Si algún día se cruza en su camino Carlos Henrique Raposo, aléjense antes de que sea demasiado tarde. Abran bien los ojos, pónganse en guardia, rechacen cualquier negocio, no pierdan de vista a su pareja. El ‘Kaiser’, así le gusta que le llamen, es el mayor embaucador de la historia del fútbol brasileño. Lo reconocerán porque se esconde tras unas enormes gafas de sol, luce una melena desgastada, ya pasó la crisis de los 40 y anda patizambo. Seguramente les dirá que fue futbolista durante más de dos décadas, pero apenas jugó 30 partidos completos. Probablemente les recordará que se codeó con Romario y Edmundo, pero nunca marcó un gol. Es posible, incluso, que mencione que jugó en más de diez equipos sin escatimar en detalles.

En los últimos tiempos recorre los platós de Brasil contando su historia. Le acompaña una mujer rubia tan despampanante como musculosa. “No quería jugar al fútbol”, reconoce. Iba a lo suyo. Su propósito era disfrutar de las comodidades del estrellato. Dinero, fama y sobre todo mujeres. Muchas mujeres. El ‘Kaiser’ apretaba el gatillo muy a menudo. “Tener mujeres era la cosa más fácil, podía conseguirlas en español, inglés y francés”, dispara en Globo Esporte.

carlos-henrique-raposo-el-ms-grande-estafador-de-la-historia-del-ftbol-1440509771A Carlos Henrique no le molestaba la exigencia física del fútbol, pero tenía la misma sensibilidad en los pies que en la entrepierna. Disimular su falta de talento fue una forma de vida. Nada sencillo siendo delantero y brasileño. Para sobrevivir trazó un plan recurrente con la complicidad de sus muchos amigos, estrellas en varios equipos: Edmundo, Romario, Ricardo Rocha, Branco

‘Kaiser’ firmaba contratos temporales, de tres meses, y hacía las maletas con las primas antes de debutar. Cuando aterrizaba en algún equipo pedía tiempo para ponerse en forma y cuando veía la posibilidad de jugar simulaba una lesión. En los entrenamientos era el mejor en las pruebas físicas y cuando llegaba la hora del partidillo amañaba un percance con algún compañero. Recibía un golpe y se tocaba el muslo. Luego, un amigo dentista pasaba el parte. Antes de haberse recuperado ya había fichado por otro club. ¿El truco? Se convertía en la torna de algún fichaje de campanillas.

Una vez las cosas se pusieron feas de verdad cuando fue convocado con el Bagú y vislumbró opciones de jugar. Su reacción, de manual: armó una trifulca con sus aficionados y fue expulsado antes de saltar al terreno de juego. El dirigente Castor de Andrade lo fue a sermonear, pero apareció el arte del embaucador: “Le estaban puteando, le llamaban ladrón, y usted es un padre para mí; no lo podía permitir”. ¿El resultado? Renovado seis meses más. Así era el ‘Kaiser’. Para los cracks del equipo era una especie de conseguidor. Aseguraba noches de desparrame y amables señoritas. Unos días antes de la concentración visitaba el hotel y alquilaba dos habitaciones. Le acompañaban diez mujeres.

Duró más de 20 años de carrera, ‘jugó’ en algunos de los principales clubes de Brasil (Botafogo, Flamengo, Vasco y Fluminense), conoció el fútbol europeo en el Gazelec Ajaccio, pasó por Puebla de México e incluso disfrutó de la liga estadounidense. Carlos Henrique ocultó sus cartas mejor que nadie con la complicidad de la prensa. Supo gestionar la desinformación para crearse un personaje. Primero atribuyéndose el mote de ‘Kaiser’ y luego ganándose a los medios haciendo de topo del vestuario. Se puede comprobar en los diarios de la época, donde era presentado como un futbolista de mala fortuna pero de grandes cualidades. “No me arrepiento de nada. Los clubes han engañado tanto a los jugadores… Alguno tenía que vengarse por todos ellos”, bromea.