El frío invernal le entumece los pies en los entrenos, pero Roger Bonet Badia (1995), apodado Ruxi, no solo sobrevive a Finlandia, sino que disfruta del país y de su profesión. Sí, porque el fútbol es su profesión a pesar de los quebraderos de cabeza que le ha dado durante su carrera. Ahora, con 26 años, es un futbolista maduro que ha encontrado su lugar en un oficio un tanto complejo. Su odisea empezó en Valls, su ciudad natal, y tras pasar por islas tan diferentes como Formentera e Islandia, aterrizó en Finlandia, donde ya lleva dos temporadas, una con el KTP, en segunda división, y otra con el Oulu, en primera. En Oulu no solo presta sus servicios como defensa, sino que también se prepara para el futuro, consumiendo grandes dosis de fútbol, analizando equipos tácticamente y estudiando psicología.

“No me quiero dedicar a la psicología, simplemente quiero aprender para poder aplicar ese conocimiento al fútbol”, argumenta Bonet, estudiante en la Universitat Oberta de Catalunya (UOC). El vallense lleva unos siete años trabajando con un coach, Javi Enríquez, quien le ha ayudado a afrontar diferentes situaciones que se le han ido presentando durante su trayectoria. En los últimos años el fútbol ha apostado más por la psicología, pero considera que todavía queda mucho camino por recorrer teniendo en cuenta su relevancia: “El trabajo mental es básico y yo lo pondría por delante de otros temas como la nutrición e incluso la estrategia”. La experiencia y al aprendizaje psicológico le han permitido tolerar mejor la presión, ciertos comentarios del entrenador o situaciones adversas.

Fútbol autóctono

Roger Bonet jugó en las categorías inferiores del equipo de su ciudad, el UE Valls, hasta que el Nàstic de Tarragona puso sus ojos en él cuando era cadete. Defendió la camiseta ‘grana’ durante las tres temporadas de juvenil, donde creció gracias al apoyo del entrenador, Javi Robles. Después empezó a jugar con el filial de la entidad tarraconense, la Pobla de Mafumet, para seguir quemando etapas. Su entrenador en la Pobla, Martín Posse, exjugador del Vélez Sarsfield y el Espanyol, entre otros, y discípulo de Bielsa, le dio la titularidad en Tercera División: “Entonces tenía 19 años y no era muy alto ni muy fuerte. Pero fue valiente, me dijo que confiaba en mí y que le gustaba cómo sacaba la pelota desde atrás”. No obstante, el hecho de ser central y llegar apenas a los 1,80 metros de altura le ha conllevado algún problema durante su carrera.

.

 

“De vez en cuando te valoran por algo que no tiene remedio y no por si haces bien las coberturas, por si tienes una buena lectura del juego o por si vas bien al corte”

 

“A veces he estado limitado por una falsa creencia de que los centrales deben ser altos”, señala Bonet, quien reconoce que la constante evolución del fútbol le está ayudando. Pone el ejemplo de jugadores como Pedri o Azpilicueta, quienes han demostrado su aptitud con sus equipos y con España. “De vez en cuando te valoran por algo que no tiene remedio y no por si haces bien las coberturas, por si tienes una buena lectura del juego o por si vas bien al corte”, argumenta un jugador al que en ocasiones han ubicado de lateral. A pesar de su gran curso en la Pobla, se rompió el ligamento cruzado antes del play-off de ascenso a Segunda B, categoría a la que finalmente ascendería el equipo. Sin embargo, Bonet se quedó sin un hueco en el once para la siguiente campaña y se marchó cedido al Olot.

Tras unos meses en Olot volvió a la Pobla, otra vez en Tercera, para cuajar una gran temporada que le llevó a disputar —y ganar— la Copa Catalunya con el Nàstic, pero las lesiones siguieron martirizándole. Se marchó cedido de nuevo, esta vez al Rápido de Bouzas, donde se rompió el otro ligamento cruzado. Roger Bonet encadenaba en aquel entonces diferentes lesiones que le privaban de estabilidad y le llevaban de un lado a otro, pero seguía teniendo esperanza en ganarse la vida como profesional. En verano de 2018 acababa su contrato con el Nàstic, pero el club no se puso en contacto con él: “Si vienes de dos lesiones graves es normal que dejen de confiar en ti. Lo entiendo. Así es el fútbol, los jugadores somos un producto”.

Bonet es la prueba de que ciertos aspectos de la élite también suceden en divisiones inferiores. “Te sientes como si fueras un objeto. Cuando ofreces buenos servicios, todo va bien, pero el día que lo dejas de hacer se olvidan de ti, te ven diferente”, dilucida sobre una profesión frecuentemente poco agradecida. Finalmente fichó por el Formentera y regresó a Tercera. Guarda un buen recuerdo de aquella temporada, en la que logró la titularidad y relanzó su carrera, poniendo además punto y final al duro capítulo de lesiones, que, según cuenta, le ha hecho valorar más cada entrenamiento: “Después de estar dos años parado echas en falta hasta un simple ejercicio de pases. Ahora valoro más cada minuto que juego y no me frustro tanto por las experiencias negativas. Al final las lesiones me han ayudado muchísimo”.

Travesía al norte de Europa

Tras su año en Formentera, una carambola le llevó hasta Islandia, el país de los géiseres, las cascadas y Sigur Rós. El agente de un antiguo compañero, que desde ese momento se convirtió también en el suyo, le encontró un equipo en la isla nórdica. Y decidió marcharse porque Tercera ya no le motivaba. Necesitaba nuevos retos. Ilusionarse otra vez. Fichó por el Afturelding, cuya camiseta defendió durante los cuatro meses que quedaban de competición. “Los paisajes son maravillosos, de una naturaleza increíble”, comenta un hombre que recorrió Islandia, conoció una nueva cultura y mejoró su nivel de inglés. Después de jugar todos los partidos y mantener la categoría de plata, voló hacia Finlandia para firmar con el club de la ciudad de Kotka, el KTP. 

