Para aquel que lo desconozca, en uno de los accesos a la ciudad de moda estas últimas semanas, existe una  rotonda con una estatua en la que una especie de dragón emerge de entre las aguas. Podría parecer algo simplemente decorativo que parte de cierto chascarrillo madrileño nacido de la evidente similitud fónica entre  Lago Ness  y Leganés. No hace falta ser ningún fiera ni una mente preclara para llegar a realizar tal asociación.

Quizá muchos esperaban un papel parecido -de guiño simpático, de equipo humilde tan honorable como efímero, de algo puramente decorativo y coyuntural- del proyecto ‘pepinero’ a su llegada a la élite del fútbol profesional español la temporada pasada. Y hasta cierto punto tendría lógica llegar a esa conclusión: al fin y al cabo ya ocurrió en ocasiones anteriores y seguramente volverá a ocurrir en este fútbol cada vez más polarizado entre las grandes dinastías europeas del balompié y el resto del universo futbolístico.  La historia –o el relato, que se dice últimamente- del Leganés podría ser interpretada tirando del sobeteado tópico de la Cenicienta. Y probablemente cuando hace unas semanas Marco Asensio anotaba el 0-1 sobre la bocina en el césped de Butarque, la inmensa mayoría de aficionados al fútbol de nuestro país pensara que la hora de la media noche ya había llegado para el conjunto del sur de Madrid. Y la carroza se iba a convertir en calabaza, y demás fanfarrias.

Sin embargo, anoche cerca del minuto 80 del partido de la siguiente ronda ese mismo Equipo estaba a un gol de forzar la prórroga en la vuelta de la semifinal de Copa.

Hay demasiados indicios como para pensar que todo lo vivido por el conjunto ‘pepinero’ en esta Copa del Rey tiene que ver con una gestión fabulosa de las diferentes situaciones vividas por parte de ese vestuario, con Asier Garitano y su cuerpo técnico a la cabeza. No hay que escarbar mucho en la hemeroteca para encontrarse cómo, retomando esa ida de cuartos de final contra el Real Madrid, el hecho de perder el primer round por 0-1 no perturbó mínimamente la interpretación de lo que en realidad había ocurrido en Butarque. Pese a un resultado que podría haber invitado a los manidos “centrarse en la liga” “nuestro papel en la Copa ya está mas que cumplido” etc… solo hay que atender a las palabras en la rueda de prensa posterior a la victoria lograda por los blanquiazules en el Bernabéu (qué rápido se escribe algo así) para topar con el técnico vasco afirmando que “cuando acabó el partido en Butarque dijimos que podíamos competir e hicimos creer a los jugadores que era posible”. Permítanme que dude muy mucho que ese “podíamos competir” procediera únicamente de la valentía del técnico o el romanticismo de la caseta de los blanquiazules.

El éxito del Leganés y de los responsables de un proyecto que viene desde la 2ª B  del fútbol patrio, no es solo –ni mucho menos- remontar una eliminatoria en el Bernabéu frente al equipo campeón vigente de casi todo ni quedarse a las puertas de una final de Copa. Pero si nos centramos en esa gesta histórica, y especialmente si lo hacemos acercando el microscopio al plano psicológico del deporte rey, el gran mérito de Asier Garitano y sus hombres bien pudo ser, por este orden, analizar las posibilidades reales del equipo teniendo en cuenta todo el contexto que iba a rodear cada encuentro de esta competición, y partiendo de eso, conseguir que su equipo fuera consciente de cómo sus opciones no solo eran reales sino al mismo tiempo alcanzables. Es decir, que el equipo tuviera la suficiente confianza real en sus posibilidades para superar tremendos escollos. La confianza colectiva principalmente viene determinada por saberse capaz de superar las dificultades a las que un equipo se enfrenta, pero, además, en un deporte como el fútbol, requiere de un entrenador (junto a su cuerpo técnico) capaz de por una parte analizar el rendimiento de su equipo, aislándolo del resultado, y que cuente tanto con la capacidad comunicativa como con la suficiente credibilidad para que ese mensaje cale en el vestuario y permita que sus jugadores se vean capaces de superar esos escollos a los que aludíamos antes. Conseguir que el equipo salga a competir, en definitiva, como dijo el propio Garitano en la rueda de prensa posterior al partido del Bernabéu, esté delante quien esté delante.

Creer que algo es posible nunca es suficiente para que algo sea posible. Pero seguramente es el primer paso. Ahí enlazamos con leyendas como la que aludíamos al inicio de este artículo: si el primer monstruo de Leganés nació de una leyenda, tiene toda la pinta que el segundo va aumentando la suya día a día, a escasos ochocientos metros de esa estatua.