Y de repente llamó mi atención. Algo en él había cambiado, evolucionado. Primero lo percibí, de forma totalmente inesperada, sin saber exactamente qué era, hasta que días después logré entenderlo. Hace un tiempo que su nombre figura en las alineaciones del técnico norirlandés, brillando de manera desapercibida, creciendo como Melendi, sin pausa pero sin prisas. Mientras sus espléndidos compañeros acaparaban portadas, Harvey experimentaba una discreta y fabulosa metamorfosis. Quizá sea esta la temporada de su consagración definitiva. O quizá esté exagerando, algo bastante común cuando se analiza a los jugadores de moda. No obstante, existe una diferencia, y es que Harvey Barnes no está de moda. Por lo menos todavía.

En todo arte escénico se hallan estrellas incipientes, novatos talentosos con mucho que ganar pero también con mucho que perder. Demasiadas veces el éxito no llega a alcanzarse y el rendimiento no consigue estar a la altura de la calidad. El carácter, cuestiones extradeportivas o el contexto pueden desbaratar un radiante futuro, pero Harvey Barnes, analizándolo intuitivamente, parece no tener problemas con ninguna de las tres hipótesis. El joven extremo de 22 años ha empezado la nueva temporada sonriendo. La propuesta futbolística de Brendan Rodgers viene como anillo al dedo al hijo de Paul Barnes, delantero de los 90 que defendió las camisetas de Huddersfield, Stoke City o Burnley, entre otros.

El Leicester, que acogió a Harvey a los nueve años, es el entorno ideal para seguir mejorando. Difícilmente llegue a ser candidato al Balón de Oro, pero sus condiciones técnicas avecinan una carrera notable. La velocidad, que es su mayor baza, le hace imparable a campo abierto. El esfuerzo de los defensores persiguiendo esa camiseta con el 15 a la espalda evoca las continuas frustraciones del Coyote tras la estela del Correcaminos. Pero la potencia no es lo único que atesora Barnes, quien el curso pasado acabó como máximo asistente (8) del equipo en la Premier. Desde su adolescencia ya demostró su gran capacidad para dar el último pase en Milton Keynes, Barnsley y West Bromwich, lugares donde estuvo cedido antes de convertirse en una pieza importantísima para Rodgers.

Brendan es un enamorado del juego de posición, un amante del balón y del juego atractivo. Y Harvey, que carece de egoísmo y entiende el fútbol de manera colectiva, es una pieza perfecta para el engranaje. Mientras otros destacan por sus estrambóticos peinados o por gestos técnicos ostentosos, Barnes busca la simplicidad, pues no tiene la necesidad de lucirse en el córner con una bicicleta para ganarse los elogios de la prensa. Durante los partidos es común verle en posiciones alejadas de la banda para otorgarle libertad al lateral. Ben Chilwell se benefició innumerables veces de sus movimientos. Ya sea dejando hueco en el carril izquierdo o dando un pase a la espalda de la defensa, Barnes aprovecha cualquier espacio en el terreno de juego para obtener una ventaja.

Aunque es común verle combinar con James Maddison o Youri Tielemans, su socio preferido es Jamie Vardy, el ejecutor de cinco de sus ocho asistencias en la campaña 2019-20. Barnes explota la voracidad goleadora del último máximo anotador liguero, dejándolo solo frente al portero para que pueda saborear el placer del gol. Novato y veterano se entienden a las mil maravillas. “En los ojos del joven, arde la llama; en los del viejo, brilla la luz”, decía Víctor Hugo. Harvey, diestro de cuna y zurdo por experiencia, traza diagonales hacia el área de manera frecuente. Pese a no ser un gran finalizador, logró marcar seis tantos el curso pasado, incluyendo un misil frente al Sheffield United que le valió para ganar el premio a mejor gol del mes de agosto.

“Estamos tratando de mejorar su carrera sin balón y lograr que tenga más oportunidades de anotar”, explicaba Rodgers hace una semana. Este aspecto es precisamente uno de los motivos por los que escribo sobre Barnes. Y también uno de los motivos de su madurez futbolística. Solo se han disputado dos jornadas de la presente Premier, pero ya es perceptible su peso en los ‘Foxes’. El extremo nacido en Burnley ha mejorado en la interpretación del juego y, en consecuencia, ha aumentado su incidencia en zonas de ataque. Harvey es el tercer futbolista de la liga que más disparos ha realizado por encuentro (5), puesto que ha aprendido a elegir el instante y el lugar oportunos para aparecer en el área. Un gol y una asistencia son sus números hasta el momento.

Barnes aún debe mejorar la colocación de sus disparos a puerta y su rol en defensa, aprendiendo sobre todo a replegarse correctamente. Aun así, sigue creciendo y todavía se desconoce donde está su techo. Ante la acumulación de partidos que tendrá el Leicester esta temporada, la trascendencia de Harvey será fundamental en los resultados. La poca profundidad de banquillo puede pasar factura a los británicos, que tratarán de sorprender en Europa League y hacer un buen papel en la Premier de nuevo. Pese a la salida de Chilwell y las llegadas de Castagne y Ünder, el bloque sigue siendo el mismo, lo cual supone un punto a favor para el equipo de Rodgers, quien confía en el porvenir de Barnes, tanto en Leicester como en el combinado nacional.

“Para Harvey es un objetivo realista. Los jugadores que están por delante de él son jugadores realmente talentosos, pero Harvey tiene unas capacidades increíbles que puede prolongar”, expresó el norirlandés respecto a una posible convocatoria de Gareth Southgate. Desde su debut con el Leicester en 2016, en un partido de Champions League ante el Oporto, Barnes no ha parado de crecer. Lejos del foco mediático, ha progresado hasta convertirse en un gran futbolista, de esos que siempre serán útiles porque no solo tienen calidad, también tienen compromiso. Harvey es un fenómeno que ya no puede considerarse actor de serie B, ahora es una de las estrellas del show. Tal vez tarde o temprano se convierta en la nueva moda. Y yo, por supuesto, seré el primero en seguirla.

 


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Fotografía de Getty Images.