Es un ejemplo de resiliencia. De humildad. De constancia. De perseverancia. De superación. Pero Kike Barja (Noáin, Navarra; 1997) lo niega. Lo niega todo, como Joaquín Sabina. Y durante los más de 140 minutos que dura la conversación, repite una infinidad de veces, cerca de 50, que él solo es un afortunado y un privilegiado. Se le caen de los bolsillos, también, los joder; como a todas aquellas personas a las que cuando les salen bien las cosas son incapaces de contener la alegría que sienten y el entusiasmo que corre por sus venas.

En un solo curso, se ha roto los cruzados y ha sufrido una apendicitis y una lesión muscular en el encuentro de su vuelta al verde, aunque este último contratiempo ni siquiera importó porque llegó el coronavirus para escribir el penúltimo capítulo de esta surrealista historia. Pero Barja, un atacante tan enérgico e incansable sobre el césped como pausado fuera de él, sonríe, tan feliz como siempre. El ’19’, un extremo diferente, de los que viven en la línea, y de los que hoy tanto escasean en este fútbol tan milimetrado, disfruta de su pasión en el equipo de su vida, junto a su familia, a sus amigos y a su afición; y, mientras se pregunta qué más puede pedir, responde a la llamada de Panenka desde la habitación en la que ha vivido siempre. Algunas fotos de exjugadores de Osasuna, como Josetxo o Iñaki Muñoz, colgadas en un viejo corcho y un sinfín de medallas y copas decoran las paredes de la estancia en la que Barja tantas noches fantaseó con corretear por El Sadar. “Tendría que hacer un poco de limpieza. Pero, de vez en cuando, me gusta echar un ojo a todas estas cosas que tengo aquí. Me veo ahí, de niño, y me digo: ‘Joder, chaval, si pudieras llegar a imaginarte todo lo que vas a vivir y hasta dónde vas a llegar…'”, arranca Kike.

Ha vuelto el fútbol.

Sí, por fin. En los primeros días del confinamiento estaba como loco por volver, porque se retomara cuanto antes la competición, y se pudiera acabar la liga, pero, más adelante, tuve un momento durante la cuarentena en el que mi opinión cambió radicalmente. Veía la situación de España, con tantos muertos y con tantos contagios, y con los hospitales saturadísimos, y creía que la mejor opción era suspender la temporada para que así se dejara de hablar de fútbol. Porque en muchos sitios y medios se hablaba de fútbol cuando lo importante era lo que estaba pasando a raíz del coronavirus, y todo el dolor que estaba causando.

Tenía muchas ganas de jugar, porque es lo que nos gusta, pero tenía muchísimas dudas sobre si era correcto o no que se retomara el fútbol. Se hablaba mucho de fútbol y de fechas, y me decía: ‘Joder, estamos aquí pensando en el fútbol cuando hay cosas que están muy por encima. Hay gente que se está dejando la vida literalmente por nosotros, y nosotros solo estamos pensando en jugar’. Parecía fundamental que volviera el fútbol, pero hay cosas que están muy por encima. En aquellos días lo importante era lo que era, y me parecía incluso frívolo, hasta inhumano, que se hablara tanto de cuándo regresaría el fútbol. 

La situación ha mejorado mucho, y todo está más controlado. Se han reducido mucho las cifras de contagios y muertes, aunque no debemos olvidar que una sola muerte ya es un hecho trágico, y, viendo los números, ahora no me parece precipitado que el fútbol, al igual que muchas otras cosas, se haya retomado poco a poco, y con medidas para garantizar la seguridad de todos. Es muy diferente, y va a ser muy diferente durante un tiempo, y tenemos que adaptarnos a muchas cosas, pero todos los trabajadores de todos los oficios del mundo van a tener que hacerlo y nosotros no somos menos.

¿Qué sentiste cuando pudiste volver a tocar el balón?

Puede parecer una chorrada, pero, aunque antes no le dábamos tanta importancia, la verdad es que volver a sentir la sensación de volver chutar a portería, de volver a ver la pelota entrar en la portería, fue más que increíble. Los primeros días parecíamos niños cuando íbamos a entrenar. La felicidad está en las pequeñas cosas. En los pequeños detalles. En las tonterías que te hacen estar contento. En estos tres meses la gente ha tenido mucho tiempo para pensar, y creo que ahora valoramos mucho cosas que antes apenas valorábamos, como quedar para tomar algo con unos amigos o estar con la familia. Estar con gente. Todos queríamos volver a jugar e irnos de vacaciones, pero creo que ahora mismo la gente con estos simples detalles es muchísimo más feliz que cuando hace cinco o seis meses te podías ir a cualquier lado del mundo. Todo esto habrá venido bien para ver, para entender, lo que es lo realmente importante: las personas.

 

“La felicidad está en las pequeñas cosas. En los pequeños detalles. En las tonterías, y todo esto habrá venido bien para ver lo que es lo realmente importante: las personas”

 

Ahora que parece que todo va relajándose, ¿qué le dirías a la gente?

Que, más allá del trabajo o la posición social de cada uno, es fundamental e imprescindible que tengamos más empatía y que seamos más solidarios. Porque a veces me parece que nos cuesta mucho ponernos en el lugar del otro, y que tan solo miramos nuestro ombligo. Sobre todo nosotros, los futbolistas, que vivimos en una posición súper privilegiada, ultra privilegiada, y que tenemos unas facilidades que a veces son hasta injustas, como, por ejemplo, con el caso de los tests de coronavirus. Tenemos que fomentar mucho la empatía. Tenemos que entender que los médicos y los sanitarios, que muchas veces tienen unos sueldos precarios, son los que han sacado el país adelante. O los transportistas, los trabajadores de supermercados y mucha otra gente que, sin poder pasar tantos tests, ha seguido trabajando y jugándose la vida.

