Uno sabe que ha vuelto Zdenek Zeman cuando observa en el móvil los resultados de la jornada, y ve que el Pescara ha ganado 5-0 al Genoa. Sí, el díscolo entrenador checo está de vuelta. La salvación es toda una quimera, han vencido dos partidos (uno por alineación indebida del rival) en lo que llevamos de temporada. Al menos han frenado una mala racha preocupante, a la que debemos sumar el mal ambiente que rodea al Pescara y sus aficionados. ¿Cuál era la solución para semejante caos? Traer al caos hecho persona, al entrenador por excelencia. Esto es como la suma matemática de: menos y menos igual a más. A Zeman, como a otros muchos, se le quiere o se le odia. El término medio se inventó para la gente sin pasión, para los indolentes. El técnico checo tiene muchas voces contrarias, incluso en la propia ciudad costera. Cuando ascendió al Pescara se marchó rumbo a Roma, le tacharon de traidor. Quizá fuera una acción poco romántica, pero cuando un gran equipo, y viejo conocido, te llama… Además, ese Pescara ya no contaría en Serie A con el tridente mágico: Verratti, Immobile e Insigne.

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En Roma no le fueron bien las cosas, algo lógico teniendo en cuanta el destino. Se juntaban una entidad pirotécnica y un entrenador con un mechero en la mano. Nada bueno podía salir de allí. Tras unas aventuras por Cagliari y Lugano ha vuelto a su último gran recuerdo. Cinco años y cinco goles después. Zeman ha pasado por muchos banquillos, demasiados diría, pero en pocos mantiene el dulce sabor del Pescara. Ahora le toca reconciliar a los hinchas, ganar partidos y además convencer a un grupo de jugadores que todavía deben luchar. Lo que viene siendo poner el centro y rematar a portería. Ardua tarea. Los aficionados exigimos juego bonito, goles y espectáculo. En cuanto alguien se sale del guión se le critica con fiereza. Ya le ocurrió a Mourinho y posteriormente a Simeone. Odiamos el resultadismo, le damos mayor importancia al legado o al juego. De acuerdo, pero luego nadie queremos perder, lo detestamos. Quizá un sábado se pierda habiendo hecho un gran encuentro y la sensación no sea mala. Pero si este hecho se repite pasadas las jornadas comenzamos a dudar de nuestros propios gustos. Entonces, ¿por qué criticamos a un tipo como Zeman? ¿No queríamos divertirnos por encima de ganar un aburrido partido? ¿No deseamos ver goles y acciones ofensivas en lugar de férreos sistemas defensivos? Pues no, tampoco aceptamos a un técnico como el checo. “Es que es muy kamikaze…” “Es que le meten muchos goles…” Ya no sé qué es lo que quiere el público. Los aquejados por el resultadismo odian perder, y los que buscan un 1-0 adolecen vencer siempre de la misma manera. Una cosa está clara, Zeman no engaña a nadie. Cuando usted lo firma para su equipo no puede saltar la sorpresa, ya sabe a qué y cómo se va a jugar. Ahora le quedan dos opciones: disfrutar de unos partidos frenéticos o tirarse de los pelos en cada balance defensivo. Estoy por disfrutar del Pescara mientras me tiro de los pelos.