Vivimos en una época extraña. Vemos con mayor normalidad que un periodista diga de qué equipo es, a que lo haga un futbolista. Como si cada uno de los jugadores no fuera fan de ningún conjunto. Claro que sienten unos colores, aunque después sea otro quien les dé de comer. La gran mayoría lo esconden por no meterse en ningún lío, algo lógico. Pero la vida da muchas vueltas, y quizá uno termine jugando para el escudo que siempre odió. No habrán sido ni pocos los casos así. Hoy estás besando un escudo en Florencia, y mañana otro diferente en Guangzhou.

Además, cada vez se está alejando más al aficionado del césped. Parece que la única fórmula que tienen los hinchas de sentirse cercanos a sus ídolos es mediante las redes sociales. Y a veces ni eso. Las entradas cada año son más caras, los desplazamientos en masa parecen propios de otra época e incluso los cánticos tienen su correspondiente multa. Y qué decir de los estadios, con ese aspecto futurista que rompe con el molde tradicional. Es evidente que el fútbol ha cambiado. Desde el jardinero al jugador, pasando por ese fan que va todos los domingos a su asiento. Nos gustará más o menos, posiblemente esto segundo, pero estamos ante una nueva realidad.

 


 

Para acercarnos más a este asunto, hemos podido hablar con José García. Seguro que a usted le suena el nombre de este futbolista. Más allá de haber sido imagen del programa de televisión El Día Después, defendió durante algunas temporadas los colores del Club Atlético Osasuna. Creció allí, debutó en Primera División con 16 años, vivió la casi desaparición de la entidad y disfrutó de un ascenso a la máxima categoría. Después descorchó una nueva etapa en el Club Deportivo Alcoyano. José es un futbolista atípico. No siente vergüenza a la hora de hablar de sus colores, y no se esconde.

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Lo primero de todo, ¿qué tal está en Alcoy?

Al principio tenía miedo de salir de casa siendo tan joven. Era la primera vez que me alejaba de mi familia, amigos y entorno. Pero aquí estoy, un club muy familiar y cercano. Han estado encima de mí sabiendo que soy joven. Tanto los directivos como el cuerpo técnico y los compañeros hacen que esté arropado. Creo que es la mejor decisión que he tomado en estos tres años que llevaba sin contar con muchos minutos. La afición agradece mi esfuerzo en el campo.

¿Al ser un club familiar, nota más el cariño del público?

Aquí en Alcoy se vive el fútbol tan fuerte como en Osasuna. Pero claro, en su masa social se nota que es un club de Segunda B. De todas formas, es similar a la de Osasuna porque te exigen. Quieren lo mejor para el club y en ese aspecto es una afición profesional.

¿Cree que ese romanticismo futbolístico tan solo existe en categorías inferiores a la Primera o Segunda División?

Es posible. Cuando estás en Primera o Segunda todo es diferente. Por ejemplo, hay partidos a los que vas al campo escoltado. Existe ese peligro de que al jugador le ocurra algo, de que a algún tipo le dé por liarla. Aquí, en el Alcoyano, se desplazaron tres autobuses hasta Valencia para animarnos. Y eso dice mucho de un equipo que está en Segunda B.

De todas formas, parece que cada vez interesa menos el papel del aficionado para el negocio del fútbol. ¿cómo lo ve usted?

Lo veo mal. Con la crisis la gente se limita a no gastarse dinero en el fútbol, ya sea porque tienen que dar de comer a sus familias o los jóvenes deben estudiar. Yo tengo amigos que se querían desplazar a verme jugar y el dinero les impedía hacerlo. En ese aspecto en Alemania nos pasan por encima. Suelo leer y ver vídeos sobre fútbol alemán, y allí se respeta mucho más al aficionado. Nuestra liga es mejor a nivel futbolístico, pero a nivel de fans la suya es superior. Ya sea por el bajo coste de sus entradas o demás aspectos.

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Osasuna, por ejemplo, ha resurgido en gran medida gracias a su masa social. Quizá la afición sea más necesaria de la que los dirigentes creen, ¿no?

He vivido dos años en Segunda. Uno de ellos nos salvamos en el último minuto, pudiendo desaparecer, y en este último ascendimos a Primera División. Los días de partido, el aficionado rojillo venía incluso más en el año de la agónica salvación. Estaban muy encima, incluso haciendo desplazamientos largos. Sobre todo recuerdo uno. Jugábamos en Albacete, y las cosas no nos iban bien, y hasta allí fueron 25 personas. Sí, vale, solo son 25 personas, pero todas ellas se comieron un viaje de muchas horas. La afición de Osasuna es impresionante. El club debería apoyar más a la gente, y devolverles ese cariño de alguna manera.