De toda esa gente nadie se acuerda nunca. Y ahora eran súper importantes. Está bien, pero son fundamentales siempre, así que espero que todo esta haya servido para que la gente abra los ojos y se dé cuenta de cuáles son las profesiones realmente importantes. Está claro que los deportistas tenemos una función de ocio, de entretenimiento, muy, muy importante. Que somos necesarios para que la gente pueda desconectar, e ir a los campos a divertirse y a olvidarse de otras cosas por un rato. Pero todos, y sobre todo nosotros, debemos ser conscientes de que somos unos auténticos privilegiados, de que tenemos el foco siempre sobre nosotros, y tenemos que acordarnos de toda esta gente. E intentar fomentar que este país invierta más en sanidad pública y en ciencia. Porque ahora todos dependemos de que los científicos encuentren una vacuna y de que los sanitarios nos cuiden, pero ¿cuánto invertimos como país en eso? La gente tiene que abrir los ojos en este aspecto, y ver que recortar en este ámbito como ha sucedido en los últimos años ha generado que hayamos pasado esta situación como la hemos pasado.

La sanidad de este país necesita menos aplausos y más recursos, quizás.

Aplaudirles era una forma de homenajearles, pero en cuanto todo esto termine, que ahora no es el momento, debería haber manifestaciones por todo el país para reivindicar todas esas profesiones, que son las que nos han salvado y las que nos van a salvar. Para reivindicar sus derechos, que se les den recursos acordes a lo que necesitan y a lo que merecen.

 

“Los médicos, los sanitarios los transportistas y los trabajadores de supermercados son los que han sacado el país adelante, y espero que todo esta haya servido para que la gente se dé cuenta de cuáles son las profesiones realmente importantes”

 

En tiempos de individualismo, ha sido un reto colectivo.

Vivimos en una sociedad súper individualista, súper competitiva, y en la que siempre prima el mirar por uno mismo, el ganar más dinero. Está bien tener siempre la ambición de querer mejorar y crecer, que en nuestro mundo, por ejemplo, es imprescindible, pero también debemos mirar y ayudar al de al lado, e intentar que todo sea lo más justo posible. Todos somos personas, y hemos visto que da igual en qué trabajas, cuánto ganas y quién eres porque este tipo de cosas afectan a todo el mundo por igual. Ha sido una buena forma de entender que aquí todo el mundo es importante, y de que tenemos que trabajar en equipo en todo. Esa es una de las claves de todo. Porque, tal y como hemos visto, que todo vaya bien depende de todos.

En el plano personal, ¿cómo has vivido esos tres largos meses?

Con altibajos, como todo el mundo. Al principio me preocupé bastante, porque era muy consciente de que esto iba para largo, de que no iban a ser solo dos semanas. La primera semana estuve dándole vueltas a todo, comiéndome la cabeza sobre qué iba a pasar con los exámenes y con la Liga, sobre cuándo iba a poder volver a ver a mis amigos. Pero luego cambié el chip, y estuve bastante bien hasta las dos últimas semanas, que se hicieron muy largas porque ya lo veíamos muy cerca.

He estado bastante entretenido con los entrenos que nos mandaba el club, y que algún día complementaba bajando al patio a hacer pases contra la pared, que el vecino debió acabar frito porque se me ha caído bastantes veces en su casa, y con la carrera. Antes estudiaba trabajo social, pero no tenía muchas opciones de asistir a clase y lo acabé dejando, y ahora estoy haciendo ciencias de la actividad física y del deporte en una universidad a distancia, y la verdad es que me gusta muchísimo. Me permite desconectar del fútbol, y mantener la mente abierta. Cuando llegué al filial vi que iba a pelear por llegar a ser profesional, pero siempre quise seguir estudiando. Porque por mucho que pueda jugar en el fútbol profesional, la mayor parte de los jugadores que lo consiguen no pueden vivir el resto de su vida sin dar un palo al agua y sin trabajar. Por mucho que pueda vivir de esto muchos años, sé que luego voy a tener que trabajar de algo diferente. E incluso aunque tuviera la suerte de ganar tantísimo dinero como para no tener que trabajar nunca, me gustaría hacerlo, y me gusta estudiar, porque es muy enriquecedor.

Además, he tenido la suerte de vivir todo esto en mi casa, junto a mis padres y mi hermana, con la que los fines de semana veíamos películas mientras comíamos pizza. Llevaba varios años viviendo fuera y ha vuelto ahora, que justo estaba terminando su doctorado en Biología. Su idea era irse a Australia por temas laborales, porque, como tantos otros científicos súper formados y súper capacitados de este país, aquí no ha hallado ni recursos ni oportunidades, pero ahora todo ha quedado parado. A mi otra hermana, que también estudió la carrera de trabajo social, todo esto la ha cogido acabando un voluntariado en Italia, aunque por suerte está en una ciudad bastante pequeña y muy tranquila.

 

“Aquí yo soy muy feliz. Y la felicidad está por encima del dinero, de los títulos, de la repercusión o de jugar en un club mejor. La felicidad está por encima de todo”

 

Los futbolistas, en definitiva, son personas que sufren los mismos dramas que los demás.

