Además de una palabra, la distancia es un concepto muy importante cuando entra en juego la valoración de una persona. Dependiendo de la distancia que se tenga con el sujeto a analizar, que no tiene porqué convertirse en vínculo, las cosas y sus conclusiones pueden ser de una u otra forma. En el fútbol, de hecho, tanto en el juego como en todo lo que le rodea, la distancia ha adquirido una relevancia muy parecida a la del tiempo y el espacio. Como lo que ocurre dentro del terreno de juego condiciona lo de fuera y viceversa, la distancia ocupa un lugar primordial en el ánimo de quien analiza y concluye. Si analiza el entrenador, quien está más cerca que nadie de la persona, concluye una serie de cosas, puede que incluso nunca concluya ni categorice al conocer cómo oscila el rendimiento. Los que analizamos a distancia, concluimos otras. Y esta nada sutil diferencia en la distancia con un futbolista implica que los parámetros con los que se valora la realidad son totalmente diferentes. El concepto que mejor recoge todo esto es la velocidad con la que creemos que debe progresar el talento, la mentalidad y la competitividad de un futbolista. Y ahí se genera la brecha.

Para el entrenador, la noción de velocidad en el fútbol es muy diferente a la de quien está observando a distancia. Si todos pensáramos el fútbol como los entrenadores, relativizando cada gesto encontrado por la cámara, aislándose del ruido y encontrando la forma de ordenar y potenciar el talento, ajeno a las prisas mediáticas que se agarran a la cantidad de dinero de un traspaso o a la intermitencia con la que se desenvuelve un gran jugador joven, las cosas serían mucho más sencillas. Al ser de un modo contrario, analizando a distancia y generado egos, filiaciones y posicionamientos, nació la presión, uno de los peajes que van en el sueldo, frase con la que se sintetiza de manera rápida y habitual. Así, hechas las presentaciones entre el texto, la distancia, la velocidad y la presión, vayamos con Joao Félix, uno de los talentos más puros del fútbol actual. 

Este chico llegado a España con 19 años ejemplifica a la perfección ese concepto de la distancia, sobre todo cuando su rendimiento se divide entre fogonazos, trompicones, suplencias y debates. De entrada y como el fútbol no tiene memoria, ni parece que lo practiquen seres humanos, la cantidad de su traspaso no dejaba espacio a ciertas ausencias y discreto rendimiento en un primer año llamado de adaptación por su condición de casi adolescente que cambia de país, liga y, sobre todo, vida, como si no fuera suficiente para comprender que bajo esas variables es muchísimo más difícil encontrar las respuestas adecuadas y fluir con la confianza que da el tiempo a la hora de controlar el día a día. Asentado, llegó el segundo año, arrancado de manera excepcional, porque hab lamos de un potencial Balón de Oro, y en consonancia con el estilo adoptado por su equipo, que es una buena razón para intentar comprender que la formación del talento no depende de una única dirección, la que todo el mundo entiende cuando se habla de uno creativo: darle libertad.

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Joao Félix está a mucha distancia todavía de alcanzar su mejor versión, y es por ello que su intermitencia quizás responda más a los tiempos que necesita para forjar su carácter como futbolista que a una incompatibilidad futbolística con su entorno

 

Por ser breves con esta cuestión antes de tocar otra, el Atlético de Madrid ataca de la forma que más beneficia a un talento como Joao. Un ataque vertical cuando quiere abrir una defensa en campo contrario, cuyo vértice o apoyo interior, el propio Félix, disponga de un amplio espacio para la intervención antes de mirar hacia la portería de manera vertical y agresiva. Los talentos más grandes, los que tienen un primer control primoroso, se desenvuelven sin problemas recibiendo envíos agresivos cuando el ritmo es más alto y se busca sorprender al rival sin detenerse demasiado, con combinaciones programadas para avanzar sobre el terreno. En aquellos meses, todo parecía preparado para el definitivo despegue pero las circunstancias han llevado a pensar que un talento como Joao deba ser entendido de otra manera, llevando una cuestión tan compleja a un terreno demasiado reduccionista como para pensar que jugar de otra manera solucionaría aquellos otros aspectos que el portugués esta tratando de entender.

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Si continuamos con la forma de potenciar su talento, antes de abordar otra cuestión aún más importante, orbita y late alrededor del portugués un debate continuo cuando convive con la suplencia o la intermitencia de su juego sobre el campo y no es otro que pensar si en un equipo más dominante, con diferente estilo de juego que idealmente sonara más productivo, quien sabe si jugando más arriba pero con menos libertad, su fútbol cobrara más sentido. Concretando, Joao Félix es un talento creativo que lo único que necesita, aunque tenga todavía que aprender a gestionar ese privilegio para convertirlo en un bien común, es tener espacio y tiempo para contactar con la pelota cuando y donde quiera en campo contrario, y eso, a la hora de crear una ocasión de gol, no se lo impide su ecosistema actual. La cuestión, por tanto, no reside tanto en jugar cómo sino en jugar con quién. Cuanta más calidad tenga Joao a su alrededor, mejor jugador será, pues los ataques verticales, de cambio de ritmo y combinación rápida, con él como punto de apoyo hacia el gol, no son ningún impedimento.

Sin embargo, lo que quizás no está incluido en ese debate es la manera de entender la competición, el momento en el que su personalidad no conecta con la del colectivo. La gestión del marcador a favor o la supeditación del Atlético en el plan general de una eliminatoria o un partido importante hacia rivales iguales o teóricamente superiores sí hacen visibles una incompatibilidad que Simeone entiende como un proceso y que el jugador puede tardar en comprender o sentir, existiendo la posibilidad de que no se logre una comunión total. Es en este terreno donde se levanta una cuestión fundamental en la carrera de Joao Félix, y no es otra que reconocerse de una u otra forma a nivel competitivo: ¿querer ser un líder? ¿Serlo de un vestuario o solo a nivel futbolístico? ¿Interiorizar una continuidad defensiva, sea en repliegue o en un equipo de presión alta como algo indispensable en el fútbol de hoy? Joao Félix está a mucha distancia todavía de alcanzar su mejor versión porque su techo es infinito, y es por ello que su intermitencia quizás responda más a los tiempos que necesita para forjar su carácter como futbolista que a una incompatibilidad futbolística con su entorno. Estando a tanta distancia de la verdad, más que una sola, caben muchas preguntas para hacerse.

 


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Fotografía de Imago.