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La historia de Luis Fernández con el Athletic de Bilbao acabó en el verano de 1999. “Un club que destaca por su profesionalidad, donde todo el mundo quiere trabajar”, aseguró el técnico. “Aquel era un grupo de jugadores con talento, comprometidos y esforzados”, recordaría años más tarde en relación al equipo. Fueron cuatro temporadas de sentimientos comunes que al club vasco le devolvieron la consideración en Europa y al técnico le aumentaron el estatus.

Aquella había sido la segunda experiencia en banquillos de primer nivel para Fernández, tras estrenarse en el humilde Cannes y llevar luego al Paris Saint-Germain a conseguir la Recopa en 1996, único título europeo de los parisinos hasta esa fecha. Un PSG que, según cuenta la historia, sufriría su marcha.

El PSG de los 90

Gracias al dinero de Canal+ y a un proyecto cimentado en entrenadores como Artur Jorge o el propio Luis, futbolistas nacionales como Lama, Le Guen, Guerin, Djorkaeff o Ginola y aciertos extranjeros como Raí, Valdo o Weah, el PSG fue uno de los mejores equipos de la primera mitad de los 90, algo que podrían confirmar rivales como el Barça de Cruyff o el Real Madrid de Floro. Pero tras perder la segunda final de Recopa jugada de manera consecutiva, dejaría de ser lo mismo.

En 1997, el PSG dirigido por el brasileño Ricardo Gomes había alcanzado la final y conseguido un segundo puesto en liga. Los dos siguientes cursos saldrían de la plantilla figuras como Leonardo o el idolatrado Raí, y fichajes internacionales como Wörns o Simone no cuajarían. Para la 98-99, por el banquillo pasaron la leyenda Giresse y el retornado Jorge, antes de que Philippe Bergeroo acabase el ejercicio con el equipo fuera de Europa por segundo año seguido.

A pesar de la deriva, el PSG aún era el club con más presupuesto de la liga francesa, con cifras que rondaban los 12.000 millones de pesetas anuales, lo que posibilitaba una renovación cíclica: la plantilla sería nuevamente reforzada con jugadores al alza. Para arropar al virtuoso Okocha, el emergente Robert y otros de probada fiabilidad como el goleador Christian o el medio de 31 años Benarbia recalarían en la entidad. Con ellos en nómina, Bergeroo consiguió devolverle el subcampeonato al PSG. Resultó una mejora fugaz.

Iniciado un nuevo curso de manera aceptable, desde noviembre los de la capital encadenaron seis derrotas y un empate en la competición doméstica, situándose décimos, a ocho puntos del líder, después de caer 5-1 frente al Sedán en la jornada 19. Tratándose de un club de tamaño potencial económico, la presión generada a causa de los resultados forzó la renuncia de Bergeroo.

Y quién mejor para recuperar la senda de la victoria que el último técnico ganador en el PSG, pensaría el presidente Laurent Perpère. Así volvió el exfutbolista y entrenador Luis Fernández al otro club amado en su carrera.

Luis Fernández regresa al PSG

El 3 de diciembre del 2000, el nuevo técnico del PSG comparecía ante los medios por primera vez, asegurando estar “orgulloso de regresar al club que siempre amé. Este es uno de los mejores momentos de mi carrera como entrenador. Venir a la capital de Francia y a este equipo es de lo mejor que le puede suceder a alguien que se dedique a entrenar. Hay que dar confianza a la plantilla, porque hay calidad y potencial”.

Pese a la mala racha, lo cierto es que el equipo sí tenía ese nivel apreciado por Fernández. Hombres como Letizi en la portería, Déhu y Distin en la zaga, los citados Benarbia, Robert y Okocha en el centro del campo y delanteros como Christian o el fichaje estelar de ese verano, Anelka, habían permitido que el PSG siguiese vivo en la Liga de Campeones. Tras clasificarse en el grupo de Bayern de Múnich, Rosenborg y Helsinborg, a esas alturas estaba inmerso en un segunda fase junto a Deportivo de la Coruña, AC Milan y Galatasaray, con una derrota contra los españoles como único resultado.