Yo soy el primero de ser consciente de que soy un súper privilegiado, y de que tengo muchísimas facilidades, pero a veces la gente se olvida de que también somos personas y de que tenemos sentimientos. Sorprende mucho porque lo que ves en la tele o en las redes quizás te invita a pensar lo contrario, pero aquí la gente es mucho más normal de lo que parece. A veces parece que estamos en una burbuja, que vivimos lejos de la sociedad o en otro mundo, que somos extraterrestres, personas inalcanzables, pero a los futbolistas, o, al menos, a la mayor parte de los futbolistas, también nos importan las cosas de verdad y sabemos lo que sucede en la sociedad. Está claro, clarísimo, que somos unos privilegiados, pero somos personas súper normales.

Todos hemos soñado mucho durante el confinamiento, pero ¿con qué sueña hoy Kike Barja?

Todos los niños, de pequeños, sueñan con jugar en Primera, y yo he logrado llegar hasta aquí con el equipo de mi ciudad. Con el equipo de mi vida. Mi sueño, ahora mismo, es poder mantenerme muchísimos años en Primera, y ojalá sea siempre con Osasuna. Porque jugar aquí, en El Sadar, me hace súper feliz. Y porque no podría ser más feliz en ningún otro lugar. Mi sueño es jugar toda la vida en Osasuna. Acabo de renovar mi contrato hasta el 2023, y voy a pelear para estar siempre aquí. Porque vivir toda mi carrera aquí sería como cerrar el círculo, como acabar la historia que empecé a escribir con solo ocho años. No sé lo que me va a deparar el futuro, ni si mañana estaré aquí, y a veces parece que los futbolistas tenemos que medir siempre nuestras palabras, pero mi gran deseo es jugar toda mi vida aquí. Porque tengo la suerte de estar donde quiero estar, y con toda la gente a la que quiero. Y porque aquí soy muy feliz. Y la felicidad está por encima del dinero, de los títulos, de la repercusión o de jugar en un club mejor o peor. La felicidad está por encima de todo.

Creo que ese mensaje es importante. Porque a los niños les metemos en la cabeza desde pequeños que tienen que ser mejores que los demás, que tienen que jugar ahí y ahí porque si juegan bien igual les ficha tal club, y pienso que lo que tenemos que enseñarles es que lo más importante es que estén en un lugar en el que estén a gusto y que sean felices. Este mensaje se nos olvida demasiadas veces. Y, sobre todo a los chavales de 14, 15 o 16 años, que ya se comienzan a acercar al fútbol profesional, debemos intentar hacerles ver que la felicidad y estar a gusto en un sitio vale más que cualquier otra cosa.

Y, por otra parte, también me encantaría continuar el camino de ‘Patxi’ Puñal, Roberto Torres, Oier y de tantos otros grandes ejemplos que hay en el club de gente que ha estado toda la vida aquí. Porque sería una buena forma de que los niños que están en la cantera vean que se puede estar en el primer equipo del club siendo de la casa, y, si se esfuerzan y dan todo lo que tienen, que digan: ‘Joder, me encantaría jugar siempre en Osasuna. Como han hecho tal, tal, tal y tal’.

¿De Osasuna de toda la vida?

Mis padres son un gallego del Madrid y una portuguesa del Barcelona que por cosas del trabajo y por cosas de la vida acabaron aquí, en Navarra. Yo ya nací aquí, en Noáin, así que he vivido y he mamado Osasuna desde niño, y, además, desde los ocho años, desde dentro. Siempre lo he tenido súper claro, y siempre me he sentido súper identificado con este club. Es uno de los más especiales. O el más especial. Y ser de la ciudad y de este equipo y haber pasado por todas las categorías hasta llegar al primer equipo, creciendo una barbaridad tanto en el aspecto personal como en el futbolístico, es algo que me hace sentir muy y muy orgulloso. Si echo la vista atrás me siento muy y muy especial.

Echemos la vista atrás. ¿Dónde empezó el camino de Kike Barja?

Empecé aquí, en las calles de Noáin y en el colegio, con mis amigos. Con los amigos de la que hoy continúa siendo mi cuadrilla. De los seis a los ocho años jugué en el equipo de mi pueblo, y a los ocho ya tuve la suerte de empezar en Osasuna. Esos años en la cantera son de los más bonitos de mi vida. O los más bonitos. Tengo guardados momentos súper especiales. Cuando eres pequeño siempre quieres ganar, y cuando perdíamos llorábamos mucho, pero es muy diferente. Porque cuando llegas al fútbol profesional la película cambia absolutamente, y todo es ganar, ganar y ganar. Y hay que conseguir puntos de donde sea para amarrar el objetivo, y estás jugando para muchísima gente que paga su entrada para verte. Cuando eres un niño es solo un juego entre amigos. Y a esa edad los niños no tienen maldad. La maldad la vamos cogiendo con el paso de los años. Era todo súper bonito. Porque era solo disfrutar y pasarlo bien. Y al que ganaba se le daba la mano y ya está. A medida que crecemos se nos va olvidando todo esto, pero es importante intentara mantener viva, conservar, la deportividad de los niños. Y la pureza con la que juegan.

 

“Se asemeja muchísimo más a la realidad ser de un equipo pequeño, acostumbrado a sufrir, a luchar hasta la última partido, que de un equipo grande que gana siempre”

 

Dos décadas después, ¿tus padres ya son de Osasuna?

Han generado un sentimiento brutal hacia Osasuna. No eran de Osasuna al principio, pero ahora es su único equipo. Porque ya llevan muchísimos años aquí y, sobre todo, porque a mí me lo ha dado todo, y el Barça y el Madrid les dan bastante igual, como a algunos amigos míos a los que les gustaban mucho de pequeños. Porque, al final, por mucho que en un momento dado de tu vida te gusten equipos como el Barcelona o el Madrid por cómo juegan, o porque sientes cierta afinidad con ellos, te acabas dando cuenta de que esos equipos no nos dan nada.

