Duele aceptarlo, pero es innegable que estamos acostumbrados a seguir siempre la línea que nos marcan. Es comprensible, es lo que nos enseñan a todos desde pequeños y seguramente es lo más fácil. Sin duda, es el camino menos arriesgado, el más conservador y el más seguro. Tal y como nos recuerda Black Mirror y como aseguran Los Chikos del Maíz en una canción titulada como la misma serie, en la actualidad convivimos con flores de plástico y árboles artificiales, con el Primark y el Prozac, con zombis, con peleles y con lunáticos encadenados a una pantalla. Y, mientras tanto, “sustituyen bibliotecas por cuarteles” y “la poesía tiende a desaparecer”.

Sin embargo, no es menos cierto que hay algunos individuos anónimos y valientes, capitanes de vidas caóticas e ingobernables, que desafían el “nacen, trabajan, votan, consumen y mueren” que cantan los Lágrimas de Sangre. Absolutamente despreocupados de la impresión que puedan dar a los que les rodean, ellos deciden echar a andar por otros senderos. “Robert Frost dijo: dos caminos divergían en un bosque y yo tomé el menos transitado, aquello fue lo que cambió todo”, proclamaba el añorado Robin Williams en El club de los poetas muertos, en una escena extraordinaria en la que trataba de convencer a sus alumnos de la importancia de mantener las propias convicciones frente a las incesantes presiones del día a día.

 

Para Pfannenstiel, el secreto de la felicidad reside en aprovechar la oportunidad que da el fútbol de descubrir nuevos lugares y vivir nuevas experiencias

 

Una vez vi una camiseta con la inscripción “si dejo de ser un niño habré perdido”. Para alguien que tiene su punto de partida en El Principito d’Antoine de Saint-Exupéry, la esencia de la vida consiste precisamente en esto: en avivar continuamente la inocente llama de la infancia y en aprovechar el tiempo antes de que el tiempo acabe contigo. Y, para el exjugador alemán Lutz Pfannenstiel, el secreto de la felicidad reside en regatear la idea romántica del amor por un solo equipo, en desafiar el discurso de la lealtad hacia unos solos colores, para aprovechar la oportunidad única que da el balompié de descubrir nuevos lugares y vivir nuevas experiencias.

El destino hizo que el bueno de Lutz naciera en la localidad de Zwiesel, en la parte occidental de Alemania, pero bien podría haber nacido en cualquier punto del globo terráqueo. Formado entre el SC Zwiesel y el Vilshofen, en 1993, cuando todavía no había superado la veintena de edad, Pfannenstiel era un prometedor guardameta que jugaba por el 1. FC Bad Kötzting y que incluso había llegado a defender la camiseta de la selección germana en cinco encuentros cuando estaba en edad juvenil, a finales de la década de los 80.

 

El Bayern de Múnich le ofreció un buen contrato, pero Pfannenstiel lo rechazó sin pestañear

 

Entonces, el Bayern de Múnich, el gran coloso del balompié alemán, se fijó en él para reforzar la portería del primer equipo y le ofreció un buen contrato, pero Pfannenstiel lo rechazó sin pestañear. Puede parecer una locura, una decisión temeraria e incomprensible a partes iguales, pero para el impaciente Lutz, que no se veía con posibilidades de ser titular en el conjunto bávaro y que no quería desperdiciar su carrera sentado en el banquillo, aquello fue lo más lógico. “No me estaban saliendo las cosas como yo quería y decidí irme a Malasia, lo que es algo extraño cuando tienes una buena oferta del Bayern y terminas jugando por el Penang FA en el sureste asiático”, reconoció en 2014, en una entrevista en la BBC.

Al joven arquero, una verdadera excepción en el contexto del fútbol moderno, no le convencía ser uno más y optó por entregarles su carrera al destino y a la suerte. Y es que, para Pfannenstiel, el único futbolista capaz de rechazar al Bayern y escoger el Penang de Malasia, formar parte del club más grande de todo el país no era una idea atractiva. Aquello no iba con él, así que recogió sus cosas y emprendió un viaje de 10.000 kilómetros mientras en su cabeza se repetían los versos más conocidos de Hero, de los Family of the Year: “So let me go. I don’t wanna be your hero. I don’t wanna be a big man. I just wanna fight with everyone else”.