Pero esta no era una planificación hecha por Fernández, quien no tardó en acudir al mercado invernal para modificar el equipo. El fino volante de 21 años Dalmat salió hacia el Inter, desde el que llegó el experimentado Vampeta para ese mismo puesto, en calidad de cedido. También se consiguió el préstamo del español De Lucas, procedente del Espanyol. Aunque las dos principales peticiones del técnico serían sus conocidos Pochettino y Arteta, centrocampista que a esas alturas no disponía de oportunidades en la primera plantilla del Barça, club a cuyas categorías inferiores llegase procedente de la Real Sociedad pocos años antes. “Muchacho, nos vamos a París”, contaría Arteta que, para su sorpresa, le espetó Fernández en su llamada.

Madurado bajo la ética de trabajo de Bielsa en Argentina, a sus 27 años el central Pochettino se convirtió en indiscutible desde su llegada, manteniéndose en el PSG las dos temporadas y media que durase el técnico. Un Fernández que reveló que su sueño era “encontrar jugadores como Pochettino, que se integren totalmente en su club”.

Por su parte, la recién estrenada mayoría de edad de Arteta no impidió que se hiciese con la manija del equipo. Con Mikel no se extrañaría a Dalmat y, el año siguiente, ya prolongado el contrato de cesión del español, la entidad podría permitirse vender a Luccin, joven llegado ese mismo curso con cartel de mejor organizador galo del futuro.

Sobre su relación con ‘Poche’, Arteta recordó más tarde que “él era el capitán y yo estaba empezando mi carrera. Realmente se preocupaba por mí. Era como mi padre, me protegía y llenaba de consejos útiles. No he conocido a mejor persona en toda mi carrera”. Si se analiza la mentalidad de Fernández, no ha de extrañar que, más allá del nivel técnico o de la experiencia, sus dos primeras peticiones fuesen los futbolistas centrales de su PSG.

El dogma de Fernández

Durante la década de los 80, Fernández fue un futbolista sufridor, que supo cubrir con oficio sus carencias técnicas. Esa manera de proceder le permitió compartir centro del campo con hombres de la talla de Giresse o Platini en una Francia campeona de Europa. Como entrenador, el apodado ‘Francés de Tarifa’ proponía un fútbol combinativo, acaso similar al que había conocido en su etapa vestido de corto. Él respetaba el talento, algo innegable si se repasa el rendimiento a sus órdenes de Raí, Valdo, Ginola, Guerrero o el propio Okocha. Pero a consecuencia de lo que fue como futbolista, su condición para dirigir un equipo era que, ante todo, el jugador tenía que ser escrupulosamente profesional, dentro y fuera del campo. Para Fernández, llevar una vida ordenada y acudir a los entrenamientos en perfectas condiciones tanto físicas como mentales no era algo a negociar por el jugador, independientemente de la dimensión que este tuviese. No hacía concesiones ni para sí mismo.

Sin duda, con sus exigencias Fernández buscaba equidad para el grupo. Una filosofía que casó perfectamente con los caracteres tratados previamente en el País Vasco, con los de tipos curtidos como Dehú, Pochettino, Raí y Weah o con los de otros jugadores de perfil más laborioso que técnico. Pero enfrentado en su nuevo PSG a futbolistas acaso inmaduros en lo personal, jóvenes que explotaron su talento con menos ataduras en anteriores equipos, ese rígido control acabaría por condenarlo.

Llega Fernández y sale Robert

Luis Fernández se estrenó con victoria ante al Metz, merced al séptimo gol de Anelka en la competición. En sus seis primeros meses en el banquillo, el equipo no consiguió pasar la segunda fase de grupos de la Liga de Campeones y acabó noveno en una liga conquistada por el Nantes dirigido por Denoueix. Esta plaza daba acceso a la Intertoto, competición que ganaría en la final al Brescia de Baggio, accediendo con ello a la Copa de la UEFA 01-02.