Ser de un equipo pequeño, según suele enfatizar Toni Padilla, te enseña a entender que la derrota es una parte más del camino y que es, precisamente, lo que hace que la victoria sepa mejor.

Se asemeja muchísimo más a la realidad ser de un equipo pequeño, acostumbrado a sufrir, a luchar hasta el último partido, que de un equipo grande que gana siempre y que en cada mercado de traspasos puede fichar a los mejores. Y, en este sentido, creo que las aficiones de los equipos pequeños valoran mucho más otras cosas. Aquí, en El Sadar, por ejemplo, si yo voy a presionar al lateral, me tiro al suelo y le robo el balón, o si provoco una pérdida de la defensa rival que acaba en un simple saque de banda o en un córner, la gente lo celebra casi tanto como un gol. Aquí la gente disfruta cuando luchamos, cuando mordemos, cuando presionamos o cuando agobiamos al rival. Y ahí reside la esencia del fútbol más modesto. Y, aunque todos queremos ganar, porque de esto va este deporte, el aficionado que viene a El Sadar muchas veces casi prefiere ver a sus jugadores dejándose la vida en el campo que ganar. Dice: ‘Joder, es que se han dejado la vida. Es que lo han dado todo para ganar. Están reventados porque lo han dado todo. No se ha ganado, pero no pasa nada. Les aplaudimos porque lo han dado todo’.

Creo que en ese sentido aquí somos unos afortunados. Porque, lamentablemente, esto no pasa en muchos otros estadios. Muchas veces veo en la tele a equipos que están dando lo mejor de sí, pero acaban perdiendo a pesar de haber hecho todo lo que está en sus manos y más, y les pitan, y me da pena. El aficionado es libre y tiene, y debe tener siempre, su derecho a decir aquello que quiera porque por eso paga su entrada, pero, más allá de los resultados, también se debe valorar más el esfuerzo. Y, en ese sentido, creo que la afición de Osasuna es ejemplar. Para ellos, que los jugadores acaben el partido y no puedan ni quitarse las botas está por encima del resultado.

¿Recuerdas tu primera camiseta de fútbol?

La primera fue, evidentemente, y como no podía ser de otra manera, de Osasuna. Soy de Noáin, y cuando yo empecé a jugar en Osasuna en el primer equipo estaban Miguel y Javier Flaño, que también lo son. Cuando vivían con sus padres eran vecinos puerta con puerta con mis tíos, y cuando yo iba a su casa siempre quería ir a tocarles la puerta para ver si estaban y para verles. Me acuerdo de que me regalaron una camiseta que fue, quizás, la primera camiseta de fútbol que tuve. Tener la suerte de verles a ellos dos, que eran de mi pueblo, ahí, en el primer equipo, fue como un plus más. Fue como decir: ‘Joder, yo quiero ser como ellos. Porque si ellos han podido llegar, yo también puedo’. Y llegar a compartir vestuario con ellos ha sido súper especial para mí, que cuando ellos ya estaban en el primer equipo apenas era un niño que empezaba a jugar en Osasuna y que ni siquiera podía llegar a fantasear con jugar con ellos dos.

¿Fueron tus dos primeros grandes ídolos?

Junto a ‘Patxi’ Puñal, al que idolatraba por todo lo que significaba, por todo lo que transmitía sobre el campo. Le veías jugar y siempre te parecía que había jugadores bastante mejores que él, pero, al final, siempre era titular. Y muchas veces era el único navarro sobre el césped. Tenía algo especial. Es, de hecho, el jugador con más partidos de la historia de Osasuna con una diferencia brutal, y, por su trayectoria, era un gran referente para todos los niños en esa época.

Puñal llevaba el ’10’. ¿Te gustaría lucirlo algún día?

Mis amigos siempre bromean con que empecé con el ’30’ para pasar, después, al ’19’, como Messi, y que ahora me falta acabar llevando el ’10’. Ojalá tenga algún día la oportunidad de llevar este número. No solo porque a todos los futbolistas nos gusta, sino, sobre todo, porque sería muy especial y significativo porque ahora lo lleva Roberto Torres y lo habrían vestido tres canteranos de forma consecutiva.

Y tu primera vez en El Sadar, ¿la recuerdas?

No tengo un recuerdo nítido de mi primera vez en El Sadar, pero recuerdo que, desde los ocho años al ser jugador del club tenía un abono y que nos sentábamos en una esquina. Me acuerdo perfectamente, porque ahora, a veces veo esa esquina y me quedo observando esa zona, en silencio. Recuerdo que mis primeros entrenamientos con el primer equipo eran súper especiales porque yo, que todavía no había debutado, me quedaba empanando mirando la zona en la que me sentaba de niño y me decía: ‘Joder, tío, si es que hace nada estabas sentado ahí, y ahora lo tienes muy cerca’. Recuerdo que aquello me dio fuerza, más ganas y un plus de motivación para seguir intentándolo hasta que conseguí debutar. 

 

“La sensación de haber cumplido un sueño que habías perseguido durante muchos años no se paga con nada”

 

Lo conseguiste el 20 de mayo del 2017, en Sevilla.

