A lo largo de la historia, Bielorrusia, y en concreto la ciudad de Brest, ha sido el hogar de múltiples huellas que decidieron establecer ese terreno como propio: desde suecos hasta alemanes, pasando por polacos y lituanos; aunque el recuerdo más reciente antes de su independencia en 1991, fue la institución de una República Socialista de la Unión Soviética. Atractiva por su geografía estratégica, Brest se sitúa como línea férrea entre Berlín, Varsovia y Moscú, por lo que hace de enlace comunicativo y de intercambio de mercancías. Es considerada como la puerta que separa la Europa Occidental de la Oriental. Así que imagínense cuanta influencia ha pasado por parcelas bielorrusas en lo social, cultural, económico, y por supuesto, futbolístico. Aun con eso, el Dinamo Brest se ha proclamado este 2019 campeón de liga por primera vez en su historia con tan solo ocho jugadores extranjeros de los 22 que componen su plantilla.

Fundado en 1960 como Spartak Brest, el club se unió en sus inicios a la segunda categoría de la Liga Soviética -conocida como PervayaLiga, activa desde 1936 hasta 1991 y contando con otros equipos como el Lokomotiv de Moscú, el Dnipro o el Shakhtyor Stalino (actual Shakhtar Donesk)-. La inestabilidad política y social hicieron que la competición se reorganizase en múltiples ocasiones, provocando un baile de ascensos y descensos de los equipos por las diferentes divisiones. Un año después de la independencia de las repúblicas soviéticas -tras la disolución de la URSS en 1991- el Dinamo se unió a la máxima categoría del fútbol territorial, pero no fue hasta el 2007 que cosechó su primer gran éxito: la Copa Bielorrusa. Ese triunfo les acreditó para disputar competiciones europeas, pero cayó en la primera fase de clasificaciones ante el ya desaparecido Liepajas Metalurgs letonio. Diez años después, en 2017, el FC Dinamo Brest repetiría la gesta ganando en los penaltis al siempre peligroso Shakhtyor Soligorsk, y cayendo en segunda fase de la Europa League ante el Rheindorf Altach austríaco.

EL VERDUGO DEL BATE

¿Se acuerdan de aquella mítica banda uruguaya llamada Chocolate y el inconfundible inicio de su canción de mayor éxito llamada Mayonesa? ¿Aquella que rezaba: “Bate que Bate que Bate el Chocolate”? Bueno, pues al Brest sí que “se le subió pronto a la cabeza” ser la orla del zapato del conjunto de Borisov. En 2018 y con Diego Armando Maradona como presidente honorífico del club -antes de marchar a Sinaloa- revalidaría el título copero al tumbar al todopoderoso BATE, remontando un 2-0 adverso (2-3 final). No contento con ello, el conjunto de Brest volvió a tumbar al de Borisov alzando su primera Supercopa Bielorrusa. Y esto no acaba aquí. El dos de marzo de este mismo año, el Dinamo hizo sangría revalidando el trofeo, de nuevo, ante el BATE (esta vez tras imponerse por 1-3).

¿Quieren más alicientes? El Dinamo Brest ha sido capaz de hacer historia este temporada en la liga doméstica, no sólo porque es la primera vez que la gana, sino porque le ha destrozado la racha triunfadora de 13 ligas consecutivas a la apisonadora de Borisov. El rey, que desde 2006 hizo evidente la hegemonía liguera, ha sido destronado por su ‘bestia negra’ cuando faltaba un partido aun por disputarse, haciendo verdadera “maaa-yooo-neee-sa” con los restos del gigante. El último precedente de un equipo que plantó cara al BATE Borisov en liga fue el de otro Dinamo, en este caso el de Minsk, que en 2017 finalizó la temporada con los mismos puntos que el primer clasificado, pero se alejó del festejo por la diferencia de goles (-11) en el average global. Dato curioso: desde el inicio del siglo XXI hasta 2006, Bielorrusia había tenido seis campeones diferentes cada año. A partir de esa fecha, el BATE impuso su monopolio. Hasta hoy.

Como bonus track, el morbo está servido en la actual Copa Bielorrusa: tanto los ‘Sine-belyye’ (blanquiazules) como los ‘Zholto-Sinie’ (amarillos y azules) han pasado a cuartos de final. Ambos se encuentran en el mismo cuadro del formato; ambos se enfrentan a un club de Minsk (Isloch y Dinamo, respectivamente); ambos pueden verse las caras en ‘semis’. Un David salsero puede hacer frente de nuevo a un Goliat privado de éxito que ha visto como hasta en dos ocasiones este año, el Brest les ha pasado por encima, estando así al alcance de hacer el triplete de torneos nacionales. Mientras tanto, el mundo del fútbol seguirá “haciendo palmas arriba y arriba”, ya sea batiendo al BATE hasta que salga una ‘mayonesa’ perfecta, o cortando esa emulsionada salsa de una vez por todas.