La vida, igual que el símil y la metáfora de ella que es el fútbol, es una calle de sentido único en la que no existe la posibilidad de dar marcha atrás, como un reloj que por muchos artilugios que se inventen jamás andará hacia atrás o como un calendario del que se van descolgando hojas; y, asustados por esa vorágine de la inmediatez, muchas veces nos refugiamos en el pasado; como una manta que nos envuelve de calor en el sofá cuando el presente es frío como una noche de invierno o como el edredón bajo el que, de niños, nos escondíamos cuando teníamos miedo. Los recuerdos, en definitiva, son lo único que nos queda cuando casi todo se tambalea como se han tambaleado esta semana los cimientos del Francisco de la Hera, el feudo de un Extremadura Unión Deportiva que vive inmerso en una grave crisis interna que le ha colocado al borde del precipicio, de la desaparición; aunque los penúltimos capítulos del cuento parecen encaminar la trama hacia un final feliz. O, por lo menos, no tan dramático como el que ya se escribió en Almendralejo en 2010 con la desaparición del Club de Fútbol Extremadura, el predecesor del actual equipo.

Nacido en 1924, y tras un paso de siete temporadas en Segunda a mediados del siglo pasado, de la 54-55 a la 60-61, el Club de Fútbol Extremadura comenzó a escribir las páginas más gloriosas de toda su historia en la 95-96 al ascender por primera vez a Primera. El equipo de Josu Ortuondo marchaba octavo a falta de dos jornadas por el final del torneo, pero en las dos últimas jornadas avanzó al Toledo, el Alavés y el Badajoz y acabó quinto, consiguiendo el último billete para jugar la promoción porque el Real Madrid B de Guti, cuarto, no podía disputarlo por su condición de filial. En la promoción, el cuadro de Almendralejo se deshizo del Albacete por un doble 1-0, con goles del delantero coruñés Manuel Mosquera y del central sevillano José Tirado. Mosquera, actual técnico del Extremadura Unión Deportiva y, según BDFutbol, el jugador que disputó más partidos (479) y celebró más goles (109) con la elástica del desaparecido Extremadura, y Tirado fueron, de hecho, los dos máximos goleadores de ese equipo, con 20 y 11 tantos. Antonio López Alfaro (7), uno de los artífices del nacimiento del Albacete de Benito Floro, el Queso Mecánico, fue el tercer máximo artillero de ese Extremadura que ascendió junto al Hércules y el Logroñés, mientras el Mallorca se quedaba en Segunda División al hincar la rodilla ante el Rayo Vallecano en la promoción.

 

Tras un paso de siete temporadas en Segunda, el Club de Fútbol Extremadura comenzó a escribir las páginas más gloriosas de toda su historia en la 95-96 al ascender por primera vez a Primera

 

En la 96-97, ya en Primera División y sin Manuel (Compostela), el conjunto extremeño arrancó la liga encadenando siete derrotas. De los primeros 18 partidos apenas pudo ganar uno: frente al Real Zaragoza (2-1), con doblete de un Igor Gluščević que ya no volvería a ver portería en la liga. El equipo se encontraba a nueve puntos de la salvación, exactamente los mismos que había logrado hasta ese momento, pero en enero se rebeló contra quienes le daban por muerto, casi todos, y entre la jornada 19 y la 35 sumó nueve triunfos y cinco empates, entre los que destaca el que logró en el Francisco de la Hera frente al Madrid, a la postre campeón con dos puntos de ventaja sobre el Barça de Ronaldo, pichichi de esa liga de 22 equipos con 34 goles. El conjunto de Ortuondo incluso celebró dos triunfos por 3-0, ante el Espanyol, con goles de Walter Silvani, José Antonio Padilla y Virgilio Ferreira, y el Logroñés, con goles de Pedro José Lorenzo, Carlos Alejandro Duré y Quique Estebaranz. Duré y Silvani fueron los máximos artilleros del equipo, con ocho y siete dianas, por delante de Javi Pineda (4); en un equipo en el que también sobresalían, además de los citados, jugadores como Antonio Álvarez (‘Ito’), Óscar Montiel, Juanito Rodríguez, José Ignacio Soler, José Horacio Basualdo, José Cortés o el ‘Mono’ Navarro Montoya. El Extremadura, que en la Copa consiguió un histórico 5-1 ante el Mérida, incluso llegó a salir de las posiciones de descenso, pero perdió cinco de los últimos siete partidos y acabó decimonoveno; a un solo punto de la promoción y de un Rayo que, esta vez sí, acabó descendiendo después de perder ante el Mallorca.