Fue un poco agridulce porque ya se había bajado a Segunda, y el resultado fue abultado (5-0), pero tuve la suerte de jugar unos 15 minutos y fue un día muy, muy especial. Era mi debut con Osasuna, y, encima, en Primera División y en un estadio mítico como el Sánchez Pizjuán. Cuando consigues debutar con el primer equipo tras ir subiendo de categoría en categoría, con lo que cuesta llegar, es una sensación brutal. Una satisfacción brutal, como la que puede sentir cualquier persona cuando alcanza aquello que realmente quiere, cuando alcanza aquello que ha perseguido durante muchos años. Aunque también es cierto que cuando sucede igual tampoco eres tan consciente de lo que has logrado porque es un proceso tan largo que no es de la noche a la mañana. Cada vez te vas viendo más cerca, y el sueño te parece cada año más factible porque vas avanzando categoría a categoría. Cuando lo consigues es súper especial, pero solo es un paso más porque es algo que ya veías que podías alcanzar, que podías conseguir tarde o temprano. Y lo valoras mucho más con el paso del tiempo. Echas la vista atrás y recuerdas un día súper especial. Y, joder, la sensación de haber cumplido un sueño, de satisfacción, no se paga con nada.

Y el 7 de enero del 2018 debutaste en El Sadar.

Me acuerdo perfectamente de ese día. Aquí, en mi cuarto, de hecho, tengo colgada la camiseta de ese partido contra el Valladolid. Fue increíble. Yo ya había jugado tres partidos con el primer equipo, pero jugar en El Sadar es otra cosa. Esto al final es como un pueblo, como una ciudad súper pequeña, en el que casi nos conocemos todos, y recuerdo que estaba nervioso por jugar delante de toda la gente que me conoce. Pero salió todo redondo. Comenzamos perdiendo, pero logramos darle la vuelta y acabamos ganando. Y encima pude meter un gol. Mi primer gol con Osasuna. Y, además, a partir de ese encuentro ya me consolidé y me asenté en el primer equipo. Fue uno de los días más especiales, más bonitos, de mi vida. O el más especial. Jugamos a las 12 del mediodía, y recuerdo que no pude comer nada hasta la cena.

¿Qué adjetivo le pondrías al curso pasado, al del regreso de Osasuna a Primera?

Redondo. Excepcional. Espectacular. Épico. Irrepetible. Irrepetible. Fue un auténtico sueño. O incluso más que un sueño. Porque ni de niño habría podido soñar una temporada tan perfecta, tan bonita. Ya ha pasado más de un año, pero todavía me cuesta encontrar las palabras por la emoción.

Recuerdo que se consumó mientras veíamos el Albacete-Granada, que se dio el resultado que necesitábamos para ser equipo de Primera División. Fue un lunes, y, buah, fue súper especial. Lo vimos todos juntos, y luego fuimos a celebrarlo con la afición a la plaza del Castillo. Estaba llena. A reventar. Era impresionante. Y el ambiente era increíble. La gente tenía que ir a trabajar el día siguiente, pero es que daba absolutamente igual. Esa noche estuvimos de fiesta, celebrando el ascenso, hasta las 5 o las 6 de la mañana. Es que para la gente de Pamplona, de Navarra, Osasuna es su vida también. Como para todos nosotros. Y eso es lo más bonito. A veces parece que los equipos y que los jugadores son inalcanzables, o que están muy lejos de la realidad, pero ahí estábamos, celebrando, felices, contentos, que Osasuna había vuelto a Primera División junto a amigos y aficionados en un bar de Pamplona a las 4 de la mañana.

Pocas cosas deben ser más bellas que ganar con el equipo de tu vida.

En otros sitios podrás ganar más títulos y más dinero, y todo es lícito y respetable, pero soy de los que prefieren jugar en el equipo de su tierra. En el equipo que sienten suyo. Puedes estar en un equipo más grande, como el Madrid o el Barça, o en alguno de la Premier, y jugarás para muchísima más gente, que también tiene que ser muy especial, y que todos hemos soñado alguna vez con jugar en esos equipos, pero creo que no hay nada más especial ni más bonito que jugar en el equipo de una ciudad pequeña en la que casi todos nos conocemos, y en la que las cosas se consiguen entre todos juntos, entre los jugadores, la afición y la propia ciudad, en comunión. Eso no se puede pagar con nada.

Y, en este sentido, la temporada pasada va estar siempre en la cabeza de todo el mundo. Yo no sé si voy a vivir nunca algo más especial, más bonito, que subir a Primera División ganando la liga con Osasuna. Va a ser siempre irrepetible. Para todos los que estamos aquí. Pero está claro que aún mucho más para los que somos de aquí, de Navarra, y hemos crecido en la cantera, como Oier, Roberto Torres o Unai García. Para mí, ser de aquí y poder sumarme a ellos hace que todo lo que conseguimos la temporada pasada sea aún más espectacular y más especial si cabe. Por eso. Porque nosotros somos aficionados de Osasuna desde pequeños. Somos aficionados de Osasuna que juegan en el equipo, y eso es súper especial. Yo, por ejemplo, me acuerdo de ir a desplazamientos cuando aún no estaba en el primer equipo. Con Unai García. Me acuerdo que fuimos a Cornellà la temporada que se bajó a Segunda. Fuimos allí como aficionados, que, en definitiva, es lo que somos.

 

“En otros sitios podrás ganar más títulos y más dinero, y todo es lícito y respetable, pero soy de los que prefieren jugar en el equipo de su tierra. En su equipo. Soy un aficionado de Osasuna que juega en el equipo, y eso es súper especial”

 

En verano todo pintaba perfecto, pero, de repente, en uno de los primeros entrenamientos de la pretemporada, te rompiste el ligamento cruzado anterior de la rodilla izquierda.

