Su esfuerzo les ha supuesto cambiar el rol. De luchar por mantenerse en cada escalafón a ser uno de los clubes con mayor crecimiento de Brasil. Y lo más importante, han sobrevivido a nivel institucional a los problemas económicos que les han acompañado a lo largo de su historia. Estuvieron a punto de caer en bancarrota y a su consecuente desaparición. Por el contrario, su gestión y planificación se ha convertido un ejemplo para todo el fútbol de su país. En 2009 ocuparon la tercera plaza del Campeonato Brasileiro de la Serie D. Ascendieron a la Serie C, pero no sería hasta 2012 cuando accedieron a la B. Tan solo un año después protagonizaron la proeza de llegar a la Serie A por medio de un empate ante Guaratinguetá.

El fútbol es sentimiento y carece de sentido sin su afición. El origen del club está ligado con la pasión de los residentes de Chapecó por este deporte. Tras diversas reuniones en las que cuestionaron el rumbo que debía tomar la región en el ámbito futbolístico, decidieron fundar uno nuevo el 10 de mayo de 1973. Lo hicieron tomando como punto de partida los dos equipos aficionados que existían en la zona y que habían decidido fusionarse. Alvadir Pelisser y Altair Zanella, por parte de Independiente, y Lorário Immich y Vicent Delai, por la de Atlético Chapecoense, se situaron a la cabeza de la dirección. Esta unión recibió el apoyo unánime de los empresarios de la ciudad. Veían delante suya una posibilidad única de expansión y de crecimiento teniendo como referente al club recién fundado.

Ante todo, no estaban solos. Si hay algo que identifique la naturaleza humana es su capacidad de involucrarse en los momentos difíciles. Desde que sentaron las bases del nuevo proyecto recibieron infinidad de muestras de apoyo. Empresarios y políticos, como el influyente Plinio Nes, querían demostrar su lealtad incondicional. Un hombre de negocios aficionado al fútbol les proporcionó, de manera gratuita, las primeras equipaciones de juego que vestirían. Se trataba de Ernesto Marco, propietario de Victoria Casas. Otros donaron materiales necesarios para el funcionamiento del equipo, desde los meramente deportivos, para el entrenamiento diario, hasta los que favorecerían la actuación desde los despachos. La Asociación Chapecoense tomó fuerza con la aportación de todos los amantes del fútbol.

Lorário Immich, originario de Atlético Chapecoense, se erigió como el primer presidente. En lo deportivo, la plantilla estaba compuesta por ciudadanos de Chapecó. Había chóferes, porteros, hombres de mantenimiento, etc. No tenían un salario asignado. Los fondos iniciales eran ínfimos y su compromiso no era otro que el amor al escudo que portaban.

Pronto descubrieron que habían acertado con su forma de proceder. En 1977, jugando en el Estado de Santa Catalina, Chapecoense sorprendió logrando el torneo estatal. La faceta deportiva mejoraba a la económica. El reclamo popular vino acompañado de la participación en la Primera División del Campeonato Brasileño. En ese instante, el alcalde de la ciudad comprendió que la afición necesitaba un estadio que pudiera albergar los entrenamientos y partidos. En tiempo récord, en tan solo ciento cincuenta días, se levantó el Regional Índio Condá haciendo honor a los orígenes de la región. Asimismo, decidieron que la mascota debía ser una figura indígena.

Desde su fundación, el club tuvo que hacer grandes esfuerzos para sobrevivir a la precaria situación económica. De hecho, en 2003, se vio obligado a cambiar de nombre como consecuencia de una grave crisis. La Asociación Chapecoense Kindermann/Mastervet tan solo estuvo en vigor un año. Al siguiente, en 2004, recuperó su nomenclatura originaria tras una reestructuración que marcó el inicio de una etapa de éxitos. Entre ellos se encuentra el título de la Copa Santa Catarina en 2006 y 2007. Sin embargo, estos trofeos quedan en un segundo plano cuando se convierte en el primer club en ascender en todas las divisiones posibles del Campeonato Brasileño.

El mes de noviembre de 2013, Chapecoense se hizo mayor dando el gran salto a la Serie A del fútbol brasileño. El artífice del éxito fue Gilmar Dal Pozzo, quien en apenas doce meses logró llevar al equipo de la C a la A. A pesar del interés de clubes de renombre como Gremio, no sucumbió a los encantos de la oferta y prefirió continuar con el humilde pero ilusionante proyecto. Otro de los nombres propios ha sido Bruno Rangel. Un habitual de Santa Catarina que nunca llegó a ser el actor principal de la plantilla. 2013 fue su año y lo demostró anotando más de treinta goles en treinta y cuatro partidos. Una cifra que le convirtió en el máximo goleador de la historia de la serie B en un año. Tal carta de presentación le ayudó a poner tierra de por medio para probar fortuna en Catar en el Al-Khor.

Hace apenas unas temporadas estos de ‘verde’ eran desconocidos en su propia tierra. Se han ganado un hueco en un país cuya historia se escribe a golpe de balón y al ritmo de samba. Su receta para el éxito está compuesta por ingredientes sencillos que hay que saber combinar. La base se construyó en la Serie C, se sazonó en la B donde se enriqueció con algunos nombres propios. El veterano Nivaldo, el propio Rangel y otras piezas imprescindibles como Rafael Lima, Vanderson o Athos son solo algunos de ellos. En definitiva, equilibrio de condimentos que no tendrían el mismo sabor sin el recipiente que los cobije, la afición. Ni sin un chef que los combine: la directiva.

Las calles de Santa Catarina se tiñeron de color esperanza el día del ascenso. Brasil supo quién era Chapecoense. El fútbol sabe quiénes eran estos de verde.