Cuando Malcom tenía ya el billete sacado, las maletas hechas y casa buscada en Roma, apareció el Barça. Y claro, si un club así se cruza en tu camino no te queda otra que cambiar de destino e ir allí. Quién sabe si esos trenes pasarán una sola vez en la vida, aunque si uno es buen futbolista y mantiene la paciencia necesaria, es posible que antes o después la oportunidad vuelva a llamar a la puerta. En todo este fichaje y la única temporada del brasileño en la liga, parece que el que menos culpa de todo tiene es Malcom. Ni una mala cara o noticia pese a estar más tiempo en el banquillo que sobre el verde y en medio, parece, de una disputa entre el técnico y la dirección deportiva, dejando de lado que se trata de un gran futbolista.

En casos así, da la sensación de que el propio jugador es totalmente secundario. Da igual las cifras que se hayan pagado (41 millones le soltó al Barça al Girondins), que sea uno de los jugadores con más proyección de su edad o que su pierna izquierda sea un cañón. Todo eso da igual. ¿Quién firmó a Malcom? Parece que Valverde no lo pidió y que fue la dirección deportiva quien apostó por su llegada. El resultado es el conocido, una guerra entre dos bandos que ha terminado con la absoluta marginación del brasileño. La sensación que debe tener la afición del Barça es agridulce, pues el club ha logrado no perder dinero con su venta pero Malcom sí estaba para ser importante en el equipo catalán, tanto por edad como por calidad.

El zurdo debe sacar conclusiones de todo esto. La primera es que hay más trenes, es muy probable que si vuelve al nivel que compitió en Francia, vuelvan a llamar a su teléfono los grandes clubes del continente. De eso no hay ninguna duda. En esta película habrá más de un malo y quién sabe si el brasileño no ha dado el nivel en los entrenamientos o su actitud no ha sido la adecuada, aunque esto último parece bastante alejado de la realidad. Sus lágrimas en San Siro tras marcarle al Inter o sus escasos minutos jugando en la izquierda, donde no es ni la mitad de bueno, son de los pocos recuerdos que deja el zurdo a su paso por Barcelona. Incluso, lo normal es que tras anotar y ser importante en Copa ante el Real Madrid las oportunidades le llegaran. Ni eso. Esa falta de actividad le borró de la Copa América, de la cual habría salido campeón. 

Posiblemente Malcom llegó al Barça en el peor momento posible. Con una dirección deportiva dando palos de ciego, todavía sin superar el adiós de Neymar y tras el rechazo de Griezmann. Quizá en otro momento, y en otras condiciones, se hubiera convertido en un jugador con minutos y no se hubiera desplegado esa sensación de ostracismo que ha mostrado. Los grandes se equivocan con facilidad y les da igual invertir 40 millones y perderlos, aunque este no es el caso. Así ha sido el destino con Malcom, el cual tenía pie y medio en Roma y ahora pone rumbo a un Zenit para el que hace tan solo un año no se hubiera imaginado defender su camiseta. ¿Y si hubiera anotado 15 goles en Roma? Quién sabe. El fútbol tiene estas historias, todo depende de saber qué camino tomar y de tener, además, un poco de fortuna.