En su primera planificación completa, el equipo perdió piezas importantes, como Distin, Rabésandratana o Luccin. Pero en el apartado de salidas, la más sensible fue la de un Robert que firmase 18 goles en el ejercicio. Y es que con su venta al Newcastle empezaron formalmente los problemas de Fernández con los futbolistas llamados a liderar los proyectos del PSG.

Para marzo, Bernarbia y Robert ya habían perdido protagonismo y anunciaban que querían dejar el equipo. El argelino aseguró que “ocurra lo que ocurra, mi paso por el PSG toca a su fin”. Las declaraciones de Robert a Le Parisien, tras ser sustituido contra el Toulouse en la jornada 28, evidenciaban lo tenso de la situación. “En el descanso Luis me criticó por disparar mucho a puerta. Es extraño, porque algunos de mis compañeros me dijeron que era el único que intentaba cosas. Desde que llegó me ha estado observando. Siempre encuentra excusas para dejarme en el banquillo, o me hace jugar lesionado. No tengo diálogo con él, me falta al respeto y me trata como un niño, cuando soy padre de familia”.

Acabada la temporada de clubes, un Robert de 25 años ganó la Copa Confederaciones con Francia, pero este éxito no cambiaría la opinión de Fernández. Tiempo después, el zurdo recordó toda aquella etapa en una entrevista concedida a Foot D’Avant: “Bernarbia y yo llegamos la misma temporada. Él jugaba en el centro del campo. Con su pase y mi velocidad fuimos muy complementarios. Durante la temporada 99-00 hubo un equipo de amigos. Mi relación con Bergeroo era excelente. Es un señor que fue campeón del mundo en 1998 [era parte del cuerpo técnico]. Cuando te hablaba de fútbol, lo escuchabas. Aprendí mucho con él. Me llevó al siguiente nivel en mi carrera […] El equipo bajó porque hubo un cambio de entrenador tras la derrota en Sedán. En ese momento yo era el máximo goleador de la liga, con 12 goles. Llegó Luis Fernández. Al principio fue bastante bien, pero luego me sacó del grupo. Esas tensiones se reflejaron en el equipo […] Luis tuvo discusiones con todos los jugadores de talento desde que llegó”.

Ya sin ambos, para la 01-02 aterrizaron en el equipo el lateral de 34 años Cristóbal, el polivalente zurdo Heinze y el organizador de juego Hugo Leal, todos ellos procedentes de una liga española que Fernández admiraba. Los tres serían importantes en adelante. El pase del ariete Christian al Girondins fue cubierto con los también brasileños Aloísio y Alex Días, delanteros que no cumplían las exigencias goleadoras de un equipo que aspiraba al primer escalón, como sus pobres cifras indican.

En los planes de Fernández, todos ellos eran fichajes de nivel medio que pretendían ser el armazón que permitiese brillar a los tres futbolistas imaginativos de la plantilla: Okocha, Anelka y un Ronaldinho firmado mediada la temporada anterior pero que, por desavenencias legales con el Gremio, donde tuvieron que intervenir los tribunales brasileños y la FIFA, empezaría tarde la 01-02. Una vez incorporado, el ‘canarinho‘ de 21 años entró progresivamente en el engranaje del PSG, a medida que recuperaba la forma y se aclimataba al fútbol europeo. Pero antes de que Ronnie se asentase en el equipo, el problema irresoluble de este curso se daría con Anelka.

Anelka también se marcha

En febrero de 1996, un Anelka de 16 años había jugado dos partidos en el PSG a las órdenes de Fernández. Tras su paso exitoso por el Arsenal y fallido por el Real Madrid, el delantero francés volvió a su club de origen. En 1999, Lorenzo Sanz había pagado 5.500 millones por Anelka, convirtiéndolo en el fichaje más caro de la Liga. Meses después, el PSG lo recuperaba por poco menos, cantidad que habla de las expectativas puestas en el delantero de 21 años.

