29 de mayo de 2009. Niko, tras apurar las últimas gotas de combustible en el Salzburgo austríaco, hace pública su decisión de colgar las botas. 1 de junio de 2010. Robert, estancado en el Dinamo de Zagreb y alejado del protagonismo de antaño, pone punto y final a su trayectoria profesional. 16 de octubre de 2013. Davor Suker, presidente de la Federación croata de Fútbol (HNS), da a conocer el nuevo cuadro técnico de la selección nacional unas horas después de la dimisión en el cargo de Igor Stimac.

Solo cuatro años, cinco meses y 16 días después, Croacia volvió a amarrar su suerte a uno de sus apellidos más ilustres. Los Kovac llevarán las riendas del combinado en el Mundial de Brasil que se avecina; Niko, el mayor de los dos, como cabeza visible del banquillo, y Robert, fiel allegado, como su mano derecha. La experiencia que ambos han podido recoger en los bancos hasta el momento es limitada; el devenir precipitado de los acontecimientos no ha dado tiempo para más. Las dudas que despierta la decisión de rescate de Suker, por lo tanto, parecen legitimadas. Pero como dicta el dicho político, tan puesto de moda en los tiempos que corren, toda situación excepcional requiere de medidas excepcionales.

Pese a nacer en Berlín, los Kovac nunca dudaron de que su sangre era balcánica. Incluso Niko participó como imagen mediática en varias campañas electorales de partidos nacionalistas croatas

Stimac hizo llegar a los despachos de la HNS su acta de dimisión inmediatamente después de que su equipo perdiera por 0 a 2 ante Escocia en el último partido clasificatorio para la cita mundialista. La selección croata sembró muchas incertidumbres durante la fase de grupos; varios pasos por detrás de la pujante Bélgica, ni el billete para disputar la repesca se asimiló como un soplo de aire fresco en el seno social del país. Demasiada presión para un hombre que nunca pudo dejar de enfrentarse a la sombra de su brillante antecesor en el puesto: Slave Bilic. Así pues, la Federación se vio obligada a mover ficha rápido. Lo hizo. Tras escasas horas del conocimiento de la renuncia, emitió un comunicado oficial en el que anunciaba que “hemos elegido a Niko Kovac como seleccionador interino para los dos próximos encuentros”.

El sorteo de la repesca deparó a los balcánicos un doble enfrentamiento con Islandia, un combinado repleto de jugadores desconocidos aunque dispuestos a no doblar el tobillo. Pero tras superar con victoria y nota la eliminatoria, la calificación de ‘interino’ pasaría a quedar pequeña para Niko Kovac. Croacia no solo se amarraba con éxito al último tren para jugar el Mundial, sino que el rendimiento colectivo del grupo había presentado atisbos para la esperanza, lo que aún parecía más importante.

Cerebro alemán, sangre croata

Niko y Robert, paradójicamente, nacieron y se criaron lejos de las orillas del Mar Adriático. Lo hicieron en las entrañas de un barrio del este de Berlín. Hijos de un matrimonio con pasaporte croata, su familia fue una más de las miles que emigraron a Alemania a mediados del siglo XX con la voluntad de reorientar su destino. La conocida generación de los gasterbeiter (‘trabajadores invitados’), grandes bandadas procedentes de localidades extranjeras que el país teutón decidió reclutar para renovar su economía y sanear sus tradiciones tras el mazazo de la Segunda Guerra Mundial.

Profesionalmente, las trayectorias de los dos hermanos también se sucedieron, durante la mayor parte del tiempo, entre fronteras germanas. Con el paso de los años, Niko, mediocentro puro, se convirtió en todo un ídolo en el Hertha de Berlín. Aunque también probara suerte con escaso éxito en los colosos de Múnich o Leverkusen, en los que coincidió precisamente con su prójimo. Robert, central a la vieja usanza, supo aprovechar mejor las oportunidades de rendir en un grande. Incluso se aventuró a cruzar los Alpes y defender los colores de la Juventus, con la que vivió el sonado descenso administrativo a la Serie B en 2006.

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Pese a la identidad germana de su itinerario a nivel de clubes, ambos no mostraron titubeos al elegir los colores vatreni para defender a una selección en el gran escaparate. Entre los dos, sumaron un total de 167 internacionalidades (83 y 84, respectivamente), siendo ejes fundamentales de las delegaciones croatas que participaron en los grandes acontecimientos internacionales que se sucedieron entre el Mundial de 2002 y la Eurocopa de 2008. La decisión de Suker de colocarlos en la palestra fue sin duda un estímulo patriótico para volver a identificar la grada con un equipo en horas bajas. “Mi mentalidad es alemana, pero mis venas son indudablemente croatas”, aclaró más de una vez Niko en su etapa como jugador. El mayor de los Kovac dejó claro en varias muestras públicas su preferencia nacional, ejerciendo incluso de imagen mediática en campañas electorales de algunos partidos nacionalistas.

Hasta el día de la sonada decisión que los puso al frente de la gran nave croata, a los Kovac les sobraba media mano para contar las veces en las que se habían sentado en un banquillo con smoking y camisa planchada. Niko trató de curtirse trabajando como asistente en el Salzburgo, el club que acogió su retirada. Más tarde, tomaría las riendas precisamente de la sub21 de Croacia, ya con Robert a su derecha. En el cargo estuvieron solo algunos meses, aunque la experiencia les dio para muchas alegrías: cinco partidos ganados de otros tantos jugados, 16 goles a favor y ninguno en contra. Una vez ya dirigiendo a ‘los mayores’, dedicaron unas cuantas semanas a dejarse caer por decenas de terminales europeas para reunirse en persona con sus figuras seleccionables. “Queremos entrar en la cabeza de los jugadores. El talento no es suficiente”. Al fin y al cabo, saben de lo que hablan. Hace muy poco tiempo eran ellos dos los que saltaban al césped a patear el balón. Solo 4 años, cinco meses y 16 días.