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“Si el roce hace el cariño la hazaña debe de querer muchísimo al Celta porque llevamos décadas rozándola, acariciándola y haciéndole cosquillas en el sofá. A la hazaña, estoy segura, le hemos provocado algún que otro orgasmo”, afirma Lucía Taboada en el precioso Como siempre, lo de siempre.

Puede que el más brutal de estos orgasmos, el más salvaje, uno de aquellos que te dejan sin aire, mirando al techo semiinconsciente, en trance, sea el que el Estadio de Balaídos saboreó en aquel mágico, inolvidable, 9 de marzo del 2000, hace justo dos décadas, en el que su equipo atropelló, arrasó, a la Juventus en el partido de vuelta de los octavos de final de la Copa de la UEFA (4-0).

Después de deshacerse del Lausanne suizo y del Aris de Salónica en las dos primeras rondas del campeonato y de masacrar, de ningunear, de barrer, al histórico Benfica en los dieciseisavos, endosándole un bárbaro 7-0 en el duelo de ida; el camino del ‘Euro Celta’, aquel equipo que se convirtió en un matagigantes que se paseaba por los estadios de aquí y de allí impresionando con su balompié alegre, valiente y exquisito, escribiendo las páginas más bellas de la historia del club, se cruzó con el de la todopoderosa ‘Vecchia Signora‘; que en 1996 había alzado su segunda Copa de Europa tras ganar al Ajax en los penaltis y que en las tres campañas siguientes solo había cedido ante los equipos que acabarían levantando la máxima competición continental; el Borussia Dortmund y el Madrid, en las finales de la 96-97 y de la 97-98, respectivamente, y el Manchester United, en las semifinales de la 98-99.

El 1-0, obra del siempre ‘txuri-urdin‘ Darko Kovačević, de la ida, disputada en Delle Alpi tan solo siete días antes, aumentó la dificultad de la empresa, a la vez que acentuó el favoritismo de una Juve que, hasta el momento, tan solo había encajado once tantos en 24 jornadas de una Serie A que dominaba con paso firme; aunque acabaría en las vitrinas de la Lazio. Pero el cuadro de Víctor Fernández, que formó con José Manuel Pinto; Albert Celades, Fernando Cáceres, Sergio Fernández, Juanfran García; Everton Giovanella, Claude Makélélé; Valeri Karpin, Aleksandr Mostovoi (Haim Revivo), Gustavo López (Tomás Hervás); y Benni McCarthy (Mazinho), se vistió con sus mejores galas; dispuesto a regalarles una noche única, maravillosa, a los más de 30.000 esperanzados, soñadores, aficionados que abarrotaron las gradas de Balaídos con la ilusión de presenciar una nueva gesta de su equipo. Casi ni habían tenido tiempo de aposentarse en sus asientos cuando, a los 27 segundos, Makélélé, bien asistido desde la izquierda por un sublime Mostovoi, igualó la eliminatoria de nuevo con un fuerte chut desde el corazón del área transalpina. “Había anunciado Víctor Fernández un ataque frenético desde el primer minuto y ocurrió exactamente lo que había previsto”, apuntaba Pablo Campos en la crónica de El País; en la que sentenciaba que “el Celta echó a la Juventus de Europa en una noche que quedará grabada por muchos años en la memoria del celtismo. Otro campeón de Europa que cae por el corto pero deslumbrante trayecto europeo de los de Vigo. Cayeron el año pasado el Aston Villa y el Liverpool. Y este curso, el Benfica. La de anoche fue otra de las del Celta. Otro magnicidio”.Frente a un Balaídos enloquecido, en ebullición, convencido de que nada era imposible; el Celta, aquel Celta que coqueteaba con la excelencia, desdibujó, caricaturizó, a una Juve que naufragó a los pies del Atlántico. Se deshizo como quien dobla un papel del poderoso equipo de Carlo Ancelotti; que se presentó en Galicia con Edwin van der Sar; Alessandro Birindelli (Mark Iuliano), Zoran Mirković, Ciro Ferrara (Igor Tudor), Paolo Montero, Gianluca Zambrotta (Zinédine Zidane); Antonio Conte, Alessio Tacchinardi, Edgar Davids; Alessandro del Piero y Darko Kovačević.

Ya en el minuto 32, solo cinco después de que Conte, expulsado por doble cartulina amarilla, enfilara el camino hacia la caseta, los celestes, desatados, celebraron el segundo gol de la noche al ver cómo Birindelli se introducía la pelota en su propia portería en un saque de esquina servido por Mostovoi. El 2-0 era suficiente para acceder a la siguiente ronda. Pero no era suficiente para los jugadores del Celta; que en el prólogo del segundo acto, en el minuto 47, ya con la ‘Vecchia Signora‘ jugando con nueve futbolistas por la expulsión por roja directa de Montero, hicieron explotar Balaídos con el 3-0. Lo firmó McCarthy, que aprovechó un regalo de un Van der Sar que, como toda una Juve que no encajaba cuatro goles en Europa desde el 1980, acabó hincando la rodilla ante el huracán local; ante el balompié preciosista de los discípulos de Víctor Fernández. El definitivo 4-0 llegó en el minuto 69; cuando, de nuevo, McCarthy cazó un rechace sobre la misma línea de gol para redondear la proeza. Para redondear una de las más bellas hazañas de la historia del Celta de Vigo.

“Llegaban los poderosos italianos, conquistadores europeos, con aires de superioridad a la pequeña aldea del Atlántico, donde no sospechaban encontrarse con un grupo de humildes futbolistas dispuestos a dejar su sacro nombre manchado y humillado. La lógica decía que la Juve debía eliminar al Celta, pero el fútbol no es una ciencia exacta y Vigo vivió ayer una hazaña que quedará grabada en los manuales de su historia”, celebraba la emotiva crónica de La Voz de Galicia. “Que tiemble el Lens”, concluía, optimista.

Enarbolando la bandera del desta vai, del ahora sí, los celestes se plantaron en los cuartos de final de la Copa de la UEFA por segunda temporada seguida. Pero el sueño del Celta, tristemente acostumbrado a quedarse siempre a un paso de dar el golpe, como destacaba Marcel Beltran

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en unas líneas sobre Como siempre, lo de siempre, se esfumó de repente. Los vigueses se ahogaron, perecieron, en la orilla después de hacer lo más difícil. “Cuando el viento parecía más favorable, el Celta se desvaneció sin motivo aparente”, lamentaba la crónica de El País del partido de vuelta de la eliminatoria de cuartos de final ante el Lens; en el que el conjunto del Stade Félix-Bollaert remontó el tanto inicial de Revivo; borrándole la sonrisa al Celta, dejándole a medias.

Pero el tiempo, dicen, cura las heridas.

Y, dos décadas más tarde, Balaídos todavía se emociona, y sonríe, al recordar el salvaje orgasmo de aquel legendario 9 de marzo del 2000.

 


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