Hace tan solo un par de meses, en febrero, el Real Madrid visitó Pamplona para medirse a Osasuna en su correspondiente partido de liga. Ya sabéis lo que son este tipo de duelos, tensión histórica, un Sadar que juega un papel fundamental y los medios de comunicación que se multiplican por tres, para el asombro de los que somos habituales cada dos semanas en el estadio navarro. Llegué al campo cuando calentaban ambos equipos. Ahí, sobre el césped, estaba Roberto Carlos trabajando para Real Madrid Televisión. Desde la lejanía me dio la sensación de que estaba para jugar, después conforme se acercó hasta las cabinas de radio y televisión la sensación cambió. Aunque en muchas ocasiones su físico ya no les siga, algo lógico ya que se retiró hace varios años, lo que sí mantienen esta clase de jugadores es ese aura divino. Ese magnetismo que nada más verlos te das cuenta de lo buenos que eran, podrían tener 60 años que seguirían desprendiendo esa misma sensación. En este caso, el de Roberto Carlos, estamos ante el mejor lateral izquierdo de la historia. Palabras mayores.

Cuando el zurdo militaba en la liga española recuerdo que las críticas de la opinión pública eran notorias hacia el brasileño, sobre todo cuando su equipo perdía. Se decía que Roberto Carlos no defendía, algo parecido que años después se ha ido diciendo sobre Marcelo o Dani Alves. ¿Y qué? Si uno cuenta con un futbolista tan sobrado en el aspecto ofensivo, como es el caso, no debe caer en la trampa de pensar solamente en el aspecto defensivo. Tener a Roberto Carlos significaba que el sistema de juego, en gran medida, dependía de las cualidades de un jugador así. A la larga, iba a aportar más de lo que podía restar. ¿Hay laterales más fiables en el aspecto defensivo? Por supuesto. Pero como el brasileño no ha habido otro en la historia, a mi dadme siempre el bueno, con sus pros y sus contras. Y si no que se lo digan al Inter de Roy Hodgson, el cual fichó a Pistone para suplir a Roberto Carlos. Ya sabéis, el Inter y sus cosas.

Podríamos estar aquí enumerando todos los highlights que ha dejado su trayectoria, hay tantos que no sabría por dónde empezar. Más allá de sus goles gracias a su gran golpeo de balón, de Roberto Carlos siempre me quedaré con su superioridad física en carrera. Iba tan sobrado el cabrón que le dejaba ventaja al extremo rival, aunque le sacara diez metros de distancia solía recuperar la posición y se anticipaba a cualquier balón dividido. Tras salir del Real Madrid su carrera fue tan extraña que también daría para escribir varias páginas. En primer lugar se fue al cementerio futbolístico llamado liga turca, allí con el Fenerbahçe se cargó a un gran Sevilla en los octavos de la Champions League. Sus últimos momentos sobre el césped fueron maravillosos: firmó por una millonada por el Anzhi, se convirtió en capitán y terminó como jugador-entrenador. Futbolistas como Roberto Carlos siempre estarán observados con lupa, por muy buenos que sean hay a muchos que lo poco cotidiano les asusta. Menos mal que en el mundo del fútbol hay vida más allá de los Hodgson.