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El verano no me gusta. Algunos amigos me darían un tortazo después de leer esto, pero las altas temperaturas, los mosquitos y, normalmente, la falta de fútbol provocan que sienta cierta repulsión a la estación estival. Incluso echo de menos la rutina de estudiante y anhelo el frío. Sin embargo, existen destellos de belleza entre tanto aborrecimiento, momentos singulares que llegan pasadas las ocho de la tarde. Cuando empiezan a desvanecerse los rayos de sol, y cuando cesa el calor insoportable, empieza el espectáculo de luces y colores en el firmamento. “La intensidad es una forma de eternidad”, escribía Borges, y no hay nada más intenso y apacible que el ocaso veraniego, creador de espíritus inmortales. 

La dureza de la pandemia, y la consecuente alteración de la normalidad, trasladó el desenlace de las competiciones deportivas a junio, julio y agosto. Mientras los jugadores corrían en campos vacíos, sin alma, yo observaba la pantalla del ordenador durante el crepúsculo, tumbado en la hamaca del porche de casa. La mayoría de pases que vi, gritos que escuché y goles que canté ocurrieron en Inglaterra. Bendita Premier, que habitualmente me acompaña en otoño, invierno y primavera. Los obuses de Greenwood o la delicadeza de De Bruyne, un belga capaz de enhebrar una aguja con los dedos de los pies, enaltecieron todavía más los mágicos atardeceres. El curso 2019-20 acabó, con el Aston Villa celebrando la permanencia sobre el Estadio Olímpico de Londres, y al día siguiente ya lo echaba de menos. El sol se puso, el festival acabó.

Un mes y medio después, la espera, amenizada por la Champions y la NBA, está a punto de tocar a su fin. Todo está preparado para que eche el balón a rodar de nuevo, mientras los equipos van incorporando sus últimas piezas. Volveremos a ver la cinta Gucci de Saint-Maximin, que surtirá de balones a Callum Wilson. El carisma de Vardy, las acrobacias de Aubameyang, las definiciones de Ings o el liderazgo de Kane acapararán millones de pantallas. Los terrenos de juego padecerán los pisotones y gambetas de un espléndido elenco de futbolistas, dirigidos por algunas de las mentes más idolatradas: Guardiola, Klopp, Ancelotti, Mourinho, Bielsa… Además, nuevos directores han irrumpido con fuerza en escena, dispuestos a protagonizar bastantes titulares: Lampard, Arteta, Wilder…

 

Año tras año, los alicientes de la competición aumentan, un aspecto directamente proporcional a mis ganas de volver a la rutina

 

El fútbol de autor ha asaltado la Premier. Año tras año, los alicientes de la competición aumentan, un aspecto directamente proporcional a mis ganas de volver a la rutina. El nuevo Chelsea de Ziyech, Werner o Havertz quiere amenazar al binomio formado por Manchester City y Liverpool. También lo pretenden el Arsenal, flamante campeón de la FA Cup y la Community Shield, y el Manchester United, con una selección mundial en ataque. El Tottenham aparece como una incógnita, pues Mourinho es capaz de lo mejor y de lo peor, aunque últimamente nos tiene más acostumbrados a lo segundo. Tal vez el Leicester de Brendan Rodgers nos enamore e invada el territorio ‘Big Six‘ de nuevo. O quizá sean los Wolves, o el Everton, o el Southampton, o el Sheffield United… Muchos candidatos opositan a dar alguna que otra sorpresa. 

En las Islas Británicas el cuarto puede golear al primero y, a la siguiente jornada, ser goleado por el colista. El fútbol anglosajón no entiende demasiado sobre dinámicas, he ahí el motivo de su belleza. Y todavía tendrá mayor encanto cuando los hinchas puedan apoyar otra vez a su equipo desde el estadio. Vuelven los arriesgados diseños en las camisetas y vuelve el Fantasy, donde miles de aficionados están acabando de confeccionar sus equipos, eligiendo a alguna promesa barata que les dé más puntos que nadie. Y, por supuesto, vuelven también Leeds, West Bromwich y Fulham, que lucharán por la estabilidad de sus proyectos en primera división. El West Ham intentará lograr una posición adecuada al nivel de sus jugadores, Graham Potter intentará consolidar su atractiva propuesta en Brighton y el Burnley de Sean Dyche seguirá siendo un peligroso escollo para sus rivales.

El Crystal Palace intentará colarse discretamente en la media tabla otra vez y, entre tanto, Jack Grealish seguirá capitaneando al club de su corazón con las medias bajadas, disfrutando y sufriendo a partes iguales. Grealish tiene la esencia de la Premier en su interior. Posee la pasión de un niño y el coraje de un gladiador, la calidad diferencial y el físico necesario. Porque en Inglaterra nunca se sabe cuándo hará falta una cosa u otra, en una liga cada vez más entretenida, cada vez con más estrellas. El fútbol regresa a casa, y en el cielo ya aparecen los primeros destellos. Los goles deberían valer el doble cuando sale o se pone el sol. Aquellos que provocan el éxtasis durante el bello resplandor merecen la recompensa de la eternidad, aunque solo sea durante un instante. Empieza la Premier

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, magnífico espectáculo de luces.

 


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Fotografía de Getty Images.