“Dime con qué mediocentro andas y te diré qué equipo eres”, solía decir Juanma Lillo cuando quería incidir en la ascendencia de una posición que siempre, de forma unánime, se ha entendido como cardinal en cualquier latitud del mundo del fútbol. Aunque de esta frase hace ya unos años, en pleno 2018 sigue siendo cierta y seguro que lo será también dentro de unos cuantas temporadas más. Pero si quisiéramos ir más allá, si quisiéramos profundizar y adaptar lo que quería decir Lillo a este momento concreto del fútbol, podríamos decir algo así como “dime qué hace tu mediocentro antes de recibir el balón y te diré qué puede hacer luego tu equipo”.

En la era del fútbol en la que el espacio no se regala, sino que se conquista, en la era en la que el tiempo no se concede, sino que se gana, saber lo que sucede a tu alrededor marca por completo la diferencia. Y en esto, sin lugar a dudas, no hay mejor escuela de mediocentros que la española.

LA DENOMINACIÓN DE ORIGEN

Hay un gesto muy significativo que les delata. Antes de recibir el balón, antes siquiera de ser conscientes de que su compañero se lo va a pasar a ellos, los centrocampistas españoles están girando el cuello constantemente. Miran atrás, miran a los lados y corrigen consecuentemente no ya su posición en el campo, sino también la de su cuerpo respecto al balón. Como decíamos antes, en el fútbol actual recibir con metros de espacio y segundos de margen es absolutamente imposible. No hay zona del campo en la que esto, por bueno que seas detectando espacios vacíos, sea una opción más o menos constante. Por eso ya no basta con moverse bien. Hay que orientarse.

 

En el fútbol actual recibir con metros de espacio y segundos de margen es absolutamente imposible. Por eso ya no basta con moverse bien. Hay que orientarse

 

Esto es, mismamente, lo primero que Quique Setién le enseñó a Roque Mesa cuando éste pasó del interior -y de la banda derecha- al mediocentro. Porque esto es lo que le permite a los mediocentros españoles hacer del control orientado el mejor regate posible ante la constante presión del rival, como lleva años demostrando Sergio Busquets. El de Badia, como le dijo una vez Guardiola, es bueno a tres toques, muy bueno a dos y el mejor del mundo a uno. Pero para jugar a uno o dos toques hay que hacer mucho antes de recibir. Hay que estar orientado, hay que haber sintetizado mucha información y, por supuesto, hay que tener imaginadas de antemano una serie de jugadas entre las que luego elegir cuando ya sea el dueño del destino del equipo.

Cuando hablamos de Sergio Busquets o cuando hablamos de Bruno Soriano o Asier Illarramendi, por citar otros dos ejemplos distintos en la forma pero iguales en el fondo, solemos alabar la calidad de su toma de decisiones. Su lectura rápida y su alta comprensión del juego. Y lo hacemos con razón. Pero más que la calidad, lo que seguramente diferencie a la escuela española de otras como la francesa o la inglesa sea la cantidad. Porque los españoles hacen menos con más. Y eso, aunque suene paradójico, es lo mejor que se puede decir del mediocentro de un equipo.

LOS ÚLTIMOS EXPONENTES

Rodrigo Hernández y Marc Roca son los últimos herederos de esta escuela. Ambos nacidos en 1996, el colchonero y el perico están siendo los mediocentros más destacados de lo que va de Liga porque, en resumidas cuentas, diga lo que diga su partida de nacimiento, su juego no tiene 22 años.

“Qué fácil juega”, es la frase más repetida en el Wanda Metropolitano cuando interviene Rodrigo Hernández en el partido. El madrileño transmite la falsa sensación de que no hace nada que no pudiese hacer cualquier otro en su lugar, incluidos los propios aficionados. Y eso es lo excepcional de su fútbol. Movimientos cortos, toques simples y decisiones simples. Una tras otra. Ninguna imprevisible, todas con sentido. Así Rodri se ha saltado los tiempos de adaptación del Cholo Simeone como ni siquiera Antoine Griezmann logró hacer. Su capacidad para integrarse con absoluta naturalidad en un colectivo que todavía no está definido, que mismamente todavía no sabe qué quiere de Saúl y Koke, es la prueba del algodón: Rodrigo Hernández no limita ninguna opción, sino que le posibilita todas a su entrenador.

 

Con ellos aquello que decía Cruyff de que “jugar al fútbol es muy simple, pero jugar un fútbol simple es lo más difícil que existe” sí es posible

 

“Qué bien juega”, es la frase más repetida en el RCDE Stadium cuando interviene Marc Roca en el partido. En este caso, lo que hace la zurda del mediocentro catalán sí que no está al alcance de ningún otro que esté sobre el campo –o fuera de él-. Marc Roca es un pasador excepcional; seguramente el más completo que ha producido el fútbol español desde Xabi Alonso. Su zurda es un láser, que dirían en el fútbol americano. Pases tensos, rectos y siempre a ras de césped para facilitar el posterior control y pase de Granero, Darder y compañía. Y cuando no, cambio de orientación al movimiento de Leo Baptistao o Javi López. La capacidad del cinco perico para ordenar a sus compañeros al mismo tiempo que hace progresar sin riesgos a su equipo está siendo la gran clave del fantástico inicio de temporada del RCD Espanyol de Rubi. Y todo, de nuevo, gracias a que siempre sabe lo que debe hacer antes de tener que hacerlo.

Los mediocentros españoles son ordenadores permanentemente conectados al código fuente de los partidos. Con ellos aquello que decía Cruyff de que “jugar al fútbol es muy simple, pero jugar un fútbol simple es lo más difícil que existe” sí es posible.