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Vivar Dorado, delicadeza en la periferia

Recordamos la carrera de Vivar Dorado y todo el fútbol que llevaba dentro: pase, toque fino y llegada. Un mediapunta que cada vez entendía mejor el juego

Hay futbolistas que irrumpen con fuerza, copan portadas durante unos meses y se desvanecen como estrellas fugaces. Otros, en cambio, se filtran poco a poco en la memoria del aficionado, aparecen cada año en el álbum de la Liga y se mimetizan con el paisaje, como Ángel Manuel Vivar Dorado, uno de esos jugadores que con una u otra camiseta siempre estaban ahí. La suya fue una carrera impecable, de las que demuestran que a veces la periferia esconde detalles mucho más interesantes que el centro.

Vivar Dorado era un crío de Griñón -al suroeste de Madrid- que no tardó en entrar en el fútbol base del Leganés de la mano de Luis Ángel Duque, toda una institución en el club ‘pepinero’. En aquel fútbol de semiprofesionales logró su primer éxito, ascender a Segunda cuando aún era juvenil. Descolgó entonces el teléfono para atender dos llamadas: una era del Real Madrid y la otra del Barça, pero ninguno le aseguraba jugar en el primer equipo.

La tercera llamada llegó desde Tenerife y fue la definitiva. En la isla empezó a enseñar a toda España el fútbol que llevaba dentro: último pase, elegancia, toque fino y llegada, un mediapunta que cada vez entendía mejor el juego.

 

Vivar paseó su fútbol dorado por Valladolid antes de colgar las botas, cansado de pelear contra el dolor de su tendón de Aquiles. “Acabé un poco saturado del fútbol”

 

Luego pasó por el Racing, donde vivió el único descenso de su carrera, antes de volver a casa para firmar primero por el Rayo y luego por el Getafe: era el verano de 2002 y un presidente llamado Ángel Torres luchaba por consolidar al equipo del sur de Madrid en Segunda División. Su ascenso a Primera fue una sorpresa para todos menos para los jugadores. “No era un club con tradición de Primera, ni siquiera de Segunda, pero sabíamos que teníamos buen equipo y que podíamos hacerlo”. Lo hicieron a lo grande, ganando 3-5 en Tenerife en la última jornada. “Tengo grandes recuerdos de mi etapa en el Getafe. Cada temporada te dejaba un caramelo: el ascenso, la consolidación en Primera, la remontada contra el Barça en la Copa”.

Vivar paseó su fútbol dorado por Valladolid antes de colgar las botas, cansado de pelear contra el dolor de su tendón de Aquiles. “Acabé un poco saturado del fútbol”, admite. Pero volvió. Es comentarista en Onda Madrid y entrenador esporádico en los equipos de la AFE, además de propietario de un club de pádel en su pueblo, Griñón. Nada como la periferia, allá donde todo sucede, lejos y cerca al mismo tiempo.

 


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Este texto está extraído del #Panenka105, un número que todavía puedes conseguir aquí.