Los 13 goles en todas las competiciones de su primera temporada de retorno no parecían mala cifra. Pero el equipo cosechó siete empates y una derrota en las primeras nueve fechas ligueras de la 01-02, Anelka hizo solo dos goles en estos partidos y acabó en el banquillo tras pedir a Fernández que fuese más ofensivo, una disputa entre ambos recogida por France Football.

Poco amigo de contentar a los jugadores que se pensaban por encima del colectivo o del entrenador, Fernández dejó fuera al delantero tras la derrota contra el Troyes y el empate en Guingamp de las fechas 13 y 14, respectivamente, arguyendo una supuesta lesión del futbolista. Tras las ausencias contra el Nantes en liga y el Rangers en Europa, Anelka manifestó que había “vuelto al grupo. Ahora habrá que ver si juego de titular o no. Luis cuenta conmigo para jugar contra el Glasgow Rangers”.

Finalmente fue suplente aquel 6 de diciembre que supuso el adiós de los franceses en dieciseisavos de la Copa de la UEFA, eliminatoria sin goles decidida en la tanda de penaltis. Solo un partido liguero más jugaría Anelka con el PSG, convirtiéndose ese mismo mes en la segunda baja de peso a petición del entrenador. “A partir del 21 de diciembre, el atacante internacional parisiense Nicolás Anelka ha sido prestado por el PSG al club inglés del Liverpool hasta el final de la temporada 2001-02”, comunicó el club en su página web.

Ya en Inglaterra, en una entrevista para FourTwoFour, el atacante dijo que “Luis no es inteligente y pierde los nervios con facilidad. Cuando llegó teníamos un equipo joven, con gran potencial, pero lo desmanteló para traer a los suyos. Robert, Luccin, Dalmat… muchos se marcharon por problemas con él. Es alguien que siempre se enfada. Yo no fui el único que discutió con él”. Palabras a las que, desde la distancia, Fernández contestó con un mensaje que no dejaba lugar a la esperanza: “El divorcio se había consumado con los aficionados, con París, con Francia… Se equivocó al regresar al PSG. Él lo sabe y todo el mundo lo sabe”. Anelka no volvió.

Aunque la idea inicial fuese juntar a los dos cracks sobre el campo, la salida de Anelka coincidiría con la titularidad de Ronaldinho. Alarmado por la situación, durante la suplencia del brasileño el seleccionador Scolari se había entrevistado con Fernández, recordándole que era año de Mundial. Con Ronnie ya mostrando su mejor versión en París, el juego del equipo creció en la segunda mitad de temporada.

Para paliar la baja de Anelka, llegaron refuerzos invernales con experiencia dilatada en la Division 1, aunque quizá no con el nivel deseable para mantener la calidad del plantel tras las importantes ventas. Leroy, Fiorese y el canterano Ogbeche rendirían bien en todas las posiciones de ataque.

Un buen PSG, pero breve

En todos los conjuntos dirigidos hasta ese momento, Fernández empleó el dibujo 4-4-2 con un ataque más móvil que posicional. Atrás, el francés ordenaba una línea defensiva en zona, sistema de marcación que en los 90 empezaba a desbancar definitivamente al de tipo combinado, con dos centrales adelantados y laterales de largo recorrido. Posicionados en una suerte de cuadrado, los centrocampistas ocupaban posiciones interiores para asociarse tras los dos atacantes netos, siendo uno de ellos delantero centro, acostándose el otro en cualquier banda.

En cuanto a la propuesta de juego, el nacido en Tarifa transmitía a sus conjuntos conceptos recibidos por Michel Hidalgo en ‘Les Bleus‘ una década atrás, como ya se ha indicado en este texto. A menudo a ras de hierba, los equipos de Fernández pretendían que el balón saliese desde los centrales y pasase por los centrocampistas antes de llegar al ataque, con las irrupciones de los laterales por ambos costados.

En su primer PSG sin Anelka, las figuras de Pochettino como líder en la retaguardia, Dehú como libre defensivo entre la zaga y el centro del campo, Arteta, Hugo Leal u Okocha como generadores de juego, Ronaldinho en el enganche y las aportaciones de Aloísio, Días, Ogbeche, Fiorese y Leroy en la delantera serían habituales.

