Hay historias que por mucho que no empiecen bien están condenadas a acabar con sus protagonistas comiendo perdices. Algo así le pasó al Ajax de la temporada 1970-71. Su mejor jugador estaba en la enfermería a principios de curso. Pasaban las semanas y ninguna novedad al respecto. Agosto, septiembre, octubre. Se tuvo que esperar hasta la décima fecha del campeonato para que todo empezara a ir sobre ruedas. Johan Cruyff volvía a escena.

No era un partido cualquiera. Enfrente el PSV. Cierto es que en esa época los de Eindhoven no estaban acumulando mucho metal en sus vitrinas, pues Ajax y Feyenoord, sobre todo los primeros gracias a la llegada de Rinus Michels a su banquillo, arrasaban con lo que saliera a su paso por suelo neerlandés. Pero seguía siendo un duelo de los grandes. De esos en los que el país se detiene por 90 minutos. E imaginaos cómo sería si se le suma que Cruyff jugaba por primera vez ese curso. ¡Paren las rotativas!

Ese día, un 30 de octubre de 1970, marcó un antes y un después en la leyenda de Johan Cruyff. Cuenta la historia, o el mito, que él iba a jugar con el número ‘9’, pero su compañero Gerrie Mühren no encontraba su habitual ‘7’. Así que a Johan le dio por ofrecerle su camiseta y rebuscar una entre la de los suplentes. Cogió el ‘14’. Así, con ese número, regresó a los terrenos de juego. El Ajax ganó por la mínima, precisamente con un gol de Gerrie Mühren. Y pese al buen encuentro de Cruyff en su regreso, al día siguiente la prensa se entrometió en la elección del dorsal que llevó en la espalda: “Su sitio parece estar asegurado, solamente debe encontrar su número. Un número diferente al ‘14’ que aparecía sobre la camiseta que llevaba puesta por la noche”.

 

Tres Copas de Europa seguidas para demostrar a sus rivales que no había un club tan revolucionario como ellos, que llevaron el juego a un nivel superior. Tres seguidas para iniciar la leyenda del ’14’

 

Tras aquello, Cruyff, cómo no, optó por llevarle la contraria al mundo. A partir de entonces el ‘14’ sería su número siempre que pudiera lucirlo en su camiseta; cosas de reglamentos de otros tiempos. Como el ‘10’ con Pelé, o como más tarde ese mismo dorsal con Maradona, el ‘14’ irá siempre ligado al legado de Johan.

Dejando atrás el episodio del baile de cifras en camisetas, la temporada siguió su curso. Y el Ajax se sentía herido por ver al Feyenoord adelantándolo como primer club neerlandés que se hacía con la Copa de Europa -la conquistó el año anterior al vencer por 2-1 al Celtic en la final-. Por ello, los ‘Ajacied’, sin dejar de lado la lucha frente a frente que tenían con los de Rotterdam por la Eredivisie, se tornaron imparables en su camino hacia la deseada ‘Orejona’. Nadie, desde dieciseisavos hasta semifinales, fue capaz de lograr empatar en el viejo De Meer. De hecho, siquiera pudieron marcar un mísero gol. Cayeron, uno detrás de otro, KS Nëntori -actual KF Tirana-, Basilea, Celtic y Atlético. Hasta que el Ajax se plantó en la final contra el Panathinaikos dirigido por Ferenc Puskás.

Neerlandeses y griegos se citaban el 2 de junio de 1971 en el estadio de Wembley. Los primeros venían de caer apenas unos días atrás en la penúltima jornada liguera ante el Feyenoord, dándole vía libre a sus rivales para conquistar el campeonato. De este modo, la Copa de Europa podía convertirse en el gran logro del curso para los de Ámsterdam. Y no lo dejaron escapar. Se adelantaron en el 5’ gracias a un tanto de Dirk van Dijk y sentenciaron la fiesta con otro de Arie Haan en el 87’. Eran campeones de Europa. Cruyff acabaría el año levantando su primer Balón de Oro. Arrancaba una de las mayores hegemonías del continente. Después de esa, vino otra. Después, otra más. Tres seguidas para demostrar a sus rivales que no había un club tan revolucionario como ellos, que llevaron el juego a un nivel superior. Tres seguidas para iniciar la leyenda del ‘14’.

 


Fotografía de Imago.