Otra temporada más en la división de plata. Punto final. O no. Faltaba el último ingrediente para cerrar el curso de la forma más rocambolesca y surrealista posible. Si la categoría de plata del fútbol español ya es una categoría típicamente atípica, la jornada de clausura puso la guindilla. Del Dépor-Fuenlabrada, los positivos por coronavirus, la disputa del resto de partidos y las consecuencias que ha traído y aún puede traer ya se hablará en otra ocasión. Esto no quita que, un año más, la Segunda División sea una de las ligas más competidas e igualadas del continente, sin ningún lugar a dudas. Basta con mirar las mínimas distancias en la clasificación definitiva.

Que haya ascensos, plazas de play-off y descensos aún por definir en el último partido es la tónica habitual de la categoría de plata. Es, de hecho, la razón de ser desde su creación ahora hace casi 90 años. Lo más raro es que no haya nada en juego justo antes de bajar la persiana, calzarse las chancletas, ponerse la camisa hawaiana e irse de vacaciones. La de la Segunda División es una historia de histeria. A continuación, en esta segunda entrega [aquí tenéis la primera], repasamos cinco de las ediciones que tuvieron en vilo a todos los cardiólogos del país en la recta final del campeonato.

1980-81: Va de golpes

Bastaron cuatro palabras para helar a todo el país. Pistola en mano, monopolizando las miradas. “¡Quieto todo el mundo!”, exigía el teniente coronel Antonio Tejero a los parlamentarios aquel 23 de febrero. Horas de incertidumbre, de fantasmas de un pasado aún demasiado reciente campando a sus anchas. Afortunadamente, aquellos hombres de verde abandonaron el Congreso de los Diputados casi un día después sin haber logrado su propósito. Mientras tanto, en Segunda División, antes de llegar a las vacaciones de verano, una serie de equipos planeaban un golpe: ‘Operación Primera’, podríamos llamarle. Por suerte, de los dos, aquel fue el único asalto que tiró adelante.

La situación era aún más ajustada, por increíble que parezca, que dos campañas atrás. El Elche llegaba líder a la última jornada, aunque un desastre podía incluso dejarle sin ascenso. También con 45 puntos, el Castellón le acompañaba en la cabeza. A sus espaldas, el Rayo Vallecano ocupaba la última plaza con premio, seguido del Cádiz y el Racing de Santander, los tres con 43 puntos. Uno menos tenía el Sabadell, que se negaba a tirar la toalla y confiaba en una carambola que pudiese auparle al tercer puesto. En la zona roja también había ruido de sables: Granada (33) y Palencia (32) renunciaban a caer a Segunda B junto a Barakaldo y Ceuta. Los nazaríes tenían los mismos puntos que el Recreativo, uno menos que Madrid Castilla, Linares y Getafe Deportivo, y dos menos que Oviedo, Burgos y Atlético Madrileño. Claro está, Granada y Palencia tenían que poner de su parte para optar a la permanencia. Con todo, el séptimo, el octavo, el noveno, el antepenúltimo y el colista eran los únicos de los 20 que ya no se jugaban nada.

Jamás se había visto semejante barbaridad, ni probablemente vuelva a suceder en nuestro fútbol. Un quíntuple empate a 45 puntos en la cúspide para la historia. Hay que ser gafe para tener la misma puntuación que el líder y no subir. El principal foco de atención de la tarde estaba en el Martínez Valero con el duelo directo entre Elche y Cádiz. A los ilicitanos les bastaba un empate para ser de Primera, mientras que los gaditanos no podían confiar en unas tablas. Por si acaso, los de amarillo se impusieron por 1-2. Los demás resultados y la diferencia de goles particular hicieron el resto. Se confirmaba la debacle para los franjiverdes, ya que el liderato y el ascenso se les escurría de las manos. Mientras, fiesta grande en Cádiz: retorno a la máxima categoría. Rocambolesco fue lo del Castellón, que pese a perder ante un Linares (2-1) que así aseguraba la permanencia, conseguía el ascenso. El tercer billete a Primera acabó siendo para el Racing de Santander, que se impuso al Levante por la mínima. Esto sí que es un golpe. El Rayo, aunque había ganado al Palencia por 2-1 -condenándolo así a Segunda B-, también se quedó con la miel en los labios. El duelo a vida o muerte entre Castilla y Granada cayó del lado ‘merengue’, dejando a los rojiblancos sin opciones y restando relevancia al resto de partidos de la zona caliente.

