Uno imagina fiordos salvajes, ventiscas y soledad, mucha soledad; un territorio tan extenso como inhóspito; una belleza misteriosa que las auroras boreales y el sol de medianoche salpican de magia. Uno imagina muchas cosas cuando piensa en el Círculo Polar Ártico pero definitivamente el fútbol no está entre ellas. Hasta este 22 de noviembre del muy extraño 2020: ha llegado el día en que un equipo situado al norte de esa frontera geográfica puede proclamarse campeón de una liga nacional de primera división. El Bodø/Glimt tiene 104 años de historia, y la mitad de ellos los pasó sometido a la discriminación de la federación noruega. Desde hace unos meses, en cambio, constituye el gran fenómeno del fútbol escandinavo. Como afirmó entre lágrimas el portero del Aalesund tras encajar un 7-0, “puede que sea el mejor equipo de la historia de Noruega”. En su camino hacia la primera liga del club (y de la región), el Bodø/Glimt ha ido machacando rivales y récords mientras perfeccionaba la versión nórdica del heavy metal de Jürgen Klopp. Desde Panenka al New York Times, varios medios internacionales han vuelto su mirada a este pequeño club de una pequeña ciudad de una pequeña nación futbolística. La paradójico es que todo el mundo hable del equipo la temporada en que casi nadie ha podido ir a verlo.

La liga noruega se celebra durante el año natural, de marzo a octubre, para esquivar los rigores del invierno. Cuando la presente campaña pudo arrancar, en junio, la primera ola de la pandemia de coronavirus ya había remitido. Sin embargo, las autoridades no permitieron aforos de más de 600 espectadores, y en las últimas jornadas se limitaron a apenas 200. Lo cual ha agudizado el ingenio entre los 50.000 habitantes de Bodø, ciudad costera a 16 horas de carretera al norte de Oslo. Allí se combate el frío polar —temperaturas medias bajo cero cuatro meses al año- con la pasión por el equipo de fútbol local. En verano unos cuantos seguidores alquilaron una grúa, la aparcaron detrás de uno de los fondos del modesto Aspmyra Stadion y subieron una plataforma a varios metros de altura para seguir los partidos. La multa que recibió el club obligó a clausurar el primer palco pendular del fútbol mundial, pero no apaciguó las ansias de sus hinchas. En las últimas jornadas, los más impulsivos han apostado por una solución ‘tradicional’: encaramarse a un edificio colindante desde cuyas escaleras de incendios se contempla el terreno de juego.


Ulrik Saltnes y Kjetil Knutsen, capitán y entrenador del Bodø

“Es una ciudad pequeña, muy al norte y fría, y no hay mucho que hacer allí”, resume el internacional andorrano Marc Vales, jugador del Sandefjord, también en la Eliteserien noruega. En verano los turistas buscan en la zona el sol de medianoche, pero en invierno se vive el fenómeno contrario, con pocas horas de luz al día. “Para un futbolista, entre jugar allí o firmar por un club de Oslo… pues no había color. Pero ahora han roto ese handicap gracias a su academia, y de qué manera: ha sido una de las temporadas con el campeón mas temprano”. Efectivamente, los números del grupo entrenado por Kjetil Knutsen intimidan: en 24 jornadas ha logrado 21 victorias (por una sola derrota) gracias a sus 83 goles a favor. Y todo con un presupuesto muy alejado del de Rosenborg, Molde o Valerenga, las mayores instituciones de aquel fútbol. Según la web de referencia Transfermarkt, el Bodø/Glimt ha gastado unos 2 millones de euros en fichajes. ¿En el último mercado? No, en las dos últimas décadas.

La discriminación del norte

En una ciudad remota un modesto club, que en 2017 bajó a segunda división, es capaz tres años después de pasarle la mano por la cara a la aristocracia futbolística de todo un país. El mito del underdog campeón adquiere en esta orilla del Atlántico Norte ribetes de gesta particular. A diferencia de Leicester, aquí no hay un millonario -ni extranjero ni local- que atraiga talento a golpe de talonario. “Han apostado por formar futbolistas desde las categorías inferiores y luego traspasarlos, y de momento les está dando un resultado espectacular”, analiza Vales. Tiene su mérito porque Bodø se encuentra en una de las regiones más despobladas de Europa, Nord Norge, con cuatro habitantes por kilómetro cuadrado. Su alejamiento del centro futbolístico más cercano (Trondheim, 700 kilómetros al sur) y la dureza del clima dentro del Círculo Polar explican por qué la Federación estatal consideró durante décadas a esas tierras como una estepa yerma de fútbol. Hasta 1963 los clubes del norte no pudieron disputar la copa noruega -solo su propia versión regional- y hasta 1979 no lograron equipararse con el resto a la hora de acceder a la primera división. Desde entonces apenas se han asomado tres equipos norteños: el Tromso, el Mjølner y el propio Bodø. Ninguno de ellos la ha ganado. Los 16 clubes campeones en la historia del fútbol noruego proceden del centro y sur del país, donde reside el 92 por ciento de su población.