Tenía una ilusión tremenda por jugar en Primera. Me moría de ganas. Venía de hacer un buen año, jugando muchos minutos, y sentía que empezaba a tener peso en el equipo y que iba a ser importante. Esa misma mañana del 15 de julio hablaba con Oier y le decía que esta iba a ser la temporada de mi confirmación, que iba a ser un año especial. Y fue un palo muy grande, porque, además, cuando eres niño solo te preparan para ganar. Pero nadie te prepara para perder. O para afrontar una lesión de gravedad. Tienes que aprender todo esto solo. Y yo pasé dos o tres días súper malos, súper triste, porque tienes una ilusión que de repente ves que no vas a poder hacer realidad.

“Uno con 22 años cree que lo sabe todo, pero no tienes absolutamente ni idea de nada. Uno siempre piensa que hay cosas que es imposible que le pasen, pero te pasan. Eso pasa porque nadie nos prepara para los peores obstáculos. Molaría decir miles de cosas positivas y palabras vacías, pero hoy no puedo estar más triste, más jodido. ¿Cómo no lo voy a estar? He llorado mucho”, escribiste justo el día después de lesionarte en Instagram.

Creo que esto es muy importante. En las redes sociales todos decimos siempre que estamos bien, y vendemos una imagen de cara a la galería, pero también hay que saber decir lo que uno siente de verdad. Nos cuesta exteriorizarlo y decirlo delante de la gente, pero, obviamente, en ese momento estaba estaba súper jodido y súper depre. Por mucho que quieras ver siempre el lado positivo, en ese momento, 24 horas después de lesionarte así, joder, estás triste. Y es lo normal. Y hay que saber decir que uno está mal, que está triste. Y ese era un momento de estos. Pero a la semana de lesionarme, al pasar por el quirófano, ya empecé a verlo de otra manera y cambié el chip para mentalizarme para comenzar a darle la vuelta a la situación. Me dije: ‘A partir de hoy tengo que currar todos los días a full, y hacer todo lo que esté en mis manos para recuperarme, y para volver, lo mejor y lo antes posible’.

 

“Fue un palo muy grande, porque, además, cuando eres niño solo te preparan para ganar. Pero nadie te prepara para perder. O para afrontar una lesión de gravedad. Tienes que aprender todo esto solo”

 

“Sobre todo quiero que me sirva para madurar, valorar, entender, sentir que es un reto, una oportunidad para ser mejor. Voy a intentar disfrutar de este camino que empieza ya, aunque intuyo que habrá momentos duros y otros que me llenen de ilusión”, añadías en ese texto.

Me ha servido para pensar, para aprender, muchas cosas. Para ser más trabajador, más perseverante. Para ver que lo importante, lo clave, es hacer siempre lo que está en tus manos. Porque, a partir de ahí, pase lo que pase no podrás reprocharte nada porque habrás dado el máximo, y normalmente la justicia acaba primando. Todo el mundo pasa momentos malos y todos los futbolistas se lesionan, y no eres ninguna víctima por pasar por algo así, y al final lo único que está en nuestras manos es currar, trabajar, cuidarte, esforzarte y convencerte de que, por difícil y doloroso que sea todo en ese momento, tienes que darle la vuelta como puedas y, joder, ver que puedes volver y que puedes volver a disfrutar de ese deporte que tanto amas. Hay cosas que no dependen de nosotros, y puedes volver a lesionarte, o volver y no jugar porque un compañero está mejor que tú, pero si haces todo lo que está en tus manos luego no te puedes reprochar nada. Y en este sentido estoy orgulloso de todo lo que he trabajado y de todo lo que he hecho durante todo este proceso. Haber vuelto es una satisfacción brutal. Haber tenido una lesión de gravedad, haberle dado la vuelta a la situación y haber vuelto a jugar una vez ya había llegado hasta aquí me satisface, me enorgullece, tanto, o incluso más, seguramente, que haber ido creciendo aquí hasta llegar al primer equipo.

El fútbol te hizo mucho daño, pero seguías necesitándolo.

Lo hemos vivido con tanta pasión desde pequeños, y lo hemos disfrutado tanto, que el primer día después de la operación, aunque lo estés pasando mal, y te duela todo, ya estás pensando en volver a jugar. Porque lo necesitas. Y cada día estás expuesto a una lesión que te puede cambiar la vida, pero te da igual porque es que vale la pena volver a arriesgar cualquier cosa por volver a disfrutar de este deporte. Porque es súper bonito poder vivir de esta profesión, y de ir a entrenar y estar y jugar con los compañeros.

Durante la recuperación, recuerdo que lo pasaba muy mal por la envidia de ver a mis compañeros disfrutar sobre el terreno de juego sabiendo que yo no podía jugar. Todo esto me ha servido muchísimo para valorar muchísimo más las cosas. Para valorar cada entrenamiento, por ejemplo. Porque cuando no puedes ni caminar y ves a tus compañeros entrenar te da muchísima envidia, y ahora lo valoro todo más. Los futbolistas estamos metidos en una rutina súper fija, en la que todos los días haces prácticamente lo mismo. Te levantas, vas a entrenar, vuelves, comes, descansas, haces alguna cosa por la tarde y te vas a dormir, y así todos los días. Y a mí todo esto me ha servido, también, para darle una vuelta de tuerca a todo. Para cambiar mi visión de las cosas. Para ser más consciente y para valorar más las cosas que me rodean. Porque veces estamos tan acostumbrados a una cosa que le restamos importancia.