1990-91: Morir en la orilla

Los primeros compases de los 90 fueron bastante convulsos a escala mundial. Épocas de cambio. La que había sido una potencia de primera línea empezaba su propia liquidación. Paso a paso, poco a poco, la Unión Soviética iba dejándose territorios aquí y allí. Como un regalo de Navidad para el capitalismo, la URSS acabó bajando los brazos el 25 de diciembre de 1991. Fin del partido. A su turno, en la Segunda División se vivía un proceso similar, con un sinfín de equipos que podían dejar de ser parte de la categoría de plata. Una pequeña diferencia: aquella única plaza para la ‘independencia’ era lo último que querían casi la mitad de los equipos. En la última jornada, también estaba por decidir qué dos clubes abandonaban la liga, aunque con un destino más apetecible: Primera.

Los afortunados que iban a luchar por lo bonito se acabarían repartiendo dos plazas de ascenso y dos de promoción. El Murcia se plantaba a final de curso líder, con 48 puntos, y un empate le bastaba para atar un puesto en la máxima categoría. Por detrás venía el Albacete que, con 47, también tenía muchas probabilidades de acabar acompañando a los de rojo. Dépor (46) y Málaga (45) llegaban al partido decisivo con alguna que otra opción, pero con más números de jugársela en la promoción. Aunque había un pequeño detalle, Murcia y Dépor se veían las caras. No obstante, los temores se centraban en la zona roja; comprendía desde el undécimo clasificado, Las Palmas (35), hasta el 17º, el Palamós (34), que ocupaba la última plaza de descenso aún por asignar. Entremedio, Rayo Vallecano, Celta y Sabadell (35), Elche y Bilbao Athletic (34). Todos ellos podían acabar en la categoría de bronce con una carambola, aunque los cálculos apuntaban a ilicitanos y bilbaínos -se enfrentaban entre sí- si el Palamós conseguía sumar al menos un punto.

Subir acabó siendo cuestión de cábalas. El Albacete conseguía su primer ascenso a Primera División al vencer cómodamente al Salamanca por 2-0. Si los del ‘Queso Mecánico’ ganaban, tenían el premio asegurado; que lo intentasen ante un equipo ya descendido como lo eran los salmantinos echó el resto. La atención se centró en el partido de la jornada, una auténtica final. Y, a la hora de la verdad, la visita del Murcia a Riazor fue un suplicio. Las tablas de mínimos quedaron lejos, y el Deportivo se ganó el ascenso sobre el verde con un claro 2-0. La derrota fue un palo, pues semanas después el Murcia cayó en la promoción ante el Zaragoza. El Málaga, que no dependía de sí mismo, también acabó disputando la eliminatoria ante el Cádiz y naufragando en ella. Más hondo tocó aún el Elche, que acabó siendo el señalado entre los candidatos a caer a Segunda B. Los franjiverdes, pese a estar con el agua al cuello, fueron un juguete (3-0) a manos de los ‘katxorros’, que se aseguraban así la permanencia. Las malas noticias llegaron desde Sabadell, donde el Palamós tuvo suficiente con un empate para dejar atrás a los ilicitanos.

2009-10: Malditas carambolas

Eran años muy difíciles. De hecho, nunca nos hemos recuperado del todo. La crisis económica crecía y crecía, sin encontrar ningún techo que parase su voracidad. No se veía la luz al final del túnel, y con razón, pues se tardarían aún unos años en parar el golpe. Pocas cosas podían ejercer como sedante; como siempre, el balón estaba allí, preparado para aliviar todos los dolores posibles. Fiel compañero cuando van canutas. Y vaya si hizo de medicamento. No hace falta ir demasiado más allá de un solo concepto para entenderlo: Sudáfrica. Unas semanas antes, un vibrante final de temporada en Segunda hacía que los aficionados al fútbol llegasen enchufados a la cita mundialista.