Años después, Fernández recordó la importancia de Pochettino en su plan de juego, al decir que “tenía la condición de líder. Era un chico apreciado, amado, que respetaba las instrucciones y tenía buena relación con sus compañeros. Hay varios tipos de líderes. Puede que no fuese un líder vocal, pero era un líder técnico, por ubicación y por actitud en el juego. Nunca se escondía y mostraba al resto el camino a seguir. Tenía las condiciones de un defensa con estilo: no era el más rápido, pero sí el más inteligente en sus colocaciones, duelos en suelo o aire, en la anticipación. Mauricio era trabajo, preparación, serenidad y tranquilidad. Era el defensa perfecto”.

Junto a ‘Poche’ formaba habitualmente un central corrector como Heinze u otros menos ágiles pero más firmes, como El Karkouri o el propio Déhu. Delante de ellos, la construcción del juego pasaba siempre por las botas de un Arteta al que no le pesaban la camiseta, el balón o la responsabilidad. Su compañero Domi lo definió como “la técnica y la inteligencia en el juego. Una especie de metrónomo, alguien tranquilo. No hablaba mucho, pero le gustaba reír. En el campo fue un ancla, el verdadero equilibro del equipo. En su juego posicional, en cómo colocar su cuerpo, en la ejecución del pase, en el análisis de las situaciones… Arteta estaba realmente por encima de todo eso”.

Admiración que el defensor francés compartía con el míster, quien lamentó abiertamente que al final de ese curso la directiva no pudiera retener a su ‘metrónomo’, tachándola de incompetente por no actuar a tiempo sobre el derecho de tanteo que se tenía sobre él. “Mikel nunca se escondió detrás de los demás. Ha sido fundamental tanto en la libreta como en el campo. No tenía miedo y, con su actitud, guiaba a los demás. En momentos difíciles, pedía la pelota e inventaba algo”, dijo Fernández.

Si junto a Arteta jugaba Déhu, este no solía participar de la generación. Pero, algo escalonados, al guipuzcoano le acompañarían Cissé, Hugo Leal y Okocha, el futbolista genial de la plantilla junto a Ronaldinho. “Yo jugaba delante de la defensa, encargado de asistir a todos aquellos jugadores por delante: Benarbia, Okocha, Robert, Ronaldinho y Anelka. Luis me insistía en que, por mi posición en el campo, tenía que asumir más protagonismo que jugadores como Okocha o Ronaldinho”, aseguró Arteta para El País.

Arteta y Okocha dominan y se marchan

A punto de salir en verano, Okocha hizo una notable pretemporada y se ganó un puesto como titular la primera mitad del campeonato. La expulsión sufrida en el 2-2 contra el Olympique de Lyon, disputado en octubre, se uniría a una lesión que lo apartaría de los terrenos de juego alrededor de dos meses, tiempo en que Ronaldinho tomaría su rol en las alineaciones.

Una vez recuperado, Okocha marcharía a la Copa de África en el mes de enero. Para su regreso, Fernández lo juntó en muchas alineaciones con un Ronnie que, a su llegada al PSG, dijese que siempre admiró a Okocha y Valderrama. “He mantenido conversaciones muy positivas con Luis Fernández y me ha dado la confianza que necesitaba […] Me lesioné mucho y él no sabía qué hacer conmigo. Ahora nos conocemos mejor, nuestra relación ha mejorado. Hace meses estaba pensando en irme, sin embargo, ya hemos comenzado a hablar de un nuevo contrato”, había dicho Okocha a comienzos de 2002.

La conexión Arteta-Okocha-Ronaldinho en las últimas fechas de la 01-02 arrojó un saldo de tres goles del nigeriano y dos del nacido en Porto Alegre. “Al final de los entrenamientos, Okocha y Ronnie se pasaban ratos sin dejar caer el balón. Parecía irreal. Era verdadera magia”, recordó Domi. Con nueve tantos, Ronaldinho sería el máximo goleador liguero de un equipo que mejoró hasta acabar cuarto, con plaza para una nueva UEFA.