Ciertamente, Lutz nunca quiso ser un héroe para nadie. Él lo único que necesitaba era no ser uno más, y para lograrlo se desvió de los estándares que rigen el mundo del fútbol y empezó su particular aventura. Parafraseando a Paul Shepard, uno de los autores que cita Jon Krakauer en Hacia rutas salvajes, el libro en el que narra cómo el joven Christopher McCandless dejó atrás su vida acomodada y tranquila para adentrarse en un viaje con el que, alejándose de todo lo banal, pretendía hallar la libertad suprema; Pfannenstiel no cogió un avión con destino a Malasia para escapar de la realidad, sino para descubrirla.

Tras una temporada en el Penang, Lutz regresó a Europa para unirse al Wimbledon de Joe Kinnear, aquel equipo que era conocido como el Crazy Gang y que por aquel entonces recorría los estadios de la Premier League atemorizando a sus rivales. “No era como ningún otro equipo de la liga, recibías tres codazos en cada entrenamiento”, subrayaba en una entrevista en The Independent el propio Pfannenstiel, que llegó a reconocer que se sentía como un alienígena en el vestuario de Selhurst Park. De hecho, el cancerbero alemán probó en sus propias carnes la hospitalidad de aquel equipo liderado por el entrañable Vinnie Jones. “Dos o tres días después de mi llegada, en pleno mes de noviembre, fuimos a correr a un parque. De repente, alguien gritó, me agarraron y me desnudaron. Cogieron mi ropa y mis zapatos y se fueron. Tuve que correr tres millas delante de un montón de chicas paseando a sus perros. Ahora es gracioso, pero entonces no lo fue nada”, explicó hace unos años en la BBC.

Pfannenstiel no pudo disputar ningún encuentro en la Premier League, ni con el Wimbledon en la temporada 94-95 ni con el Nottingham Forest en la 95-96, pero, lejos de perder la ilusión por seguir persiguiendo el horizonte, no dudó en sumar un cuarto país a un currículum atípicamente exótico para un futbolista de tan solo 22 años. Así pues, el guardameta alemán recaló en los Orlando Pirates de Johannesburgo, una ciudad que, a pesar de que tan solo estuvo en el equipo durante un curso, le idolatró de tal manera que incluso un atracador armado que pretendía asaltar una pequeña tienda le pidió disculpas por si le había causado molestias cuando Lutz entró en el establecimiento para comprar una botella de agua y se encontró con él.

Después de jugar en Sudáfrica, Pfannenstiel pasó por Singapur (Sembawang Rangers), Finlandia (TPV Tampere y Haka) y Alemania (SV Wacker Burghausen). En el curso 99-00, el cancerbero de Zwiesel regresó a Singapur (Geylang United), donde vivió el peor momento de su exótica y extensa carrera futbolística. En su segunda etapa en el país asiático, las cosas empezaron de la mejor manera posible para Lutz, que incluso trabajaba como modelo para Armani y tenía un programa de televisión, pero todo se truncó de la noche al día. “Estaba viviendo cómodo, pero de repente me desperté en una celda de hormigón y el mundo se me vino encima”, explicaba el exjugador en la BBC.

 

“Tuve que sobrevivir en ese circo. Fueron 101 días, pero parecieron 25 años”

 

A pesar de ser poco menos que una celebridad local, el alemán fue acusado de haber conspirado con corredores de apuestas para amañar encuentros, un delito muy frecuente en la región del sureste asiático, y fue encarcelado al lado de asesinos, violadores y narcotraficantes. Tal y como el propio Pfannenstiel recordaba en 2017 en The Sun, la situación fue traumática: “Lo que tuve que vivir en aquella puta prisión fue realmente desastroso. No había nada… solo bloques de cemento. La gente estaba dispuesta a hacer lo que fuera para quitarte la comida, así que tuve que aprender a luchar”. “Tuve que sobrevivir en ese circo. Fueron 101 días, pero parecieron 25 años”, sentenciaba en 2015 en la CNN.

Efectivamente, tras 101 días durmiendo en el suelo de una cárcel, comiendo muy poco y conviviendo con intentos de violación, con la brutalidad de los carceleros e incluso con instintos suicidas, Lutz fue liberado por falta de pruebas. “Salí convertido en una persona mejor. Fue el momento más difícil de mi vida, pero también en el que más aprendí”, destacaba en la BBC. Y, en la misma línea, en The Guardian afirmaba que aquella experiencia había cambiado su forma de ver el mundo: “No sabía lo que significaba la libertad. Yo era un futbolista mimado y consentido que solo pensaba en dónde ir los fines de semana o en qué coche comprarme. Allí me di cuenta de que la libertad es poder levantarte cuando quieras, prepararte una taza de té y hacer lo que te apetezca. Aquello me dio una perspectiva diferente de lo que es la vida”.

