Rafa Benítez será eternamente cuestionado. Su llegada al banquillo londinense arrancó fuertes críticas que, con mayor o menor intensidad, no han acabado nunca de cesar. Críticas en gran parte fundamentadas por el ‘pique’ que en su día tuvo con Mourinho. Y claro, un malentendido con ‘Mou’- el eterno deseado en Stamford Bridge– es imperdonable para la afición del Chelsea. Sin embargo, el técnico español mantiene la cabeza bien alta y aguanta con esmero las dudas que genera constantemente. Por ahora, ha plantado al Chelsea en su segunda final consecutiva, hecho que no deja de ser relevante porque, hasta el año pasado, el equipo londinense no había ganado ninguno de los dos títulos. El 15 de mayo puede consagrarse como el primer club que levanta una Copa de Europa y al año siguiente hace lo propio con la Europa League.

Antes, sólo el Oporto consiguió ambas copas en años consecutivos, pero lo hizo a la inversa, primero una Europa League y luego la Champions. Y esto merece también una mención especial, porque no es lo mismo ser campeón de una competición ‘menor’ y motivarse para conseguir al año siguiente una de más importante, que al revés. Hecho que cobra mayor importancia aún, teniendo en cuenta cómo el Chelsea fue eliminado de la vigente Liga de Campeones y la temporada inestable que viene realizando.

También debe ser difícil para Benítez mantenerse motivado en un entorno en que la afición no escatima a la hora de dejarle claro que no le quiere. La figura de Mourinho le perseguirá siempre, al menos en la Premier. Mientras sobre el terreno de juego se lograba la clasificación para la una nueva final europea, el público repetía una y otra vez el nombre del portugués. En rueda de prensa, las acusadas preguntas sobre su futuro y el posible relevo del luso volvieron a comprometerle una noche más.

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Lo que Abramovich se empeña en definir una y otra vez como ‘época de transición’, se acaba traduciendo en una nueva campaña de un Chelsea al que le falta identidad. Aun así, el tercer puesto que ocupa en la tabla le permite volver a disputar la máxima competición europea la próxima temporada. Por mucho que Benítez cogiera el equipo en la misma posición que lo va a dejar, la regularidad ha brillado por su ausencia durante todo el curso, así como en los últimos años. Un total de seis entrenadores en cuatro años, que serán siete porque el español ya anunciado que se marcha cuando finalice esta temporada. Paradójicamente, es en estas circunstancias cuando el Chelsea ha logrado sus mayores éxitos.

El año pasado Di Matteo llegaba a Londres en marzo de 2012 como nuevo entrenador ‘blue’ y dos meses más tarde veía como sus jugadores levantaban la primera y tan ansiada Champions de la historia el club. Este maravilloso premio aparecía en un contexto marcado por la inestabilidad y un indefinido estilo de juego. Pero en aquella ocasión apareció Drogba, igual que en las semifinales de la UEL aparecieron David Luiz y Fernando Torres.

Para Benítez, ganar esta final sería una buena recompensa por parte del fútbol. Más allá de marcharse del club con un título europeo que no consiguió Mourinho, haría olvidar la pésima Champions que realizó el conjunto, eliminado en la fase de grupos. Tras perder además la FA Cup y el Mundial de Clubes, Benítez ha apostado firmemente por esta competición. Una noche gloriosa podría pintar de azul una temporada totalmente gris, tan desteñida como el paso del español por Stamford Bridge.