 

“Haber tenido una lesión de gravedad y haber vuelto a jugar una vez ya había llegado hasta aquí me enorgullece tanto, o incluso más, seguramente, que haber ido creciendo aquí hasta llegar al primer equipo”

 

“Lo que en su día parecía ser un problemón ha terminado siendo una experiencia súper positiva. Cuando te mentalizas de que nada es tan terrible, empiezas a darle la vuelta y a entender las cosas buenas que trae consigo un proceso así y acabas disfrutándolo”, escribiste en enero, justo después de regresar a los terrenos de juego en un partido de Copa contra el Recreativo de Huelva.

Es que, sinceramente, la verdad es que, a día de hoy, yo no cambiaría haberme lesionado. Hubiera jugado más partidos en Primera, y hubiera tenido más oportunidades sin la lesión, sí, pero no lo cambiaría. Porque a mí me ha servido de mucho todo esto. A lo largo del proceso de mi recuperación, por ejemplo, he tenido la suerte de conocer a un fisioterapeuta y a un readaptador que ahora mismo son muy importantes para mí y que hoy son dos grandes amigos. Porque han estado a mi lado en momentos muy duros, y en días muy malos. Y han estado ahí, como muchos otros, para no dejarme caer en ningún momento.

Al final, si algo he aprendido durante estos meses, y si algo tenemos que haber aprendido de todo esto que estamos viviendo a raíz de la pandemia, es que las personas tienen que estar por encima de cualquier otra cosa. De todo. Y si tengo que poner en la balanza haber jugado 30 partidos más en Primera o haber conocido a esas dos maravillosas personas, me quedo con ellos dos. Y jugar 30 partidos en Primera es algo que lo hablamos con los compañeros y siempre decimos que en Primera División no puedes regalar ni un partido, que, si puedes, tienes que jugar aunque estás casi roto. Porque aquí, en Primera, los partidos son carísimos. Pero, en la vida, tienes que saber valorar qué vale más.

Esas dos personas han estado ahí durante todo el proceso; al igual que la familia, los amigos y compañeros con los que he hablado diariamente porque también se preocupaban mucho, muchísimo, por mí. Pero a esas dos personas las he conocido durante este proceso, y ha sido muy especial. Y creo que la satisfacción que han tenido que sentir ellos dos al ver que yo he vuelto a jugar después de muchos meses trabajando juntos también tiene que ser súper especial. Joder, recoger a una persona que sale de una operación y que no puede ni caminar y verla jugar en Primera División tiene que ser brutal también.

Al final, para mí, por ejemplo, todos estos meses han acabado siendo un proceso tan, tan guay porque, a pesar de ser algo muy, muy malo, he conocido a gente y he empezado a ver las cosas, la vida, de otra manera, y lo veo como un período súper especial. Porque me ha ayudado mucho. Porque, al final, la vida son todas estas experiencias que te hacen ver las cosas de una forma diferente, que te hacen mejorar en todos los aspectos y que te hacen valorar más las cosas.

Y tú, ¿qué sentiste en aquella noche de enero en el Nuevo Colombino?

Tenía los mismos nervios que el primer día. Fue una sensación súper satisfactoria. Fue como volver a debutar. Habiendo pasado por todos esos meses de trabajo constante, conseguir regresar me hizo sentir súper orgulloso de mi mismo. Y eso está por encima de todo. Cuando uno consigue lo que se propone, ese sentimiento de orgullo está por encima todo. Lo decía Iniesta en el Informe Robinson del Mundial: que sentirse feliz como persona es más importante que cualquier persona. Y lo dijo el tío que acaba de hacer el gol más importante del fútbol español, y el gol que todo el mundo ha soñado con marcar.

Iniesta, con esas declaraciones, demuestra que valora más haber superado todos los obstáculos que ha pasado, como una depresión, o la muerte de un amigo como Dani Jarque, y haber llegado a ese preciso momento, a esa situación, que meter el propio gol. Ese mensaje es muy importante. La gente debe ver que el premio no es nada más que la consecuencia a todo lo que has hecho, pasado y sufrido, antes. Al camino recorrido. Y lo más importante es ese camino. Sin ese camino no logras el premio. O, si lo logras, no sabe igual ni lo disfrutas igual. Tenemos que darle más valor a los procesos, a los caminos. Porque el camino es lo que nos lleva a conseguir los premios. Porque el camino es lo que hace que merezca la pena todo lo que has hecho, pasado o sufrido para llegar a marcar ese gol, a regresar al césped o lo que sea.

 

“Habiendo pasado por todos esos meses, regresar me hizo sentir súper orgulloso de mí mismo. Y eso está por encima de todo. Cuando uno consigue lo que se propone, ese sentimiento de orgullo está por encima todo”

 

Una semana después volviste a jugar, contra la Real, pero una apendicitis volvió a dejarte fuera.

Me operaron el día siguiente al partido, de urgencia. Y los dos o tres días siguientes tuve que quedarme en casa, sin poder moverme, y lo pasé peor que cuando me rompí el cruzado. Porque, joder, después de poner todo lo que estaba de mi parte en un proceso tan largo, justo en el momento en el que empezaba a estar bien, y a tener minutos, fue como decir: ‘Joder, ahora esto. Y ahora tengo que parar otra vez’. Fue una tontería al final, y me recuperé súper rápido, pero estamos en el fútbol profesional y la gente igual no lo entiende, pero, para nosotros, un par de semanas fuera te pueden suponer una temporada porque si el otro que juega en tu puesto lo hace bien o el equipo funciona bien luego se tocan muy pocas cosas. Pero, con todo, me recuperé bastante rápido y pronto tuve una nueva oportunidad.

Finalmente, el 8 de marzo, 274 días después, volviste a la titularidad.