Pfannenstiel necesitó un tiempo para sobreponerse del golpe de estar 101 días privado de libertad, pero sus ganas de continuar acumulando experiencias en el mundo del fútbol seguían intactas, así que en los primeros años del nuevo milenio decidió probar suerte en Nueva Zelanda (Dunedin Technical) y regresar a Alemania (ASV Cham) y a Inglaterra (Huddersfield Town y Bradford Park Avenue). Precisamente, mientras era jugador del conjunto de Bradford, Lutz vivió un segundo episodio dramático. El día 26 de diciembre de 2002, en el minuto 30 de un partido de la Northern Premier League contra el Harrogate Town, el guardameta alemán sufrió un aparatoso choque con un futbolista rival. “Mis pulmones colapsaron y no tenía pulso. Fui declarado muerto tres veces en el campo, pero me desperté tres horas después en el hospital”, recordaba en la BBC. Y, en la CNN, añadía: “Todo era en blanco y negro. Había diamantes negros y blancos y todo estaba muy silencioso. En el fondo veía figuras, pero no podía distinguir quiénes eran. No sentí frío, sentí calidez. Sentí que estaba flotando y que no era algo atemorizante, para nada”.

Con todo, tan solo diez días después del incidente, Lutz ya volvía a estar en los terrenos de juego. “Quizás no morí porque tenía otras misiones”, aseguró en el #Panenka07, en una charla con su compatriota Rudi Gutendorf, el técnico que ha entrenado en más países del mundo con un total de 54. Aquella fue una experiencia horrible, pero igual que le sucedió cuando fue encarcelado en Singapur, Pfannenstiel, convencido de que, como profetizaba Christopher McCandless en Into the Wild, “lo mejor que se puede hacer con la muerte es tratar de aprovechar la vida”, supo continuar adelante. Así pues, entre 2003 y 2008, regresó a Nueva Zelanda (Otago United) y visitó Noruega (Bærum), Canadá (Calgary Mustangs y Vancouver Whitecaps), Albania (Vllaznia Shkodër), donde convivió con una directiva que le exigía que no encajara goles por el mero hecho de ser alemán y que negoció su contrato con una pistola encima de la mesa, Armenia (Bentonit Ijevan) y Brasil (Clube Atlético Hermann Aichinger).

Con su fichaje por el conjunto del estado de Santa Cantarina -siempre sorprendente, Lutz afirmó en una entrevista en la página web de la FIFA que “de niño soñaba con jugar algún día en Brasil” y que estaba “orgulloso de haberlo hecho realidad”-, el arquero germano entró en la historia del fútbol al convertirse en el único jugador en competir en las seis confederaciones afiliadas al máximo organismo mundial del balompié: la de Europa, la de Asia, la de África, la de Oceanía, la de América del Norte, Centroamérica y el Caribe y la de América del Sur. Sin embargo, tal y como admitía en el #Panenka07, “nunca fue mi propósito inicial, pero cuando recibí la oferta de Brasil era consciente de que podía acabar jugando en todos los continentes. En Canadá cobraba más y mi familia era feliz allí, pero al final pudo más el reto de lograr algo único”. “Yo no planeé jugar para tantos equipos, fue que las circunstancias se fueron dando. Que el entrenador fue despedido, que el equipo cayó en bancarrota, miles de cosas pasaron en mi carrera que no fueron tan agradables”, remarcaba en 2014, en una entrevista en la BBC.

Antes de colgar las botas, el alemán aún tuvo tiempo de volver a Noruega (Flekkerøy Idrettslag y Manglerud Star) y de experimentar en el fútbol de Namibia (Ramblers). En total, cuando se retiró en 2010 tras unos veinte años como jugador profesional, Lutz había disputado más de 400 encuentros con 24 equipos de 13 países de todo el mundo. Y, aunque tan solo ‘El Loco’ Abreu ha defendido la camiseta de más clubes en la historia reciente del deporte rey, cuando lo dejó, Pfannenstiel se quedó con la espinita de no haber podido fichar por el Rayo Vallecano, con el que incluso llegó a entablar negociaciones, y de no haber podido jugar nunca en Irán, donde “el fútbol es jodidamente increíble”, según destacaba en 2017 en The Independent. “Viven por el fútbol y mueren por el fútbol. En comparación con Irán, el Millwall es como una fiesta de cumpleaños de un niño pequeño”, concluía el guardameta, que se enamoró de esta república del Oriente Medio durante un encuentro de la previa de la AFC Champions League.