Sucede que este año el Bodø es el único representante del fútbol del Círculo Polar no ya en la Eliteserien noruega sino en cualquier campeonato profesional. El Ostersunds sueco y el Rovaniemi finlandés no andan lejos, especialmente este último puesto que la ‘ciudad de Santa Claus’ queda seis kilómetros al sur del límite ártico. Pero solo el Bodø/Glimt juega estrictamente dentro del Círculo. Así, cuando los de Knutsen se proclamen campeones lo harán retando a la geografía y también a la historia: nunca un equipo tan septentrional ganó una liga nacional en el mundo. La anterior plusmarca le correspondía al KA Akureyri islandés desde que en 1989 lograra su único título.

Todo queda en familia

Hoy ocho futbolistas de la primera plantilla del Bodø proceden de Nord Norge, esa región que agrupa a los 480.000 habitantes del Circulo Polar noruego. Entre ellos destacan el capitán, Ulrik Saltnes, o el extremo Jens Peter Hauge, quienes ya guiaron la temporada pasada al equipo a un histórico subcampeonato. Gracias a ese logro disputan este otoño la fase de grupos de la Europa League, un escaparate de primer orden para sus jugadores. Tras enfrentarse al Milan en San Siro (3-2) pocos días antes del cierre de mercado, la entidad rossonera decidió desembolsar cinco millones de euros a cambio del joven Hauge, de 21 años. “Sin embargo, yo me quedo con Patrick Berg, un mediocentro posicional con muchísima calidad que acaba de debutar con la selección noruega”, apunta Marc Vales. Berg no solo nació en Bodø. También desciende de una estirpe de futbolistas del club en la que figuran su padre, sus dos tíos, su abuelo y su tío abuelo. Por su parte, el lateral izquierdo, Frederik André Bjørkan, es hijo del director deportivo. La ciudad es tan pequeña que los vínculos dentro del club muchas veces resultan una cuestión literalmente familiar.

Aasmund Bjorkan, director deportivo del equipo

Antes de ocupar el cargo de mánager, Aasmund Bjørkan fue primero jugador y luego entrenador del Bodø/Glimt. Hasta que en 2016 el equipo descendió a segunda división bajo sus órdenes y tuvo una revelación: si lograba el ascenso en solo un año dejaría los banquillos. Lo logró, pasó a ser director deportivo y nombró a Kjetil Knutsen, su segundo, para sucederle. Knutsen, que carecía de experiencia como primer entrenador, se enteró al día siguiente cuando abrió el periódico. Rápidamente concretaron un plan de viabilidad -basado en consolidar su cantera regional- y apostaron por un modelo de juego. “Aquí tienen mucha cultura de la Premier League”, apunta Marc Vales. “El Bodø practica un fútbol total, ofensivo, muy vertical y vertiginoso, y en cuanto a propuesta parece un reflejo claro del Liverpool de Klopp”. Así llegaron un 11º puesto en su regreso a la élite, el subcampeonato un año después y el título esta temporada. “A veces presionamos de forma tan continuada e insistente que los rivales parecen no saber dónde mirar”, ha resumido el portero neerlandés Joshua Smits, uno de los pocos extranjeros del vestuario.

Lecciones de la guerra de Afganistán

En el proceso, además, se han incorporado elementos de mejora: nutrición, condición física, medicina deportiva… Lo habitual en cualquier club de elite europeo. En cambio, resulta menos usual recurrir al mindfulness , una corriente que propugna enfocar la atención en lo que se percibe, sin preocuparse por los problemas, por sus causas o consecuencias, ni buscar soluciones. Como explicó la Gazzetta dello Sport, el Bodø cuenta con un ex piloto militar, Bjørn Mannsverk, veterano de la guerra de Afganistán sin ningún conocimiento futbolístico, para implementar nuevos marcos mentales junto a los futbolistas. Así, Mannsverk mantiene charlas individuales y grupales, dirige sesiones de meditación antes de los entrenos y propone tareas a los jugadores para realizar en casa, siempre de forma voluntaria. Aunque quizá su mayor aportación pase por sustituir el viejo enfoque del fútbol, centrado en los resultados, por otro basado en el rendimiento. “Focalizarse en los resultados genera un montón de estrés, pero hacerlo en el rendimiento constituye un proceso muy creativo”, ha declarado. Ulrik Saltnes, el capitán del conjunto, también recuerda cómo hace un año, durante la pretemporada del equipo en la Costa del Sol, Mannsverk propuso desterrar los objetivos: “nos deshicimos de todas esas historias. No tenemos metas a largo plazo, solo nos centramos en rendir al máximo en el siguiente partido”. Saltnes es uno de los más beneficiados por ese enfoque. En 2017 la presión por devolver el club de su ciudad a primera división le generó tanta tensión que los nervios le atenazaban el estómago antes de cada encuentro. Llegó a plantearse dejar el deporte. Ahora, como capitán, está a punto de levantar el campeonato de un país cuyo fútbol reclama atención internacional gracias a los sprints robóticos de Erling Braut Håland o los delicados pases de Martin Ødegaard.

Un equipo que de forma brillante consigue su primera liga, la más septentrional de la historia del fútbol. Una ciudad orgullosa que no se resiste a abandonar a sus jugadores por culpa de la pandemia. Un club peculiar que apuesta por la cantera en una región despoblada, e innova gracias a las lecciones de mindfulness de un militar. Uno imagina muchas cosas cuando piensa en el Círculo Polar Ártico. A partir de hoy, gracias a la gesta del Bodø/Glimt, el fútbol también estará entre ellas.