Cada vez es más difícil la relación hincha-jugador, hay mil filtros de por medio. ¿Cómo manejáis eso los futbolistas? ¿Os gustaría sentiros más cercanos a la afición?

En ese aspecto nunca he tenido vergüenza o límite a la hora de mostrar mi apoyo. Tuve mi época en la que me pasaba por el Sadar para animar, porque Osasuna es mi equipo. Como jugador tengo amigos que son parte de su afición. Les apoyo. Me gusta su manera de pensar y animar, incluso cuando las cosas van mal. Yo no tengo ningún problema. Recuerdo que en un partido me subí a la grada y cogí el micrófono junto a otro compañero, quería sentir en primera persona ese apoyo. Pero esto también ocurre en otros sitios, por ejemplo en el Bayern de Múnich.

 

“Ahora todo consiste en ir al estadio para comer pipas, aplaudir y poco más”

 

¿Qué se podría hacer para acercar al aficionado al césped?

Es complicado. El fútbol moderno está limitando mucho a los aficionados, incluso la Liga prohíbe a las hinchadas gritar cánticos. Los insultos están desapareciendo. A mí como jugador me gusta ir a un estadio y que me piten, si tú vas a un campo te tienen que pitar. Son cosas del fútbol, como cuando te llaman “hijo de puta”. No es agradable, pero entiendo que es algo de este deporte. Ahora todo consiste en ir al estadio para comer pipas, aplaudir y poco más. Eso no me gusta nada.

¿Y usted qué prefiere?

A mí lo que me gusta es ir a otro estadio y que se note que no estoy en casa. Si hago las cosas bien que me silben, y que estén animando al local. A los propios jugadores también se les amenaza para que no apoyen a sus propios aficionados.

Por último. ¿Cree que los futbolistas deben sentir los colores, o simplemente se deben al club que les paga?

El fútbol no es como otro trabajo cualquiera, pero quizá en ese aspecto sí. Muchos son los que se tienen que ir a vivir fuera, a buscar su sitio y a ganar dinero. En mi caso da igual en qué equipo juegue, siempre voy a tener a Osasuna en mi corazón. Veo sus partidos, sigo la actualidad y pregunto por los resultados. Da igual dónde esté, sigo sintiendo sus colores y soy un rojillo más. Por varias circunstancias he tenido que salir del club, y ahora soy feliz en el Alcoyano. Su afición es muy buena y están con nosotros.

 


 

Otros casos

Al igual que José García, son varios los futbolistas que han pasado de animar en la grada a jugar sobre el verde. Pero quizá el más sonado seas Francesco Totti. Tan solo con dar un paseo por Roma y ver las pintadas que hay en su nombre, es suficiente para comprender que es el auténtico jefe de la ciudad.Con De Rossi sucede algo parecido, aunque en menor medida. Otro tipo de comunión entre futbolista e hinchada, es la política. Aquí volvemos a acudir al Calcio. Qué diferentes y a la vez iguales han sido Paolo Di Canio y Cristiano Lucarelli. Para sus dos aficiones, Lazio y Livorno, eran algo más que dos futbolistas. Era ver sus ideales políticos y sociales dándole la patada al balón que ellos no podían desde la grada. Para la corriente fascista y comunista son dos figuras que transcienden lo futbolístico. Hasta Mauro Zárate se subió con los Irriducibili para ver desde allí un partido.

Aquí en España el papel del hincha es muy diferente del que podemos ver en Italia. Por ejemplo, suele ser habitual que los ultras del Calcio tengan la capacidad de detener un partido cuando ellos quieran. Hay unos cuantos episodios de este estilo. Esto no sucede en la liga española. El poder que ellos poseen sobre sus clubes es, aún hoy, enorme. Pero al igual que Zárate con la Lazio, también hemos visto a algún futbolista ver un encuentro desde la grada. Es el caso de Paolo Futre y el Atlético de Madrid. Han pasado ya muchos años desde que colgara las botas, pero todavía la afición colchonera le guarda cariño al portugués. Quizá uno de los últimos jugadores que ha sido relacionado con un sector de la grada haya sido Joan Capdevila. Su paso por el Dépor le hizo ser un hincha deportivista más.