Recuerdo que, hace seis o siete años, compañeros y amigos se quedaron a las puertas de entrar en algunas carreras universitarias por milésimas en sus notas de corte. Meses de estudio prácticamente hasta el amanecer. Sintiendo el estrés entre las cuatro paredes de casa, de la biblioteca o de la sala de estudio. El contacto mínimo con los familiares para centrarse única y exclusivamente en los exámenes. ¿Tanto esfuerzo para qué? Debo reconocer que quedarse a las puertas del éxito es una putada, y de las grandes. Pero existen dos maneras de ver y encarar estas cosas. La primera, con cierto pesimismo que asoma en nuestra alma tras dejarnos la piel y no lograr el objetivo. Y la segunda, a través de la convicción interior de volver a intentarlo, persistir en ello sin importar los obstáculos que se antepongan en el camino hacia el objetivo. Ocurre lo mismo con los futbolistas. Pequeñas pero largas lesiones en mitad de grandes momentos de forma. Inconsistencia en el juego, fruto de una mala época personal. Tomamos como ejemplo a uno de los mayores talentos franceses de la reciente época, Florian Thauvin.

Thauvin (Orleans, 1993) es un centrocampista ofensivo, aunque suele jugar en la posición de extremo derecho, a pierna cambiada como hacían en otros tiempos jugadores similares tal que Leo Messi o Arjen Robben. De la misma forma que algunos jóvenes futbolistas actúan, el tener la cabeza en otros menesteres le jugó una mala pasada tanto en sus años en Lille (2013) como en Newcastle (2016). Entre medio, una primera etapa en Marsella (2013-15) a las órdenes de Marcelo el LocoBielsa donde se vieron destellos de un futbolista diferente, de uno que prometía un gran futuro. Por aquel entonces, el joven jugador francés tenía las condiciones y aptitudes necesarias para obtener el éxito, pero sus repetitivas y continuas faltas de rigor táctico y de trabajo hicieron que fuera como uno de tantos talentos que se pierden por el camino, tras no adaptar su juego a las necesidades y biorritmos que conlleva y precisa cada equipo.

Después de no acabar de encajar en Inglaterra, Florian volvió al fútbol francés en 2016, de nuevo a Marsella, para iniciar su segunda aventura en el equipo del Velódrome. Lo hizo en calidad de cedido, y tras medio año a buen nivel, se ganó otra oportunidad. Siguió cedido en Marsella la siguiente temporada (2016-17) bajo las órdenes de Rudi García, esta vez con opción de compra obligatoria, la cual valió la pena ejecutar. Fue nombrado como jugador del año del OM y el equipo logró alcanzar la final de Europa League en la campaña 2017-18. Según las palabras del periodista especializado en fútbol francés Alain Valnegri, “Marsella lo ha responsabilizado mucho. Trabajar con Rudi García ayudó a su mejoría como futbolista, sobre todo a nivel de trabajo, replegando y jugando sin balón. Deschamps nunca le habría llamado a ‘les Bleus’ si no hubiera tenido esa mentalidad de sacrificio defensivo”.

 

Probablemente, su nivel sea más que suficiente para jugar en grandes equipos como Borussia Dortmund o Sevilla. Sólo tiene un ‘pero’. Las lesiones. Esas malditas lesiones

 

Porque para quien no conozca su juego, Thauvin destaca por los movimientos que realiza con el balón en los pies. Parece que lleve el esférico cosido a su bota izquierda. Pese a ser un futbolista alto para ser extremo (180 centímetros), tiene una alta velocidad ejecutiva con ambas piernas, pero sobre todo con la cabeza, el factor diferencial de su fútbol. Es un jugador al que le gustan los partidos con ritmos altos, en los que no se deja de correr de un lado a otro del campo, donde puede explotar con maestría su habilidad en el mano a mano contra los defensas contrarios y acabar rematando con una precisión quirúrgica su disparo con rosca al palo largo del guardameta o con un último pase hacia el delantero. En resumen, es un jugador muy completo, dinámico. Sin su presencia, el Marsella es un equipo distinto. Probablemente, su nivel sea más que suficiente para jugar en grandes equipos como Borussia Dortmund o Sevilla. Sólo tiene un ‘pero’. Las lesiones. Esas malditas lesiones.

¿Qué hubiera sido de Ronaldo Nazário sin sus respectivas lesiones de rodilla? ¿Y los parones cada cinco partidos de Marco Reus o Arjen Robben? Estaríamos hablando de futbolistas mucho mejores de lo que ya han sido, pero que el mundo no ha podido contemplar en su totalidad por esta causa. En menos de tres temporadas, Thauvin ha sufrido nada más y nada menos que once lesiones, la mayoría relacionadas con el pie y, sobre todo, el tobillo. Para ser más exactos, esta temporada, tras disputar sólo dos partidos, recayó de una antigua lesión de tobillo y tuvo que pasar por quirófano. El resultado ha sido perderse toda la temporada. Siete meses de parón.

Ahora, una vez recuperado, hay que esperar que vaya cogiendo el ritmo competitivo y ver hasta dónde es capaz de aguantar físicamente. “Con 27 años, se encuentra en el punto álgido de su carrera para intentar hacer algo fuera de Francia. Me sorprende que no haya recibido aún ofertas del Lyon o PSG. Por su tipo de juego, encajaría perfectamente en equipos europeos con un juego vertical como RB Leipzig o Bayern de Múnich”, explica Joan Valls para Panenka, comentarista habitual de los partidos de Ligue 1 en Movistar+.

La incógnita radica en si estas lesiones acabarán perjudicando la carrera de un gran talento futbolístico. Por más que lo intente, los traumatismos siguen frenando su evolución y desarrollo. Porque, según dice Axel Torres, “perder es lo normal, y a partir de ahí se construye todo”. Y una cosa es segura, mientras pueda seguir entrenando, Thauvin continuará esforzándose para alcanzar el éxito. De él y de su cuerpo dependerá si se corrobora el famoso querer es poder.

 


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Fotografía de Getty Images.