Cuando en el minuto 81 de su partido contra el Espanyol el delantero del Betis Borja Iglesias fue sustituido por Loren Morón un grafismo televisivo apareció sobre su cabeza. Ese “Disparos: 0” me sonó frustrante, casi un lamento. Tras una hora y media ofreciéndose, tirando desmarques y fajándose con los centrales, el atacante compostelano no había podido disfrutar de un solo remate. Pensé que una realidad así no debía resultar muy placentera para un goleador como él. Y pensé algo más: que muy probablemente no era la primera vez que le ocurría desde que juega en el Benito Villamarín.

Así que me puse a comparar algunos datos. Efectivamente, el gallego se ha quedado sin probar a los porteros rivales en 15 de los 28 partidos de Liga que ha disputado esta temporada. Este registro supone una desviación enorme con respecto a la última campaña, cuando solo acabó 4 de sus 37 encuentros sin asustar a los arqueros contrarios, y al ejercicio anterior en 2ª División con el Real Zaragoza, en donde le pasó 5 veces en 41 participaciones. ’El Panda’, que ha disfrutado de la mitad de minutos en el Villamarín (1620) que en su curso en Cornellà (3082) y el precedente en La Romareda (3620), ha gritado tres goles andaluces frente a sus 17 catalanes y sus 22 aragoneses.

¿Cómo es posible que un delantero, teóricamente rodeado de una plantilla de mayor calidad, triplique la cantidad de partidos en los que la ducha le llega antes que una opción de remate? Esa es la incógnita real que se esconde detrás de esta primera temporada de Borja Iglesias en Heliópolis: no es que el gallego no marque, es que en realidad ni siquiera falla. Según SofaScore, Borja lleva marradas apenas 2 ocasiones claras frente a las 13 que falló el año pasado con el Espanyol. Y esto último es lo más demoledor para un conjunto que acumula varias temporadas buscando ser protagonista con el balón y que el último verano desembolsó 28 millones en uno de los arietes más resolutivos de España. El Betis tenía dinero para comprarse un Tesla y se lo compró: un coche bonito y eficiente, que gusta a muchos pero necesita electricidad para funcionar. Y hasta ahora el cuadro verdiblanco apenas ha dado con los surtidores que recarguen su batería.

 

De la temporada pasada a la actual, Borja ha pasado de promediar 2,3 tiros dentro del área por encuentro a solo 1,18. Loren ha bajado desde 2,43 hasta 1,82. Ahí radica una clara disfunción ofensiva: el Betis apenas logra activar a sus goleadores la mitad de las veces que podría

 

En honor a la verdad hay que decir que los datos globales del Betis a nivel ofensivo son sorprendentemente buenos. Consigue llegar a zona de remate en el 17% de sus posesiones y consigue materializar el 7% de sus remates. En ambos conceptos el Betis es el 6º de la Liga. También lo es por cantidad de pases en cada posesión, señal de un cierto ritmo de pelota. Todo esto lo dicta la estadística y yo la consigno aquí con un gran respeto por los datos pero con una íntima discrepancia en las sensaciones: en muchos partidos del Betis de Rubi detecté previsibilidad, horizontalidad, atasco en la frontal. Y allá, a lo lejos, un islote aislado que mientras pugnaba por hacerse invisible para los rivales no lograba hacerse visible para los compañeros.

En todo caso, con 41 goles marcados y 48 encajados el problema del Betis ha pasado menos por las áreas rivales que por la propia. Su defensa, la tercera más goleada de la categoría, solo ha dejado la portería a cero en cinco partidos. Pero limitándonos a la faceta ofensiva, el registro goleador es cuando menos extraño. En primer lugar porque 16 de esas 41 dianas llegaron a balón parado. Ningún conjunto se ha beneficiado más de córners, faltas y penaltis. Y aunque es cierto que muchas de esas acciones puedan considerarse herencia indirecta de su abultada posesión (5º equipo de la Liga), también es verdad que son secuencias separadas del ataque posicional. Esta temporada, el Betis acumula 13.600 pases: con ellos, ha logrado 22 tantos en combinación y otros 3 en contragolpes. Lo demás es puro acierto a pelota plantada.

Pero hay otra razón por la que el balance realizador del Betis me resulta anómalo: los autores de sus tantos. Solo 12 de esos 41 goles llevan la rúbrica de sus delanteros centro, Borja Iglesias (3) y Loren Morón (9). Quizá parezca un detalle menor mientras el equipo logre marcar pero en realidad no lo es. De la temporada pasada a la actual, Borja ha pasado de promediar 2,3 tiros dentro del área por encuentro a solo 1,18. Por su parte, Loren ha bajado desde 2,43 hasta 1,82. Juntos auguraban casi cuatro remates por partido pero esta campaña el Betis apenas ha logrado activarlos la mitad de esas ocasiones. Y perder dos disparos dentro del área en los pies de tus delanteros con más gol representa una clara disfunción ofensiva.

 

En el trasfondo aparece un reto compartido por las delanteras de los equipos con mayor posesión: cómo ser realmente dañinos cuando tu propio estilo propugna una y otra vez ejercicios de ataque posicional frente a defensas cerradas

 

Por contra, en toda la Liga el tercer jugador que más lo intenta contra las porterías rivales es Nabil Fekir (61 disparos), al que solo superan Lionel Messi (91) y Karim Benzema (88). Es llamativo que Fekir acumule más remates que los de Borja Iglesias (24) y Loren Morón (34) sumados. Por ahí puede haber una teoría: exceso de trámite en tres cuartos, sobrepoblación en espacios por los que deberían irrumpir laterales como Àlex Moreno y Emerson, abuso del recurso individual en lugar de nutrir los desmarques del compañero, así como un cierto desprecio por el balón largo y baja frecuencia de centros, dos escenarios en los que Borja Iglesias saca a relucir sus 187 centímetros. En el Real Zaragoza disparaba cada 35 minutos; en el Espanyol, cada 38. Ahora el gallego necesita participar el doble, 76 minutos, para probar al arquero rival. Los datos de Loren -solo un tanto en Liga desde mediados de noviembre- dibujan una curva similar. Y no solo se trata de intentos menos frecuentes sino también peor ubicados: más estáticos, con menos huecos. En el trasfondo aparece un reto compartido por las delanteras de los equipos que más posesión acumulan: cómo ser realmente dañinos en los últimos treinta metros cuando tu propio estilo de juego propugna una y otra vez ejercicios de ataque posicional frente a defensas cerradas.

Al Betis de Alexis Trujillo se le presentan ahora siete partidos y dos rutas hacia la mejoría: encajar menos y encontrar más (y mejor) a sus goleadores. La primera parte de la ecuación la logró -no sin sustos- ante el Espanyol, con paradones de Joel y cambio a tres centrales. Ahora está por ver si el Betis despeja la segunda incógnita antes del final de la temporada y logra activar la figura del delantero centro. Y eso pasa porque Borja Iglesias y Loren Morón empiecen a fallar ocasiones. Solo entonces podrán comenzar a marcarlas.