fútbol. Pensé entonces en esa maldita lesión que llevaría años arrastrando. Pero qué va, nunca se había lesionado de gravedad. Lo dejaba porque había encontrado trabajo. El simple miedo a caer lesionado y perder su nuevo empleo le hizo desprenderse de lo que le hace feliz. 

¿Merecerá la pena ser tan responsable? Al fin y al cabo, en las empresas solo somos números. Si para tener que trabajar hay que rechazar ser feliz, a lo mejor lo que hay que dejar es el trabajo. Romantizar levantarse a las seis de la mañana y llegar a casa las ocho de la tarde, es como aplaudir la gran labor que hacía Pablo Ibañez en el Atlético y rajar de las pisadas de Riquelme. 

 

Romantizar levantarse a las seis de la mañana y llegar a casa las ocho de la tarde, es como aplaudir la gran labor que hacía Pablo Ibáñez en el Atlético y rajar de las pisadas de Riquelme

 

Desde que pusimos los pies en el suelo del colegio por primera vez, nos programaron para entrar dentro de un sistema donde la lista de cosas prioritarias ya estaba redactada. La vida de la mayoría de trabadores parece planificada por Rafa Benítez. Todo son tácticas para cumplir a rajatabla con la jornada laboral. Jornadas que duran más que aquel mítico partido entre el Stockport County y el Doncaster Rovers, cuando jugaron tres horas y 23 minutos en la North Cup de 1946. En Inglaterra entonces se jugaba “hasta que alguien ganara”. 

‘Mágico’ González no aceptó una oferta millonaria del fútbol italiano porque no iba a poder seguir comiendo ‘pescaito’ frito de Cádiz. Y Facundo Cabral, cantautor argentino, dio con la tecla cuando dijo: “Mira si será malo el trabajo, que deben pagarte para que lo hagas”. A lo mejor la clave está ahí, en invertir el orden de prioridades. Porque el fútbol no nos da ni nos dará de comer, pero como escribió el gran Enrique Ballester: no existe una frase más ultramaterialista que esa. ¿Solo pueden jugar los que viven de ello? Váyanse a la mierda.

 


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Fotografía de Getty Images.

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Emilio Valenzuela

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