Es la historia con el mejor final feliz posible. La de un jugador de fútbol, ya entrado en la treintena, que no tiene equipo. Pocos creen en él, pero él persiste en su sueño. Un día, alguien le llama. Es su viejo entrenador del Pincha, Carlos Salvador Bilardo. ‘El Doctor’ sigue confiando en las capacidades de Brown pese a que no tiene club. Pese a que los periodistas dicen que está acabado. Que va a ir “para cebarle el mate a Bilardo”. Y el jugador es incluido en la convocatoria para el Mundial y pasa a la eternidad.

José Luis ‘El Tata’ Brown (1956-12 de agosto de 2019) es el protagonista de esa historia. La historia de un tipo humilde que fue llamado para completar el equipo de Diego Armando Maradona y ser el suplente de Daniel Passarella. Ahora que se cuestiona cuando un seleccionador convoca al equipo nacional al suplente de un equipo grande, sorprende echar la vista atrás, regresar en el tiempo a 1986 y comprobar que Brown no tenía equipo y a Bilardo no le importaba.

Antes había sido estandarte de Estudiantes de la Plata, club con el que había ganado el Metropolitano del 82 y el Nacional del año siguiente, siendo además el capitán. Y tuvo una buena carrera para un hombre de campo como ‘El Tata’, nacido en Ranchos, localidad cercana a los 6.000 habitantes y situada a 90 kilómetros de La Plata. En los primeros setenta, una época muy picante en Argentina, Brown iba a entrenar haciendo dedo en la ruta, debido a que no podía costearse el trayecto.

Pasó a vivir en la pensión del club y Bilardo le hizo debutar en 1975 ante River Plate. Jugó 290 partidos con el Pincha en las competiciones nacionales, marcando 27 goles. Después pasó por Atlético Nacional de Colombia y, tras un breve paso por Boca Juniors en 1985 en el que ya renqueaba de la rodilla, meses antes del Mundial había jugado sólo tres encuentros con Deportivo Español. Llevaba tres meses sin jugar un partido cuando Bilardo le convocó para el Mundial y Passarella sufrió una infección.

“Mira que vas a jugar”, le dijo el técnico. Y vaya si lo hizo. Los siete partidos. Además, hizo un gol legendario. En la final contra la vieja Alemania Federal, la de Schumacher, Matthäus y Rumenigge. La que dirigía Beckenbauer. Después se lesionó de gravedad tras dislocarse el hombro en un encontronazo con Hoeness. “Tenía un dolor insoportable y me querían sacar. Le dije al doctor Raúl (Madero) que ni se le ocurriese. Yo había llegado sin tener equipo… ¿cómo iba a salir de la cancha? Me tenían que sacar muerto porque no iba a haber otra manera”, contó Brown en una entrevista hace unos años.

El soldado Brown le hizo un agujero a su camiseta y metió el brazo para mantenerlo inmovilizado. Siguió en el campo, ganaron el Mundial y ‘El Tata’ pasó a ser propiedad de todos. Fue el mayor representante del fuego sagrado, de la actitud ganadora y la mística mundialista. Del no rendirse nunca en la cancha.

“Vos nunca te quejabas de nada, Tata. Estabas siempre con buena onda. Aunque sabías que no ibas a ser titular en México, te entrenabas durante los viajes, en los pasillos de los aviones, para recuperar tu rodilla. Incluso no tenías equipo en aquel momento, ¿te acordás? Pero eras vos el que nos dabas fuerzas a todos nosotros, y no al revés. Terminaste teniendo uno de los mejores promedios del equipo durante el Mundial. Incluso la lesión en el hombro, en la final con Alemania, te quedó para toda la vida […] ¿Te acordás lo que te decía antes de cada partido? ¡Dale Tata, que si vos jugás bien, yo juego bien!”. Estas fueron las palabras que, hace unos meses, publicó en sus redes sociales Diego Armando Maradona tras conocerse que Brown no pasaba un buen momento de salud.

A su entierro, el pasado martes 13 de agosto, acudió gran parte de sus compañeros del Mundial de 1986. Todos ellos cargaron con su féretro para acompañarle a su encuentro con Cucciufo.