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El fichaje de invierno que enamoró un verano

Recién llegado al Rayo, se ha hablado más de Miku por las tensiones que ha generado entre entrenador y directiva que por lo que puede aportar al conjunto

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Para Miku Fedor unas vacaciones en España supusieron esa oportunidad que otros andan buscando toda una vida. Aquí empezó a soñar. Lo hizo cuando varios clubes trabajaron con esmero para lograrle un permiso de residencia que le permitiera jugar, y lo hizo con más fuerza aún cuando vio el Valencia campeón de Liga militando en su cantera. Todo había empezado cuando Fedor, resignado a perder la forma durante el verano de 2001 que sus padres decidieron pasar en Valencia, quiso invertirlo entrenando con los juveniles de la SD Sueca. Era todavía un adolescente que jugaba en el equipo escolar de su ciudad natal, Caracas, y que consiguió eludir el viaje de vuelta demostrando durante esos meses lo habilidoso que podía llegar a ser. Ante la propuesta de la misma SD Sueca de quedarse a vivir en Valencia, no hubo ni un simple titubeo.

Si no hubiese sido por las dificultades que tenía entonces alguien nacido fuera del país para jugar en categorías inferiores, el ascenso del venezolano hubiera sido meteórico, pero los problemas burocráticos lo mantuvieron a la espera mucho tiempo. De hecho, pasó hasta un año entero sin jugar, mientras el Valencia CF le echaba el ojo y le buscaba una categoría en la que pudiera participar con su condición de extranjero. Durante esta etapa aportó sus goles a equipos como el Alcoyano, de Segunda B y a la UD Salamanca, para quien marcaría el gol del ascenso a Segunda de 2006 convirtiéndose a su vez en el máximo goleador de la categoría. También jugó para el Gimnàstic de Tarragona y el Ciudad de Murcia, aunque su actuación en ambas plantillas fue poco más que discreta. Entre tanto, el Valencia no le perdía la pista y lo repescó después de varias cesiones.

Por fin llegó la oportunidad de jugar con el primer equipo del conjunto ché, ocho años después de su llegada al país y habiendo vivido de todo dentro del fútbol español; desde temporadas heroicas como la que protagonizó en el Salamanca hasta sequías goleadoras preocupantes. Pero lo que tenía que ser el salto definitivo en el Valencia se vio totalmente eclipsado por la presencia de delanteros con verdadero renombre en Mestalla. Como él mismo reconoció posteriormente, en su juventud no supo asimilar ser el suplente de David Villa. El ímpetu de Miku, que pocas veces se ha mordido la lengua y siempre ha hecho caso a su instinto alimentado por las ganas de triunfar, lo movió hasta Getafe, la que sería su casa durante los siguientes dos años. Este capítulo, en el que convivieron goles que le valieron el honor de ser el segundo venezolano con más goles en Liga y broncas con el presidente Ángel Torres, concluyó con una salida precipitada, despechada y poco reflexionada al Celtic de Glasgow. Al cabo de unos meses, ya estaba catalogando públicamente el traspaso como un “grave error”.

A los pocos meses Miku asumió que el traspaso al Celtic de Glasgow fue "un grave error"
A los pocos meses Miku asumió que el traspaso al Celtic de Glasgow fue “un grave error”

Una suplencia que no entendía, un clima al que el venezolano no se adaptó y un nuevo intento fallido de encontrar una estabilidad que aún no ha llegado. Fue durante esta etapa en el que, tanto él como su nuevo técnico Paco Jémez protagonizaron un rifirrafe verbal desde la distancia causado por el partido de Liga de Campeones que enfrentó al equipo escocés y el FC Barcelona. El venezolano contestó a una reflexión sobre el estilo de juego que adoptó el Celtic en aquel encuentro y, picado, contestó en un programa de radio que había visto como el Rayo se comía cinco goles del Barcelona el fin de semana anterior. El intercambio de opiniones no tuvo más historia, pero fue zanjado por la famosa sentencia del técnico andaluz:  “Si Miku ha dicho eso es o porque no ha entendido el mensaje o porque es tonto. Si es lo primero, espero que con esta explicación ya lo ha entendido y si es la segunda, ni él ni yo podemos hacer nada”.

Miku vuelve a España después de pasar un año y medio en Catar, esa aventura que no siempre sale bien, y que no siempre compensa económicamente. Lo hace con 29 años, a mitad de temporada, en un conjunto muy hecho a sí mismo y bajo las órdenes de un entrenador que rápidamente se desvinculó de su fichaje. Aquella escaramuza entre ambos solo hace más irónico su regreso a la Liga, en unas circunstancias que no parecen ser las mejores para reencontrarse con el gol y con la continuidad en la cancha. Aunque más difícil lo tenía para convencer a un equipo de juveniles en lo que duran unas vacaciones de verano en Valencia, tal y como hizo aquel agosto de 2001.