El Extremadura perdió la categoría junto al Sevilla, el Hércules y el Logroñés, además del Rayo, pero aquel verano Rafa Benítez cogió el timón del equipo y le catapultó hasta la segunda posición y al segundo y último ascenso a Primera. Gluščević, con 24 tantos que le servirían para ser pichichi, con tres más que ‘Turu’ Flores (Las Palmas) y para firmar por el Sevilla en verano, fue el gran referente de aquel Extremadura, que subió junto al Alavés y un Villarreal que en la promoción venció al Compostela. Por aquel entonces, Manuel Mosquera ya había vuelto del Multiusos de San Lázaro y volvía a jugar en el Francisco de la Hera.

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En la 98-99, al igual que en la 96-97, el Extremadura malvivió todo el curso en el alambre. Hasta siete equipos, incluido el Real Madrid, superaron los 53 goles en contra que encajaron Ronny Gaspercic y Francisco Amador, pero los registros ofensivos condenaron al equipo de Benítez, el menos goleador del campeonato (27). Duré, de nuevo, y Toni Velamazán, con solo seis goles, fueron los máximos artilleros de un Extremadura que justo antes de la última fecha era 18º. Pero en la última jornada el equipo empató ante el Villarreal y el Alavés lo adelantó tras vencer a la Real Sociedad y lo envió a la promoción, en la que cayó por un doble 2-0 con el Rayo; descendiendo junto al propio Villarreal, el Tenerife y el Salamanca.

Como el Salamanca, el Club de Fútbol Extremadura ya no volvería a actuar en los grandes teatros del país. El conjunto de Almendralejo, una ciudad de la provincia de Badajoz de tan solo 33.000 habitantes, acarició un nuevo ascenso a Primera en la 99-00, de nuevo con Ortuondo en el banco, pero se hundió en las últimas jornadas, acabando octavo, y pronto entró en una debacle económica, deportiva e institucional que llevó al club a Segunda B al término de la 01-02 y, finalmente, a la desaparición, en 2010.

 

En 2007, de las cenizas del desaparecido Extremadura, nació el Extremadura Unión Deportiva, que consiguió que el fútbol profesional regresara a Almendralejo de la mano de jugadores como Enric Gallego, Kike Márquez o ‘Willy’ Ledesma

 

En 2007, de las cenizas del desaparecido Extremadura, 51º en la clasificación histórica de Primera, justo por delante del también extinto Club Deportivo Mérida, nació el Extremadura Unión Deportiva, que en la 17-18 consiguió que el fútbol profesional regresara a Almendralejo al celebrar su primer ascenso a Segunda; de la mano de jugadores como Enric Gallego, Kike Márquez, ‘Willy’ Ledesma, Gio Zarfino y Jairo Izquierdo, entre otros. El equipo se estrenó en la categoría de plata con un meritorio 13º puesto, gracias, en gran parte, a los 15 tantos de un Enric Gallego que fue pichichi de la liga hasta la 37ª jornada a pesar de haber sido traspasado al Huesca a mitad de curso; pero la temporada pasada el Extremadura fue 21ª y se despidió de la categoría con un descenso que, como ya pasó con el de la 98-99, ha hecho mucho daño.

Y hoy, mientras el Francisco de la Hera se debate de nuevo entre su particular ser o no ser, mientras la ciudad espera que se evaporen las negras nubes que han cercado el estadio en los últimos días, Almendralejo se refugia en el recuerdo de esas tardes bonitas; como esa manta que nos envuelve de calor en el sofá cuando el presente es frío como una noche de invierno. “Deberíamos usar el pasado como trampolín, y no como sofá”, dijo Harold MacMillan, primer ministro de Reino Unido entre 1957 y 1963, con razón, pero cuando la vida amenaza con quitarte el presente y el futuro lo único que te queda, que no te puede ser arrebatado, es el pasado, y no queda otra que refugiarse en él y sobrevivir en los cromos de Duré, Silvani e Ito y en los goles de Mosquera y Gallego.

 


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