¿Qué pasaría si a los futbolistas les diera por transmitir mensajes secretos a través de su recorrido sobre el césped?
El fútbol se convierte en un refugio de la imaginación que nos permite mirar más allá del encierro.
Imaginamos qué pueden pensar, si acaso piensan, aquellos que profieren gritos racistas en los estadios.
Un día comprenderemos que Lionel Messi tuvo el don de atravesar la materia.
Fue uno de los mejores delanteros del mundo en los años 90.
Himno sagrado, embriagadora letanía, liturgia que convoca, canto de todos y de nadie.
Recordar cómo jugábamos a las chapas es recordar la historia de una generación.
El día que Leo lo deje, ese maldito día, todos aprenderemos a morir un poco.