El fútbol está lleno de sorpresas, esto lo sabemos. Jugadores y entrenadores con trayectorias inesperadas, partidos con destinos inimaginables, conocemos todas estas cosas que hacen que este juego sea excepcional. Pero algunas veces, este deporte no necesita tanta magia. Algunas veces, la educación y la fuerza de voluntad hacen las cosas perfectamente bien, tan bien que apenas se habla de ello. Reece James, el lateral inglés del Chelsea, es uno de estos tipos que no atraen la luz, pero que se erigen como raras estrellas.

Hablar de la historia de James es hablar de lo más apasionante del deporte rey. James nació el 8 de diciembre de 1999, en Redbridge, un barrio del noreste de Londres. Su padre, Nigel, fue un jugador profesional de fútbol. Jugó en las divisiones inglesas de segundo plano, pasó por clubes históricos como el Luton Town o el Crawley Town, antes de poner fin a su carrera, demasiado rápidamente, por culpa de una lesión en la rodilla. Su esposa y él dieron la vida a dos hijos, Joshua y Reece, y a una hija, Lauren. Y estos tres han crecido tocando la pelota, regateando en el jardín o disparando en el salón. Parece que Nigel James les transmitió esta pasión devorante antes de que fueran capaces de hablar, incluso de andar. Cuando alcanzó los cuatro años, Reece ya había recibido e integrado varias lecciones de su padre. Lecciones de coordinación. De disparo. Solamente esperaba para empezar a jugar en un club, lo que logró hacer dos años más tarde.

Obviamente, su ventaja casi natural no pasó desapercibida: llevando la camiseta de un pequeño club de la capital inglesa, Reece, desde lo alto de sus seis primaveras, hizo suyo un torneo local. “Tiro libre tras tiro libre”, como diría más tarde su padre. Entonces los reclutadores del Chelsea le hicieron al niño talentoso una oferta que hoy sigue aprovechando Reece: una plaza en la plantilla del equipo benjamín de los ‘Blues‘. Este cambio no varió las costumbres que Nigel y Reece habían impuesto: los dos seguían jugando juntos, después de la escuela y del entrenamiento. “Cuando eres joven, te sientes como si pudieras jugar 24 horas al día. Cuando yo no jugaba con el Chelsea, me entrenaba con mi padre. Nunca he parado, la verdad”, reconoció después el lateral en una entrevista.

 

Reece James no ha cambiado. Todavía, según su amigo Mason Mount, es tímido fuera del campo. Un hombre que suele expresarse mejor en el césped

 

Sin embargo, todo no ha sido fácil para James. Posicionado adelante en sus primeros años, retrocedió sobre el campo al ritmo de su crecimiento físico. “Cuando llegué a los 13 o 14 años, gané peso. Fue muy duro. Pasé por momentos en los que no estaba seguro de mí mismo”. Reece se encontró jugando en una posición que nunca había ocupado, y que odió, al principio. Después de dos años, empezó a entender que su futuro como futbolista no estaba en otro lugar del campo, mientras que algunos de sus compañeros en la academia firmaban sus primeros contratos profesionales. Se despertaba temprano los domingos para trabajar más, motivado por su padre. Y explotó en su nueva posición, el lateral, ganándose el estatus de titular incluso en las selecciones nacionales inferiores.

Una prueba que la pasión y la voluntad pueden bastar para alcanzar las altas esferas del deporte. Una prueba, también, que el apoyo familiar es clave en el desarrollo de un jugador. Nigel fue y sigue siendo un padre muy protector, que conoce demasiado bien el mundo profesional para dejar solos a sus niños. Así que Reece James no ha cambiado. Todavía, según su amigo Mason Mount, es tímido fuera del campo. Un hombre que suele expresarse mejor en el césped. Las pocas entrevistas que James ha aceptado hasta ahora, y su falta de confianza evidente frente a las cámaras, ilustran en un sentido su inocencia. Una inocencia que le mantiene fuera de los focos. Mount, Abraham, Hudson-Odoi, Gilmour, todos los otros son anunciados desde hace varios años como las figuras de la nueva generación británica; pero James, mientras que ya ha ganado una Champions con el Chelsea –siendo titular en la final–, que se ha instalado ahora como uno de los mejores laterales del mundo, y que sigue impresionando cada vez que juega, nunca le habían identificado como uno de los mejores del planeta. Que es lo que es. Su lealtad al club que le ha dado la oportunidad de vivir del fútbol, su carácter impecable sobre el campo, su alto nivel físico, su inteligencia táctica, la exactitud de sus pases cruzados: Reece James sube tranquilamente hasta la cumbre de su deporte. Con discreción pero con seguridad.

 


SUSCRÍBETE A LA REVISTA PANENKA


Fotografía de Imago.