“En el KTP tuve un rol que me iba perfecto: central izquierdo en una línea de cinco defensas. El equipo presionaba arriba e intentaba sacar la pelota desde atrás”, explica Bonet, quien poco después de llegar sufrió los efectos de la pandemia, como estar unos tres meses sin cobrar. Para futbolistas de segunda división finlandesa, alejados de los sueldos estratosféricos de la élite, los recortes salariales son un problema real. El club prometió ayudarles a buscar distintas faenas, pero, aunque echó una pequeña mano, tampoco asistió lo suficiente a sus jugadores, según señala Roger Bonet: “Esta es una de las razones por las que me acabé marchando. Aun así, sería injusto decir que lo pasé mal porque tenía ahorros, pero algunos de mis compañeros sí lo pasaron peor”

Advertisement
.

El fútbol que conoce Bonet es un fútbol donde muchos contratos son de uno o dos años, donde la presión y la incertidumbre son constantes. “Para mí es menos difícil afrontar la situación porque soy joven y estoy sin pareja, pero es más complicado para un jugador de 32 años, con pareja y dos hijos que dependen de que cada sábado juegues bien. Y si te lesionas quizá pasas de cobrar 2.000 euros a cobrar 1.000”, puntualiza el defensa tarraconense sobre la inestabilidad de la profesión. Dibujado este escenario, insiste en la importancia del trabajo mental para afrontar el día a día y cuenta que tiene amigos que se han visto obligados a replantearse su carrera porque el fútbol no les permitía tener un mínimo nivel de vida. 

Durante los meses de inactividad a causa de la pandemia, el jugador catalán realizó diversas tareas junto a sus compañeros, como limpiar carritos de supermercado o ayudar a un aficionado con las tareas domésticas. “Un día se me ocurrió montar una parada en el mercado y vender productos del club. La gente se volcó y vendimos bastantes bufandas y camisetas. También ayudamos a construir una cabaña a un futbolista finlandés que juega en el Augsburgo, Frederik Jensen”, relata Ruxi. Tras su regreso a los terrenos de juego, ayudó al KTP a obtener la segunda plaza, que le permitió disputar el play-off de ascenso contra el penúltimo clasificado de primera división. El equipo ganó y subió a la máxima categoría, mientras que Bonet logró estar entre los tres nominados a mejor defensor de la temporada.

Por fin llegaba su hora de jugar en una primera división, concretamente en la Veikkausliiga. No obstante, lo haría con la equipación del otro club ascendido, el AC Oulu: “Soy una persona que necesita nuevas motivaciones, nuevos entrenadores, gente que me aporte nuevos conocimientos… El Oulu me ofreció un buen contrato y un proyecto que a priori iba a ser potente”. Actualmente, tanto el KTP como el Oulu luchan por la permanencia, que es el objetivo de la temporada para ambos. Bonet, titular indiscutible, encara las jornadas restantes con entusiasmo y está contento con sus decisiones y con la evolución del fútbol en Finlandia: “Es un país en el que si quieres hacer juego de posición y salir desde atrás es perfecto, puesto que la gente es muy respetuosa. En este sentido, no hay tanta presión como en España”.

 

“No tomo decisiones solo como jugador, sino también como futuro técnico”

 

Más allá de calzarse las botas

Las experiencias que está viviendo Roger Bonet en Finlandia son el motivo por el que no desea regresar a casa. Ha conocido otra cultura, otros entrenadores, gente de países como Afganistán, Canadá o Brasil… También ha perfeccionado el inglés y está aprendiendo finés, hasta el punto de que ya entiende los discursos del entrenador en el vestuario. Y en su tiempo libre estudia, mira sus propios partidos y los de equipos ajenos para aprender, para descubrir aspectos del juego. Porque Roger Bonet quiere ser entrenador, ese es su principal objetivo: “Mi carrera como futbolista la priorizo en este sentido. No tomo decisiones solo como jugador, sino también como futuro técnico”.

Guardiola y Bielsa son sus principales referentes, pero también ha aprendido de todos los entrenadores que ha tenido, pues intenta extraer el máximo conocimiento de su entorno para formarse sus propias ideas. Ver y estudiar muchos partidos le ha permitido desarrollar su capacidad táctica y potenciar sus características como jugador: “Me ha ayudado a comprender mejor el juego, aunque como más te formas, más cuenta te das de que el conocimiento es infinito”. Los conceptos futbolísticos son interminables, pero Bonet pudo poner en práctica su aprendizaje el curso pasado entrenando al equipo sub-14 del KTP. En un futuro, volverá a los banquillos, ya sea en el norte de Europa, en España o en cualquier otro sitio.

Mientras tanto, seguirá creciendo sobre los campos de fútbol de Finlandia, un país que ha progresado mucho en los últimos años en el ámbito futbolístico. “El hockey siempre ha estado por encima, pero el fútbol cada vez gana más fuerza, cada vez se instalan más las ideas de fútbol moderno, aunque aún hay ciertas limitaciones. Todo esto se traslada a la selección”, explica ‘Ruxi’ sobre la evolución del balompié y destaca el éxito que supuso el papel del combinado nacional en la Eurocopa. El fútbol, la cultura, la naturaleza, la seguridad… Existen muchos motivos por los que Roger Bonet es feliz en Finlandia. Porque Finlandia es un país fantástico. Un país fantástico a pesar del jodido frío.

Fotografías cedidas por Roger Bonet.