Con la última jornada entre ceja y ceja, el Betis aspiraba a aprovechar el último cartucho para así birlarle la última plaza de ascenso al Hércules. Ambos tenían 68 puntos, y querían unirse a Real Sociedad y Levante en el camino hacia Primera. Pero la pomada interesante era la del matadero. De los nueve conjuntos implicados, hasta un tercio podían verse desterrados a Segunda División B. Quien tenía menos números era el Girona, que con 51 puntos tenía más o menos margen. Le seguía el Rayo Vallecano, con 50, y Murcia, Huesca, Albacete y Salamanca que, con 49, veían el abismo de muy cerca. Las Palmas llegaba al último duelo liguero en zona de descenso con 48 puntos, uno por encima del Cádiz y dos más que la el Real Unión, que solo se podía salvar de la quema gracias a una remota mezcla de resultados. Por delante, tarde de cábalas y transistores.

El Betis lo intentó todo pero no obtuvo recompensa a cambio. El rotundo 4-0 que le endosó al Levante, ya ascendido, de nada sirvió. El Hércules sería quien acompañase a ‘granotes’ y a los ‘txuri-urdin’ a Primera, gracias al triunfo por 0-2 en su visita a Irún. De este modo, el Real Unión se despedía de Segunda. El Cádiz sí que cumplió con su parte, goleando por 4-2 al Numancia, pero el resto de resultados le impidieron mantener la categoría. Albacete y Rayo Vallecano hicieron los deberes con sendas goleadas por 4-0, ante Cartagena y Recreativo respectivamente. El Huesca ganó en Vigo por 0-1 y el Salamanca lo hizo en Villarreal por 1-2, ambos también ante rivales sin nada en juego. Con todo el mundo sumando tres puntos, quedaba claro que un tropiezo era sinónimo de bronce. Las Palmas doblegó por la mínima a un Nàstic salvado la jornada anterior, y esperó. Así pues, aquella tarde de un 19 de junio, todos los ojos y todas las orejas estaban en Montilivi. El resto de marcadores condenaban al Girona si perdía, o al Murcia si no ganaba. Los pimentoneros lo tenían en sus manos hasta que, en el añadido, los catalanes igualaron desde los once metros. El 1-1 final confirmó el desastre. ‘Malditas carambolas’, pensaron en Murcia.

2013-14: El príncipe y la plebe

A veces, los finales llegan encadenados uno tras otro, como queriendo decir algo. Como queriendo poner punto y final a una etapa. En 2014, las dos caras más visibles de la Transición se fueron. Por un lado, Adolfo Suárez, el primer presidente democrático después de la dictadura, falleció. Poco después, el rey Juan Carlos I decidió abdicar. La integridad y el honor del monarca caían en picado -y siguen sin parar- y creyó que apostar por aire fresco -¿lo ha sido?- era lo más oportuno. El fútbol nacional también vivió algo similar. Un príncipe que siempre había pasado de puntillas heredó el trono de Segunda, ganándose así el derecho de pertenecer al selecto club de los más nobles por primera vez. Y allí sigue el Eibar. Aire fresco.

Con ‘armeros’ y el Deportivo ya ascendidos, los billetes para el play-off iban a estar reñidos en la última jornada. El Barcelona B cuajó una temporada brillante, pero la lógica tumbaba su candidatura. Así pues, las plazas de promoción irían del cuarto al séptimo puesto, y se las repartirían entre Murcia (62), Sporting (61), Córdoba, Recreativo y Las Palmas (60), y Sabadell (58). Sin embargo, no estaban tan bonitas las cosas para el pueblo llano. De ocho escuadras en apuros, finalmente serían tres las condenadas a los infiernos junto al Hércules. Lugo y Ponferradina (51), Mallorca y Mirandés (50), Madrid Castilla (49), Girona, Alavés y Jaén (48) querían evitarlo a toda costa. Aparte de los dos ascendidos y el descendido, solo cuatro clubes se presentaban a la clausura en bermudas.