Aproximado el final de curso, Fernández había advertido que “Arteta es una parte importante del futuro y un fiel representante de los valores que quiero introducir en el equipo”. En verano, Okocha y Arteta dejarían de ser parte del proyecto. Sin Arteta, el equipo perdía la referencia; sin Okocha, Ronaldinho quedaba huérfano del único compañero con su misma sensibilidad hacia la pelota.

Para mantener el máximo nivel de aspiración en la 02-03, el PSG pasaba a depender de la influencia de un Ronaldinho que en verano levantaría la Copa del Mundo. “No concibo el PSG sin Ronaldinho. Sea cual sea la oferta, diré que no”, aseguró el entrenador. Pero todo se volvió a torcer.

Los problemas con Ronaldinho acaban con el proyecto

Se planificaba la temporada y, para cubrir las ausencias en el centro del campo, llegaron el ghanés de 29 años Nyarko, el zurdo André Luiz y, en invierno, el veterano Pedron. Pero Fernández pronto se daría cuenta de que a la plantilla le quedaban apenas señales del nivel que tenía a su llegada.

Para colmo, Ronaldinho regresó de Asia con ínfulas de ganador mundial, según contó más tarde el propio técnico tanto en su libro Luis contre-attaque como en entrevistas posteriores para la revista Kaiser o Bein Sports: “Cuando llegó tenía actitud positiva, queriendo escuchar, mejorar y trabajar. Habíamos puesto en torno a él todas las condiciones para que pudiera progresar y adaptarse mejor al fútbol europeo. Por una serie de problemas tuvimos que esperar dos meses hasta que la FIFA dictaminó que podíamos firmarlo. La primera temporada de Ronnie conmigo fue fenomenal, hizo más de diez goles y asistencias y se fue al Mundial. Podía haber sido más veces Balón de Oro si hubiese querido. La potencia, la llegada, la fuerza, la habilidad con los pies. Era tremendo. Al volver como campeón del mundo tuvo sus cosas… Todas las mañanas charlaba con Ronnie, le explicaba que iba en el camino equivocado. Era campeón del mundo y tenía que ser ejemplar […] En una concentración hizo pasar una prostituta al hotel. Si yo no hubiera hecho nada, el resto de jugadores se hubiesen quejado porque, si aparecía la prensa, sus mujeres pensarían que en sus concentraciones se montaban orgías […] En Navidad regresó tarde de Brasil, supuestamente porque le sacaron los dientes. Pero era mentira, ya que le pedí al médico que le revisara. Yo no podía aceptar lo que hacía”.

Argumentos sobre la falta de profesionalidad que, en una charla para Le vestiaire, apoyaría posteriormente Leroy, diciendo que conoció a “jugadores que no eran de entrenar, como Ronaldinho. No se entrenaba en toda la semana y venía el viernes para jugar el sábado. Luis estaba irritado por su actitud. Era normal, haciendo eso no solo no respetas al entrenador, sino tampoco al resto de jugadores. En ocasiones, Luis lo dejaba en el banquillo para ayudarle a madurar”.

Y así era. De las diez primeras jornadas, Ronaldinho se perdió siete por distintos motivos. Para el mes de diciembre, el astro hizo un doblete en el 3-0 contra el Olympique de Marsella de la jornada 12, que supuso la segunda victoria consecutiva con él como titular. Pero, acto seguido, volvieron los problemas entre ambos. “Yo soy responsable del trabajo diario, de su mejora y calidad técnica. Pero no puedo ser responsable de su vida privada”, dijo el técnico.

Ronaldinho dejó de jugar y el equipo encadenó cuatro derrotas y un empate en los siguientes partidos ligueros. En este tiempo, el ’10’ declaró que “parece que [a Luis Fernández] le molesta que yo sea feliz”. Era noviembre y se escuchaban voces del entorno cercano que pedían el abandono o el cese del entrenador, quien respondió con un “no dimitiré porque en mi filosofía no está abandonar un barco cuando va a la deriva. Me iré cuando lo pida la afición. No cambiaré mi idea, Si tengo que morir con ella, lo haré”.

