Todos los partidos de casa y todos los de fuera. José María no se perdió ningún encuentro del Albacete Balompié
Todos los partidos de casa y todos los de fuera. José María no se perdió ningún encuentro del Albacete Balompié
En lo deportivo no había nada en juego más allá de terminar la temporada con la mejor sensación posible. En el Municipal Alfonso Murube, el Ceuta derrotó por la mínima al Albacete Balompié, un 1-0 que mandaba a los dos conjuntos de vacaciones con la tranquilidad que da la media tabla. Intrascendente para muchos, pero no para José María Andújar, de 31 años, que desde la grada visitante sellaba un hito difícilmente superable: estar presente en los 42 encuentros de liga que su equipo había disputado esa temporada.
“Empecé como abonado en la 2014-15. Soy de un pueblo de Cuenca pegado a la provincia de Albacete, a un poco más de media hora del estadio. Empecé a ir a los partidos de casa y a los de fuera. El primer año, fui a un desplazamiento; el segundo ya fueron dos o tres”, empieza contando José María, que el curso anterior al récord ya había estado en 13 de los 21 viajes de su equipo. Cuando empezó la 2025-26, ya tenía el pleno entre ceja y ceja, aunque sin presión. “Sabía que iba a ser difícil, aunque lo tenía en mente. Te puede surgir cualquier imprevisto. Lo veía factible, pero no estuve seguro hasta que pude lograrlo”, expresa. Todo tiene que salir rodado para poder completar una empresa de tal calibre. Esta campaña, sin ir más lejos, ya se perdió el primer encuentro, en Las Palmas, por las dificultades de viajar en plenas vacaciones y con precios de agosto.
José María, que prácticamente nunca se desplaza solo, sí tuvo que ir por su cuenta hasta Ceuta. Allí, sin embargo, se encontró con personas conocidas que comparten su sentimiento. Son relaciones que ha ido tejiendo de viaje en viaje. El Albacete, además, se puede enorgullecer de estar siempre acompañado. “Fuera de casa, vayas a donde vayas, siempre hay gente. En León, jugamos un lunes que no era festivo, y allí nos juntamos unos 50”, recuerda. Es solo una de las decenas de historias que puede contar. El fútbol, ya se sabe, ayuda a ejercitar la memoria. Cada viaje, cada gol, cada momento compartido con propios y extraños, queda guardado como un pequeño tesoro. “Mi primer desplazamiento con el equipo fue en 2015. Jugamos en Zaragoza, y perdimos 3-1. Curiosamente, Jesús Vallejo [hoy en el Albacete] hizo un penalti”, relata, al tiempo que exhibe su conocimiento enciclopédico del club manchego, al que espera “ver algún día en Primera”.
A medida que iba completando el pleno de partidos del pasado curso, algunos amigos le insinuaban que el Albacete iba a tener que obsequiarle con el abono de la siguiente temporada. Qué menos
ABONADO EJEMPLAR
A medida que iba completando el pleno de partidos del pasado curso, algunos amigos le insinuaban que el Albacete iba a tener que obsequiarle con el abono de la siguiente temporada. Qué menos. “Pero yo les decía que el club no estaba obligado a hacer algo así”, aclara. En la entidad decidieron dar el paso y regalarle el carnet como premio a una fidelidad sin precedentes. “Es un gran detalle y se lo agradezco”, expresa José María, que, ya sin posibilidades de repetir la hazaña, seguirá viviendo el juego como a él le gusta, sin presión, atendiendo a las tradiciones que dan sentido a este deporte: la previa en el bar de siempre, con los de siempre, para comentar el partido antes de desfilar hacia el Carlos Belmonte. Y, lejos de Albacete, el coche compartido, el autobús de la peña y el buen ambiente con los rivales. Solía, de hecho, coleccionar bufandas de los contrincantes. “Lo dejé porque ya tenía demasiadas”, reconoce. Hoy, años después, se contenta con acumular recuerdos felices.
A medida que iba completando el pleno de partidos del pasado curso, algunos amigos le insinuaban que el Albacete iba a tener que obsequiarle con el abono de la siguiente temporada. Qué menos. “Pero yo les decía que el club no estaba obligado a hacer algo así”, aclara. En la entidad decidieron dar el paso y regalarle el carnet como premio a una fidelidad sin precedentes. “Es un gran detalle y se lo agradezco”, expresa José María, que, ya sin posibilidades de repetir la hazaña, seguirá viviendo el juego como a él le gusta, sin presión, atendiendo a las tradiciones que dan sentido a este deporte: la previa en el bar de siempre, con los de siempre, para comentar el partido antes de desfilar hacia el Carlos Belmonte. Y, lejos de Albacete, el coche compartido, el autobús de la peña y el buen ambiente con los rivales. Solía, de hecho, coleccionar bufandas de los contrincantes. “Lo dejé porque ya tenía demasiadas”, reconoce. Hoy, años después, se contenta con acumular recuerdos felices.
Ilustración de Marc GS / @marc.gs



