El arte que hace puro al delantero es el de saber perseguir los balones aéreos con la mirada, corriendo tras su estela por esos márgenes invisibles que no alcanzan las luces de los focos, de modo que cuando la pelota cae, tu pie ya está ubicado en las coordenadas exactas para irrumpir desde la penumbra y empalmarla de primeras. Click. Sigiloso y despiadado. El crimen perfecto, que de tan improvisto no le concede a la víctima ni el derecho al último grito.

[quote]Por muy firme que venga pujando Robert Lewandowski, los datos, hoy por hoy, no engañan: Pizarro sigue siendo el extranjero que más goles ha celebrado en la historia del fútbol alemán[/quote]No pudo llegar de otra manera el tanto con el que Claudio Pizarro se subió este fin de semana hasta el séptimo escalón de la clasificación histórica de los máximos goleadores de la Bundesliga. Corría el minuto 58 de partido cuando Santiago García, lateral argentino del Werder Bremen, cortó la entrega de un jugador del Augsburgo y se lanzó con todo hacia delante, dispuesto a jugarse la vida más allá del centro del campo. En pleno galope por territorio comanche, el zaguero alzó la vista y le pareció ver una sombra desmarcarse a la espalda de un contrincante. Ya se sabe que el defensa, al sumergirse en campo contrario, suele ser atacado por los nervios, como cuando te sientas por primera vez en el sofá de tus suegros. Así que García se sacó de encima el marrón en cuanto pudo, con tanta mala suerte que la puso con música en el área. Y por ahí apareció el ‘14’ peruano, chamán de los envíos al espacio, que se quitó el traje de camuflaje de un plumazo y dejó suspendida en el aire su bota derecha para que el balón rebotara en ella y saliese disparado hacia las entrañas de la portería. Un gol tan sencillo como innegociable.

“Soy un pillo. Me lo dijo una vez Uli Hoeness y creo que tenía razón”. Así se autodefinió Claudio Pizarro recientemente en una entrevista que le hicieron nuestros compañeros de 11freunde. La cita no proviene de un granuja que aun hacía campana hace dos telediarios, no. La frase nace en el cerebro de un padrazo de 37 años que desembarcó por primera vez en el fútbol teutón en el ya lejano 1999. Un veterano, sin embargo, que ha sabido mantener intacto su olfato para lo travieso. Porque no todas las gamberradas son siempre improductivas. “Un pillo es aquel que está atento a todo, que lo ve todo, tanto en el campo como fuera… ¡incluso en la Oktoberfest! Y que luego saca el máximo beneficio de esa situación. Creo que es algo que ya me traje de Perú cuando llegué a Alemania y que en todos estos años no se me ha olvidado”, aseguraba el ariete en esa misma conversación.

Pizarro abandonó su país de origen después de viciarse por primera vez al gol en el Club Alianza Lima. Tal era el berrinche que tenía contra las redes contrarias que llegó a perforar cinco en un mismo partido de la liga peruana, en el que casualmente asistieron como ojeadores varios miembros del Werder Bremen. En un santiamén, el ‘Bombardero de los Andes’ ya estaba firmando un contrato escrito en alemán. Su impacto en la Bundesliga tampoco se hizo de rogar. En su curso de estreno acabó entrando en el podio de los goleadores más prolíficos del torneo. Futbolista de difícil etiquetaje, por no tener mucho de nada pero presumir un poco de todo, se ganó la aprobación de los grandes de Europa a base de intangibles como el saber apañárselas de maravilla en los últimos metros del campo, ese sitio en el que los acontecimientos se precipitan de golpe y nada dura más de dos segundos.

Aunque en la temporada 2007-2008 quiso afinar su puntería en la galería de tiro de Stamford Bridge, la mayor parte de la trayectoria de Pizarro ha transcurrido en Alemania. No hay otro punto en el mapa en el que hayan comprendido mejor los compases que rigen el juego del de Bellavista, un delantero de traza especial, acostumbrado a ganarse el sueldo del mes destapándose solo en los instantes más calientes de cada encuentro. Dando saltos continuamente del norte al sur de la República Federal germana; de Bremen a Múnich y vuelta a empezar; así es como ‘El Conquistador’ ha ido labrando su imperio de devotos en una tierra en la que son pocos los que entienden su acento pero muchos los que saben de lo que es capaz.

“¿En qué me he alemanizado? Ahora soy más disciplinado. Y bastante más puntual. Un pillo puntual: esa es la mezcla que me hace fuerte”, comenta el jugador, que se ha instalado de nuevo en el Weserstadion dispuesto a que no se le pronuncien las canas balompédicas. El péndulo no parará de balancearse hasta que el pícaro peruano deje de empalmar una chiquillada tras otra. Por muy firme que venga pujando Robert Lewandowski, los datos, hoy por hoy, no engañan: Pizarro sigue siendo el extranjero que más goles ha celebrado en la historia del fútbol alemán.