Para la fecha 19, sería la afición quien lo salvase, en la victoria por 2-0 contra el vigente campeón, un Lyon dirigido por Le Guen y liderado por Juninho Pernambucano. Porque el presidente ya se había posicionado en el último duelo que Fernández libraría con las estrellas, diciendo que “en el club nadie es intocable. Prescindir del entrenador es menos perjudicial que dejar marchar a Ronaldinho”. Fernández se tomó el asunto con humor, al declarar que “esta noche estaba nominado en Star Academy, pero el público me ha salvado. Los aficionados han gritado mi nombre durante todo el partido, no solo cuando ha llegado el final”.

Cuando no jugaba, Ronaldinho criticó los métodos de entrenamiento de su entrenador. Cuando le tocó jugar, cuestionó la propuesta de juego, diciendo que no le parecía bien actuar como segundo delantero, con solo un compañero por delante. Y es que, en vista del escaso nivel técnico en el centro del campo, Fernández variaba algo el planteamiento, presentando formaciones con Dehú fijo junto a Nyarko, Leal, Luiz o Pedron en el doble pivote retrasado y Fiorese o Leroy a menudo más como centrocampistas de repliegue que como parte de un ataque donde Aloísio y el fichado Cardetti se repartían los minutos como hombre en punta.

Para la jornada 30, el PSG volvió a golear al Marsella de Perrin, esta vez a domicilio y con tanto de un Ronaldinho que compartió ataque con Leroy y Ogbeche. “Entre su gol al Marsella en la ida y su genial partido en el Vélodrome, Ronaldinho ha tenido altibajos”, se justificaría el entrenador. Un Fernández que, acto seguido, aprovechaba para dar la noticia esperada a esas alturas: “No seré el entrenador del PSG la próxima temporada. Hay que tener valor de reconocer la situación de fracaso. Soy el primer responsable de los resultados”.

Ronaldinho acabó la liga con solo veinte titularidades y ocho goles. Años después, recordaba la experiencia en unas declaraciones para Canal+ football que, por la comparación entre técnicos, evocan a las de Robert: “Cuando Mourinho te dice que vas a estar en el banquillo tienes que respetarlo. Al otro [Fernández] un poco menos, esa es la diferencia entre los dos. Mourinho es un técnico que ha ganado muchos títulos y tienes que respetarle […] En mi caso fue todo lo contrario”.

El equipo había sido eliminado de nuevo en dieciseisavos de UEFA, esta vez por el Boavista. En una competición doméstica donde el OL repitió título, cayó hasta el undécimo puesto. Sin la presencia de Ronaldinho, la última fecha de la Division 1 para el PSG fue una derrota por 2-0 contra el Auxerre dirigido por Roux, con doblete de Kapo.

Un conjunto al que se enfrentaría una semana después en el Stade de France, con motivo de la final de la copa francesa alcanzada contra pronóstico. Con Ronnie como titular, los parisinos se pusieron por delante gracias al gol de Hugo Leal. Pero Cissé empató a un cuarto de hora de la final y el central Boumsong volvió a aprovechar una jugada a balón parado para remontar el encuentro en el último minuto.

Sin renovar su contrato, Luis Fernández volvería a la Liga para firmar poco después por el Espanyol. En el desenlace de la temporada 03-04, el técnico se reencontró con Ronaldinho en Barcelona. Pero esta vez como oponente oficial, no solo oficioso.

“Especialmente exigido por el Espanyol en el arranque, el Barcelona necesitó la mejor versión de su estrella para resolver el duelo en una media hora sensacional. La irrupción de Ronaldinho resultó entonces tan vertiginosa que los blanquiazules se salieron de la cancha”, escribió Ramón Besa sobre el partido del Camp Nou. El brasileño le haría un gol a los de Fernández. Quién sabe si se saludaron.

 


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Fotografía de Imago.