Desde Nostradamus hasta los mayas. Cada cierto tiempo, hay algo que une a diferentes generaciones: las profecías apocalípticas. Que el planeta tierra se canse, se aburra, explote y acabe en cenizas es un miedo que el ser humano tiene. Cumplida la mayoría de edad, el Efecto 2000 fue uno de los vaticinios que más en vilo tuvo a las mujeres y a los hombres. Películas y programas de televisión sobre esta predicción coparon la escena mediática. Incluso un exfutbolista rumano lo usó como excusa para tener algunos días más en las vacaciones de Navidad. Adrian Ilie tuvo que dar explicaciones a su vuelta a Valencia en el primer año del nuevo milenio.

Dos cabezazos y un gran episodio

En un capítulo de Me llamo Earl, serie que pone el dedo en las llagas de Estados Unidos, el protagonista y todo su grupo de amigos de la América profunda y desestructurada se levantan el 1 de enero del nuevo milenio sin resaca, cosa que hacía mucho que no ocurría. Al salir de casa, la panda del condado de Camden se encuentra sola en las calles. Se creen que las personas han sucumbido a las máquinas y el Efecto 2000 ha hecho lo suyo. Ellos, que estaban en un sótano celebrando la última noche del año, se piensan que son los únicos seres humanos que han quedado en la Tierra. Tras una sucesión de chascarrillos y desdichas, se dan cuenta que todo el poblado se encontraba congregado en la cabalgata de Año Nuevo. Como ocurría anualmente. Se dice mucho aquello de que la realidad supera la ficción. O que algunas cosas solo ocurren en el cine. Esta anécdota es más propia de una serie echada por la caja tonta que de un profesional del mundo del fútbol. Pero Adrian Ilie, mítico exdelantero del Valencia, superó esto con avaricia.

La Premier League no para en Navidad, LaLiga sí lo hace. Esto otorga a los futbolistas de la competición española unos días de asueto por esas fechas. Por ello, pueden pasar unas jornadas siempre entrañables con sus familiares, personas más allegadas y el cuñado de turno. Pero deben volver. Cosa que el ariete no hizo a su debido tiempo. El rumano, quien llegó al Valencia en enero de 1998 procedente del Galatasaray, decidió por su cuenta y riesgo alargar más la estancia en su país.

“Es letal. Es como una cobra, que te pica y te mata”. Así definió Claudio Ranieri al exfutbolista. Haciendo honor al apodo que le inyectó el entrenador italiano, Ilie le hizo la cobra al Valencia, la entidad que le pagaba sus emolumentos. Según Las Provincias, una vez de vuelta de Rumania y aterrizado en el cap i casal, el ariete alegó, de manera sorprendente, que temió la llegada del año 2000 porque le habían asegurado que el nuevo milenio traería el fin del mundo.

 

“Es letal. Es como una cobra, que te pica y te mata”

 

Ante el pensamiento de la posibilidad de que se produjese aquella fatalidad, decidió de manera premeditada y con alevosía postergar su viaje a Valencia. Así pues, Ilie se quedó con sus familiares y personas más cercanas esperando el día del Juicio Final. En Mestalla, nadie tomó en serio la excusa del rumano. Con unas risas se dejó pasar. Lo que no ocurra en la capital de Turia, no ocurre en ningún otro lado. 

Muchos aficionados al fútbol y, más en concreto, del Valencia puede que desconocieran este acontecimiento o no se acordasen de él. Pero sí de las cuatro temporadas y media que Adrian Ilie jugó en Mestalla. El delantero tuvo un rendimiento espectacular en la primera de ellas, bueno, más bien, en la media campaña. Desde su llegada en el mercado de enero hasta el final del aquel curso, Ilie marcó 13 goles en 20 encuentros. “Era un jugador muy técnico y con mucha capacidad de desequilibrio”, explica Paco Lloret, periodista deportivo.

Según Ciberche.net, el ariete disputó 130 partidos con el Valencia y anotó 45 goles. El internacional rumano ayudó a que el club che levantase una Liga, una Copa del Rey y una Supercopa de España, en una de las épocas más bonitas del equipo blanquinegro. En aquellos años, no solo fueron las dos finales de Champions, de las que todo el mundo recuerda el desenlace, sino que también la entidad del Turia consiguió tocar metal.

“Era un futbolista que tenía grandes rasgos de genialidad”, comenta Lloret al recordar el gol de cabeza que Ilie le marcó en Mestalla a Oliver Kahn en la Champions League 1999/2000. “Pilló al portero a contrapié y aquella definición contra el Bayern fue magnifica”. Festejó aquel tanto con su celebración particular: dando saltos de una pierna a otra. Hasta los niños en Albacete le imitaban.

 

“Era un futbolista que tenía grandes rasgos de genialidad”

 

El rumano tuvo la oportunidad de bailar con la más bonita algunos años. Un correcaminos veloz estuvo a su lado. Adrian Ilie y Claudio López. La ‘Cobra’ y el ‘Piojo’, una delantera animal que ganó la Copa del Rey, un título que hacía 20 años que el Valencia no conseguía, en Sevilla.

Puede que Molina todavía esté buscando al argentino en el definitivo 3-0 al Atlético de Madrid. Y puede que el delantero del este le diese a Gaizka Mendieta una asistencia para “un gol realmente increíble”, como cantan Los Planetas.

Adrian Ilie también tuvo sus hits en solitario. Rasgos que solo le recuerden a él. Uno de ellos será este para los valencianistas. Tras una contra de libro del equipo che, que en aquel encuentro vestía totalmente del color de una fruta característica de su tierra, en el Bernabéu, Rufete se la ponía al ariete en la testa. El rumano se tiraba en plancha, no fallaba y el esférico mojado por la gran lluvia de ese día entraba en la portería defendida por Casillas. Aunque estaba en posición legal, el gol no subió al marcador. El colegiado vio posición adelantada del rumano. Los discípulos de Rafa Benítez perdieron ese encuentro. “Aquello fue flagrante, pero el Valencia acabó ganando aquella Liga”, rememora Lloret.

Tras conquistar la Liga con el Valencia después de 31 años sin que el equipo che la consiguiera, el del este se fue para el norte. Fichó por el Alavés, donde tuvo un paso corto. La carrera de Ilie empezaba su fin. El mundo que pensaba que se iba a destruir lo conoció bien, ya que después del club vasco jugó en Suiza y Rusia, entre otros países. Atrás quedaban muchos logros, como ser el futbolista del año en Rumania en el ’98, gracias a una gran actuación en el Mundial de Francia.

Como bien se ha visto, el Efecto 2000 no acabó con la Tierra y el planeta siguió su curso. No hubo problemas informáticos. Ya será otra cosa la que destruirá el mundo, pero no fue aquella. Puede que haya que vigilar al ser humano. Muchos temían el poder de los ordenadores. Ilie era uno de ellos. Pero para el rumano aquella Nochevieja hubiera durado hasta abril.