 

En la actualidad, trabaja como director de Relaciones Internacionales y Scouting del Hoffenheim

 

Como no podía ser de otra manera, a pesar de retirarse de la práctica del fútbol profesional, Lutz ha continuado muy ligado al deporte rey. Entre otras muchas funciones, Pfannenstiel ha ejercido de entrenador de porteros en el equipo nacional de Namibia -en una entrevista en 442, el exjugador alemán aseguraba que, la del guardameta, es “la mejor posición en la que puedes jugar porque siempre eres el que determina si ganas o pierdes”-, de comentarista para la televisión alemana en el Mundial de Sudáfrica y para la BBC en el de Brasil, de instructor de entrenamiento para la FIFA y la Asociación Alemana de Fútbol y de auxiliar en el cuerpo técnico de la selección de Cuba, donde aprendió que “la gente puede ser feliz con muy poco”, según afirmó en #Panenka07. Además, en la actualidad trabaja como director de Relaciones Internacionales y Scouting del Hoffenheim alemán. Allí, en este potente equipo de la Bundesliga, como explicaba en The Independent, el exjugador trata con jóvenes que “rechazan salir cedidos al Torino porque quieren jugar en la Juventus”. “‘Ok’, yo les respondo, ‘pero no llegaréis a consolidaros en el primer equipo. Así que, si esto es lo que queréis, rechazad la cesión, sentaos en el banquillo e iros a casa y llorad'”. Tal cual, puro Lutz Pfannenstiel.

Sus ideas quizás pueden chocar con las de los futboleros más conservadores, pero lo cierto es que esta profesión es ideal para un tipo acostumbrado a vivir entre maletas y aviones como Lutz. De hecho, en el mercado de invierno de la temporada 10-11, nada más incorporarse al equipo de Scouting del Hoffenheim, el guardameta de Zwiesel aconsejó la incorporación del delantero Roberto Firmino, que aterrizó en Alemania procedente del Tombense de la segunda división brasileña a cambio de 3,5 millones de euros y que, en 2015, fue traspasado al Liverpool por 45,5. Pero la historia, como siempre sucede con los tipos geniales como Pfannenstiel, no acaba aquí. Y es que el alemán descubrió a aquel joven de 19 años… gracias al Football Manager. Sí, después le vio jugar en directo y le analizó exhaustivamente en vídeos, pero de no haber sido por Lutz y por este simulador quizás hoy Firmino no sería uno de los referentes de Anfield.

Hace justo un año, mientras Lutz ejercía sus funciones en el equipo del Rhein-Neckar Arena, la policía contactó con él para pedirle si sabía alguna cosa acerca de un pingüino del cercano zoo de Mannheim que había sido robado. “Habían recibido una llamada anónima que les dijo que quizás yo estaba involucrado, pero no he sido yo. Le ruego al ladrón que devuelva el pingüino. Esto no es ninguna broma, lo sé muy bien por mis pecados de juventud”, contestó en la CNN. Una vez más, la realidad supera la ficción y la situación es incomprensible. Todo parece poco para un hombre que también trabajó como DJ en Kuala Lumpur, que se enfrentó a unos ladrones que habían robado uno de sus particulares jerséis y que, en 2014, relató su excepcional carrera en un libro titulado Las increíbles aventuras del portero imparable, una obra que “se lee como una novela de aventuras, solo que todo ha sucedido en realidad”, según explicó el propio Lutz en una entrevista en la web de la FIFA.

Pero, volviendo al caso del pingüino del zoo de Mannheim, ¿saben por qué la policía decidió acudir a Pfannenstiel? Pues básicamente porque una noche, mientras era jugador del Otago United de Nueva Zelanda, el alemán robó un pequeño pingüino para tratar de convertirlo en su mascota. “Me dijeron que no podía hacerlo, así que unos días más tarde fui y robé uno. Lo traje conmigo y lo puse en la bañera, pero no era feliz y la verdad es que apestaba a pescado. El presidente del club vino a comer y, cuando lo vio, me dijo que podía ser deportado por tener un pingüino en la bañera”, reconoció en la CNN el alemán, un confeso enamorado de los animales que, cuando jugaba en Singapur, tenía dos lémures -Glasnost y Perestroika- en el apartamento que compartía con el británico Gary Blisset, con quien ya había coincidido en el vestuario Wimbledon.