He vivido una montaña rusa en el último año, y volver a jugar, y hacerlo, además, en Primera, fue una sensación súper especial. De decir: ‘Joder, he pasado todo esto, pero soy capaz de jugar en Primera. No tengo experiencia, pero que estoy al nivel’. Y encima acabamos ganando al Espanyol (1-0). Salió todo redondo. Y fue un cúmulo de sensaciones brutales.

Antes de los partidos, nosotros siempre hablamos y bromeamos de esos nervios que siempre tenemos los futbolistas. Siempre decimos que tenemos la lavadora ahí, dando vueltas por las tripas. En ese momento la sufres mucho, pero esa sensación, esos nervios de dos horas antes del partido, son la mejor sensación que puede tener un deportista. Ese miedo, casi pánico, de saber que es un partido importante, y que tienes que ganar sí o sí, agravado, en mi caso, porque venía de una grave lesión, es lo que luego te hace rendir, y es lo que te hace salir al campo a sobrevivir.

Y la verdad es que, en ese partido contra el Espanyol, disfruté muchísimo. Porque era algo que llevaba esperando mucho tiempo. Y porque, encima, volví a jugar al fútbol en casa, en El Sadar. Cada vez que recibía el balón o que encaraba o que lo intentaba me aplaudían. Y cuando me cambiaron y me ovacionaron, cantando mi nombre, fue muy emocionante. Fue como un reconocimiento a todo el esfuerzo que había hecho para volver, a todo lo que había pasado durante los meses anteriores, hasta aquel momento, y estoy súper agradecido porque que te cambien y que 20.000 personas te reconozcan tu esfuerzo es una de las mejores sensaciones que puedes vivir en un campo de fútbol.

Poco importó porque el coronavirus obligó a suspender sine die la liga una semana más tarde, pero de ese encuentro contra el Espanyol te fuiste lesionado.

Mis compañeros me vacilaban. Se reían de mí. No me lo podía creer. ‘Primero el cruzado. Luego, la apendicitis. Ahora, una lesión muscular en la pierna izquierda’. Ha habido mucho cachondeo en el vestuario, y me han metido mucha caña. Ha sido gracioso, y, por suerte, lo superé muy rápido y ya estoy bien.

Te ha pasado de todo esta temporada, pero nunca has perdido la sonrisa. 

Esta es mi forma de ser. He pasado momentos difíciles, pero siempre he intentado darle la vuelta. Hay cosas que no dependen de ti, y, más allá de hacer siempre todo lo que esté en tus manos, como insistía antes, son como son. Y es lo que hay. No ganas nada estando triste. Estando de mala leche. Estando amargado. O pagándolo con los demás. Siempre intento darle la vuelta a todo, y reír y sonreír.

Soy feliz, e incluso en estos meses tan duros que he vivido me he sentido un privilegiado. He tenido la suerte de sufrir la lesión de rodilla; que, sí, son seis meses, pero son seis meses que he estado en mi casa, en mi ciudad, con mi familia y con mis amigos. Y con la apendicitis y el coronavirus, igual. Imagínate que todo esto le hubiera pasado a alguien que está a no sé cuantos kilómetros de su familia y que tiene que vivirlo solo. En ese sentido me siento, también, un afortunado.

“Voy a comerme el césped”, decías justo antes de recibir al Espanyol. Y esa es, también, tu forma de afrontar el presente y el futuro.

Esa idea debe ser siempre el punto de partida. Es primordial. Salir siempre a comerte la hierba, a dejarlo y a darlo todo en el campo, es fundamental, y sobre todo en el nivel en el que estamos, en el que no te puedes relajar ni un segundo. Es esencial. Esta actitud hay que tenerla siempre. En todo. Tanto en la vida como en el fútbol. Cuando hacemos las cosas tiene que irnos la vida en ellas. Esa es la clave. Esa es siempre la clave. Porque al final todo el mundo ha tenido, tiene y tendrá obstáculos que superar. Porque nadie tiene un camino de rosas. Ni en el fútbol ni en la vida. Ni en nada. Siempre habrá reveses y cosas malas, y nuestra actitud es la que va marcar nuestro futuro. Es lo único que está en nuestras manos: ir con la actitud de sobreponerte a los reveses, de pensar que siempre puedes mejorar, y siempre con una sonrisa.

“Kike Barja nunca se rinde”, como se podía leer en una pancarta a principios de curso.

He tenido la suerte de haber vivido aquí toda la vida, y de vivir Osasuna y El Sadar desde pequeño, y aquí no te rindes nunca. En este club no te rindes nunca. Hemos tenido épocas muy, muy malas, como ese día en Sabadell, en el que si bajas desapareces, pero siempre se ha sacado lo que se tiene para reflotar la situación y salir hacia adelante. Estos son los valores que nos transmite, que nos inculca, este club. Y, manteniendo siempre los pies en el suelo, si de algo puedo estar orgulloso es, precisamente, de esto. De no rendirme nunca. De, joder, pase lo que pase, darlo todo para volver a disfrutar de lo que me gusta.

No he hecho más que comenzar mi camino, y ahora tengo que ir paso a paso y sin volverme loco. Cuando pasas una lesión así se te queda gravado que no puedes pensar en dentro de una semana. Porque no sirve de nada. Porque no te sirve de nada mirar para atrás en cosas que ya no se pueden cambiar ni mirar para adelante en cosas que no sabemos que va a pasar. Lo único que vale, que importa, es el presente. El día a día. Hoy. Y así día a día. Mes a mes. Año a año. ‘Ahora tengo que hacer esto, pues a muerte con esto. Y lo que me toque mañana, pues mañana’.

 


SUSCRÍBETE A LA REVISTA PANENKA


Fotografías cedidas por el Club Atlético Osasuna.