Estamos en 2003. Hemos dejado atrás la histeria del efecto 2000 y el fútbol, en Estados Unidos, está a punto de sufrir una revolución. El fútbol estadounidense había visto a Beckenbauer y a Pelé, auténticos iconos del deporte rey, jugar en sus estadios. Sin embargo, Major League Soccer, fundada en 1993, esperaba traer a un mayor público y convertirse en un referente, como ya lo eran varias ligas en Europa. A comienzos del 2000 surge un joven atleta que acapara todos los focos. No nos referimos a Lebron James, sino a otro joven que no tuvo el mismo desenlace. Hablamos de Freddy Adu, llamado a ser la gran esperanza para que el fútbol triunfase en EE.UU., pero que acabó siendo otro jugador más.

En mayo del 2003, Adu tan solo tenía 13 años cuando Nike se fijó en él y quiso patrocinarle. De ascendencia ghanesa y con pasaporte estadounidense, firmó por la famosa marca deportiva que le pagó un millón de dólares. Unos meses más tarde, en el Mundial sub-17 celebrado en Finlandia en el mes de agosto, marcó tres goles contra Corea del Sur antes de caer en cuartos de final contra la campeona del torneo, Brasil. Al mediapunta, la suerte le sonreiría de nuevo cuando, en noviembre de 2004, firmó su primer contrato profesional con el DC United. El equipo le pagaría medio millón de dólares al año cuando los sueldos, en general, rondaban los 24.000 dólares anuales por aquel entonces. En 2006 llegó al Real Salt Lake con tan solo 17 años. Un año más tarde se marcharía a uno de los grandes de Europa.

La figura de Adu significaba gloria y devoción a partes iguales. Hasta que desembarcó en el viejo continente. En el Benfica, creyendo que habían realizado el negocio del siglo, pronto descubrieron que estaban totalmente equivocados. El fichaje, en 2007, rondó el millón y medio de euros y supuso una auténtica debacle para Adu. Tras un año en el club, disputó 14 encuentros marcando solo dos goles. Luego, cuatro cesiones en cuatro años –Mónaco, Belenenses SAD, Arís de Salónica y Caykur Rizespor– vaticinaron lo que muchos, tiempo atrás, no pudieron ni imaginar: Freddy Adu no era la estrella que la MLS ni los medios querían que fuese. De hacer un anuncio –bastante malo por cierto– con el mismísimo Pelé a fichar por el Philadelphia Union, cuatro años después, a coste cero.

En 2013 se marchó cedido al Esporte Clube Bahia brasileño. Ocho meses después regresó a Philadelphia, que rescindió su contrato. Tras aquello, fichó por el FK Jagodina serbio donde estuvo seis meses y no jugó ni un solo partido. Un año más tarde, se marchó al Kuopion Palloseura finlandés y disputó un único encuentro. Tras cuatro meses regresó a EE.UU. fichando por el Tampa Bay Rowdies, que militaba en la USL Championship. En 2016 volvió a quedarse sin equipo y, tras dos años, Las Vegas Lights FC le firmó un contrato. Finalmente, en diciembre de 2018, decidió colgar las botas definitivamente.

Después de la decepcionante trayectoria a partir de su paso en el Benfica, muchos se preguntaban qué había pasado. ¿Por qué Freddy Adu no deslumbraba y maravillaba como había hecho en sus primeros años? El que fuese su mentor en los primeros pasos del futbolista norteamericano, Arnold Tarzy, contó en una entrevista para ESPN que Adu con balón era imparable, pero sin él permanecía inmóvil. “¿No te molesta que él no trabaje tan duro en la cancha?”, le preguntó el propio Tarzy a Bob Jenkins, el que fuera miembro del staff de la selección de Estados Unidos, en las gradas de un partido de juveniles organizado por la US Soccer Federation en octubre de 1999, cuando Adu solo tenía diez años. Jenkins negó con la cabeza: “Solo trabaja tan fuerte como tiene que hacerlo”. Para Adu, como comentó Tarzy, todo era muy fácil. Se iba con facilidad porque era el mejor. Sin embargo, contra mejores competidores, se desvanecía. Un detalle: 15 goles en 16 partidos con la selección sub-17, 16 tantos en 33 partidos con la sub-20 pero simplemente dos goles en 17 apariciones con la absoluta. Sin esfuerzo, no hay resultados. Y esto fue su ruina.

Actualmente, Freddy Adu trabaja en una organización sin ánimo de lucro llamada Next Level Soccer, especializada en la educación y el crecimiento de los jóvenes. Ahora, con 30 años, su papel se centra en ayudar a delanteros y extremos en los entrenamientos. Disfrutando del fútbol, lo que deberíamos hacer todos. Quizás su experiencia como delantero goleador no sirva de mucho pero su historia humana, llena de decepciones, sí puede ayudar a muchos jóvenes para concienciarse del duro trabajo que les espera de camino a la élite. Porque no te dan nada regalado y menos en el mundo del balompié. Freddy Adu sabe, mejor que nadie, las consecuencias de no esforzarse al máximo.