El Sporting era el equipo menos tenso: tenía que ganar a un Tenerife de vacaciones para confirmar su presencia en el play-off, y así lo hizo (3-0). La victoria también daba plaza al Murcia, que la amarró ganando al filial merengue por la mínima; la derrota acabó condenando a Segunda B al Castilla, víctima de la indeseable carambola. Venciendo también accedía a la promoción el Córdoba, cosa que logró con un 3-2 ante la Ponferradina, perdonada por los resultados. De la Nova Creu Alta podía salir el último púgil para el ascenso, pero ni unos ni otros (0-0). El Sabadell, que tenía que ganar, se quedó sin opciones, y el Recreativo vio cómo el empate a cero entre Córdoba y Mallorca daba el acceso a unos, y la permanencia a los otros. La final del play-off acabó enfrentando a los dos peores clasificados, y bien saben en el Estadio de Gran Canaria cómo terminó la historia. Por debajo, el único que no logró escapar del descenso fue el Jaén, perdiendo por 2-3 en un duelo más que directo ante el Alavés, salvándose así los vascos. Al ‘Glorioso’ le salió una tarde redonda, porque en otro duelo fratricida, el Lugo ataba la permanencia a costa del Mirandés (1-0), que caía sin remedio a la zona de descenso. Por su parte, el Girona aprovechó que para el Dépor el duelo era un trámite (3-1), salvando el pellejo sin mayores complicaciones. Tiempo después, el ‘karma’ le hizo un favor al Mirandés, que fue readmitido en Segunda después del descenso administrativo de un Murcia que soñaba con Primera.

2016-17: Dunkerque

Acribillados por tierra, mar y aire. Como gotas malayas rellenas de metralla, las bombas llovían sin cese, agujereando la playa. El implacable avance nazi arrinconaba cada vez más al ejército aliado. Miles de hombres apuraban sus esperanzas hasta el último suspiro para tratar de huir de aquel escenario dantesco. Desde grandes buques de guerra hasta pequeños botes pesqueros, todo valía: la cuestión era sobrevivir. Como en el fantástico film Dunkerque, dirigido por Christopher Nolan y estrenado en 2017, el único objetivo de casi la mitad de equipos de Segunda era evitar el desastre. En aquella última jornada, como en toda batalla, algunos aspiraban a ser condecorados, mientras otros se conformaban con conservar cuantas más partes del cuerpo, mejor. Morir no entraba en sus planes de vida.

El dominio ejercido por el Levante fue casi insultante, logrando así el retorno a Primera División. En la penúltima jornada, otros tres equipos dejaron los deberes hechos; el Girona conseguía su primer ascenso a la máxima categoría, mientras que el Getafe y el Cádiz se apropiaban de dos plazas para el play-off. Sus retrovisores estaban preparados para reflejar tantos adelantamientos como fuese necesario. A falta del partido de clausura, el Tenerife lo tenía casi hecho, con 63 puntos, tres más que el Huesca, que cerraba la zona de promoción. También con 60 puntos se encontraba el Valladolid, ya fuera de los puestos de privilegio, y dos menos atesoraba el Oviedo, que con 58 tenía aún una pizca de fe. Solo un tremendo batacazo condenaba al Rayo Vallecano al bronce, que con 50 puntos tenía la permanencia casi asegurada. El Nàstic (49) confiaba en que una carambola no le diese una mala tarde. UCAM Murcia y Almería igualaban a 48, solo uno por encima del Alcorcón, que tenía entre manos el único billete a Segunda B aún en juego.

El Tenerife se plantaba en La Romareda sabiendo que si sumaba los tres puntos ante un Zaragoza matemáticamente salvado, certificaba su participación en el play-off. El 1-2 fue más que suficiente. El relajamiento del rival también era la principal baza para el Huesca. Los oscenses, que visitaban al Levante, ganaron por 1-2 y arañaban, así, la última plaza de promoción en juego. De nada sirvió el triunfo por la mínima del Valladolid sobre el Cádiz, y menos aún el 0-2 cosechado por el Oviedo en Elche. Pasadas las semanas, fue el Getafe quien logró el ascenso vía eliminatorias. En la zona roja, faltaba ver quién era el equipo torpedeado. El Rayo no lo fue, al lograr los tres puntos ante un filial sevillista sin ninguna obligación (1-2). Tampoco sufrió daños finalmente el Alcorcón, que se impuso por un rotundo 3-0 a un apático Lugo y esperó. Mientras, el Almería respiraba al doblegar por 1-0 al Reus; este marcador podía mandar al archirrival de los ‘roig-i-negres’ a Segunda B. De hecho, un gélido escalofrío recorrió el Nou Estadi; en el 73’, pena máxima para el UCAM Murcia. Si iba dentro, el Nàstic bajaba. Reina, meta local, se erigía como el héroe al detenerla. Ya en el añadido, gol de los tarraconenses (1-0), que conseguían subirse al último bote pesquero. El barco de los murcianos, tocado y hundido en Dunkerque.

 


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