Nos robaron al ‘Trinche’. Crearon la leyenda. Después de un asalto en plena calle y de tener que recurrir a un coma inducido por un fuerte golpe en la cabeza, Tomás Felipe Carlovich, el ‘Trinche’, dijo basta. El mito más grande del fútbol rosarino, y seguramente argentino, no pudo fallecer. Unos indeseables fueron los culpables de que el mito haya pasado ya a leyenda. El ‘Trinche’ dejó este mundo afligido por la nostalgia de aquellos días donde fue el mejor. De recordar entre sollozos esas gambetas, esos vítores, en definitiva, esas emociones que desencadenaba en todo el público que se juntaba para verlo y que lo elevaron a la categoría de leyenda. ¿Y quién no se siente identificado con la nostalgia de Carlovich? Ese miedo amargo que engrandece todo lo pasado y avisa que esos recuerdos no volverán a ser vividos. Sea por un beso, por un abrazo o por un gol. El ‘Trinche’ fue un fiel reflejo de lo que Nietzsche llamó ‘El niño’ en Así habló Zaratustra: el espíritu del niño, ese ser capaz de decirle “sí a la vida” sin juicios ni recurrir a la narración. Abrazar a la vida y amarla. El filósofo alemán mencionó al artista como ejemplo de esa vida. ¿Y qué fue el ‘Trinche’ sino un artista que abrazó al fútbol?

“Lo que hace Messi, lo que hizo Redondo, lo que hizo Maradona; él lo hacía”. “Tenía habilidad con la zurda, para disparar, para hacerte un buen caño…”. “Las jugadas que hacía eran maravillosas”. “Era mejor que Diego Maradona. Sin duda”. “Es distinto a los demás”. “No, como él no, no hay”. “Se convirtió en el símbolo de un fútbol romántico que ya prácticamente no existe”. Con esa última frase cierra Jorge Valdano una extensa amalgama de relatos expuestos en la genial edición de Informe Robinson: El ‘Trinche’ fue el más Grande. Y es que para saber cómo jugaba Carlovich hay que recurrir al relato popular. No hay imágenes de sus hazañas sobre el verde. Son los relatos y recuerdos de los hinchas rosarinos que lo vieron en acción los que dibujan en la mente cómo era aquel futbolista. Y es la emoción con la que se narran esas historias la que otorga veracidad al relato. Y es que el fútbol no se puede entender sin emoción, y al ‘Trinchele rebosaba.

 

El ‘Trinche’ decidió ser el ‘Trinche’ y no el jugador de éxito mundial que pudo ser. Él quiso jugar por diversión, por maravillar y por emocionar

 

Es evidente, llegados a este punto, interesarse por qué Carlovich no absorbió hasta el hartazgo los focos del éxito y de la fama con tales condiciones. Todo nos vuelve a conducir a ese niño que concibe la vida como disfrute. El fútbol, como parte de su vida, no iba a ser menos. Justamente fue ese espíritu del niño el que quizá le impidió llegar a ser la estrella que todos sueñan ser pateando un balón. Se habla de ausencias en entrenamientos y hasta a partidos por ir a pescar. De un gusto por todo lo que la noche invita a hacer. De, en general, hacer lo que realmente le apetecía en cada momento sin ninguna atadura. A ese niño de tierra en los bolsillos que aprendió a jugar en los potreros en compañía de una pelota de trapo de sol a sol, obviamente, le hubiera gustado convertir el gol decisivo en una Copa del Mundo con la zamarra albiceleste. Pero él prefirió disfrutar de la vida, aceptando todo lo que se perdía por el camino. “Lo volvería a hacer porque yo disfruté mucho todo lo que hice”, Tomás Felipe Carlovich lo tenía claro.

Un personaje de tal calibre se viste con una ingente cantidad de anécdotas de las cuales muy pocas verán la luz. Se cuenta que en un encuentro le mostraron la tarjeta roja y el árbitro tuvo que rectificar su decisión por la presión del público de que le privaran de ver a Carlovich en acción. Y es que se iba a ver al ‘Trinche’ antes que a Central Córdoba. “Como futbolista tenía aquello que tienen los grandes jugadores”, decía Menotti de él. El mismo César Luis Menotti que, como seleccionador de Argentina, lo convocó para una preselección a la que Carlovich nunca acudió. Su esencia será imborrable. Esa que responde a la de un fútbol de barrio. De la vida en el barro, pero maravillando mediante ese estilo tan rosarino de gambeta y predominancia de la técnica individual. Una forma de jugar, la del ‘Trinche’, que se construye mediante la comparación con otros jugadores como Redondo, Riquelme o el Diego. El ‘Trinche’ decidió ser el ‘Trinche’ y no el jugador de éxito mundial que pudo ser. Él quiso jugar por diversión, por maravillar y por emocionar. Y es que no hay un amor más verdadero que el que solo admite pasión. El amor por tratar bien a la esférica y que seguirá exhibiendo allá donde esté para el deleite de todos. Esta noche juega el ‘Trinche’ y lo hará para la eternidad.

 


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