 

“Quiero usar el fútbol como un motor para luchar contra el calentamiento global”

 

Con todo, a pesar de haber sido protagonistas de innumerables e inexplicables experiencias, anécdotas y polémicas en el mundo del fútbol, Pfannenstiel también es un comprometido activista social. Por este motivo, en 2009 fundó el Global United Football, una organización que, con la intención de aprovechar la capacidad que tiene el fútbol para influir un cambio social y económico en la sociedad, pretende concienciar sobre la problemática del cambio climático y que cuenta con el respaldo de más de 400 jugadores, entre los que se incluyen nombres de la talla de Ronaldinho, Zinedine Zidane, Henrik Larsson, George Weah, Pavel Nedved, Edgar Davids, Lothar Matthäus o Cafú. “Quiero usar el fútbol como un motor para luchar contra el calentamiento global. Los futbolistas tienen un gran impacto en el mundo, así que si hay gente que puede lograr penetrar en la cabeza de la gente son ellos”, subrayaba en la BBC. Y, en la página web de la FIFA, añadía: “El cambio climático es el problema mundial por excelencia. Y como el fútbol gusta en todas partes, con esta combinación espero llegar a gente que sino nunca se enteraría de que existe este problema”. “El Global United es la obra de mi vida”, sentenciaba Lutz, que en 2012 pasó cinco días y cuatro noches encerrado en un iglú para concienciar sobre esta problemática.

Y es que, para Pfannenstiel, el fútbol “es una medicina para los grandes problemas”, “es como un bálsamo para el alma”. Así lo aseguraba en #Panenka07, porque así es como lo vive. Para él, no es un mero trabajo con el que poder ganar mucho dinero. Tal y como reconocía en World Soccer, “es bonito ser rico, pero es mejor ser rico en salud y en experiencias”. Unas palabras que recuerdan, de nuevo, una de las citas escogidas por Jon Krakauer para acompañar el relato de la vida de Christopher McCandless: “Más que el amor, el dinero o la fama, deseo la verdad. Me senté en una mesa donde había manjares exquisitos y vino en abundancia, rodeado de comensales obsequiosos, pero carente de verdad y sinceridad. Me alejé de esa mesa inhóspita sintiendo todavía hambre”. En este caso, las palabras son de Henry David Thoreau, el mismo autor que también afirmó que “me fui a los bosques porque quería vivir intensamente, enfrentarme solo a los hechos esenciales. Quise vivir profundamente para no darme cuenta, en el momento de morir, de que no había vivido”. Disculpen por reproducir tantas citas, pero es que todas ellas parecen haber sido escritas pensando en la figura de Lutz Pfannenstiel, el auténtico trotamundos del deporte rey.

En definitiva, el exjugador alemán representa la valentía de enfrentarse al futuro, de salir a su encuentro y plantarle cara cueste lo que cueste. “Soy un afortunado. Si hubiera firmado aquel contrato con el Bayern sé cómo hubiera sido mi vida. Hubiera sido el suplente de Oliver Kahn. En cinco o seis años hubiera ganado suficiente dinero y me hubiera ido a otro club, seguramente a uno de la segunda división alemana. Habría terminado mi carrera en tercera división y habría tenido una mujer alemana y una casa alemana. Y, entonces, me preguntaría: ‘¿Cambiarías todo esto por las experiencias que he acumulado viajando por el mundo?’. No, no lo haría”, concluyó, satisfecho, en las páginas de The Independent. Y, en un sentido parecido, en la CNN, Pfannenstiel verbalizó un mantra que todos haríamos bien en repetirnos cada mañana: “He tenido que pelear por todo desde que salí de la cárcel. Cuando regresé me costó una fortuna. No tenía dinero, lo único que tenía eran un par de chanclas, un par de shorts, una camiseta y una bolsa llena de deudas. Pero no me puedo quejar, al menos no estoy muerto”.

 


1. Canadá: Calgary Mustangs / Vancouver Whitecaps
2. Brasil: Atlético Aichinger
3. Inglaterra: Wimbledon / Nottingham Forest / Bradford Park Avenue / Huddersfield Town
4. Alemania: 1. FC Bad Kötzting / SV Wacker Burghausen / ASV Cham
5. Noruega: Bærum / Flekkerøy Idrettslag / Manglerud Star
6. Finlandia: TPV Tampere / Haka
7. Albania: KS Vllaznia Shkodër
8. Armenia: FC Bentonit Ijevan
9. Namibia: Ramblers
10. Sudáfrica: Orlando Pirates
11. Malasia: Penang FA
12. Singapur: Sembawang Rangers / Geylang United
13. Nueva Zelanda: Dunedin Technical / Otago United