David Arellano fue un joven revolucionario. Lo de la edad no le importaba en exceso. Con solo 17 años comenzó a destacar en el Club Deportivo Magallanes. Y era relevante dentro del campo, desde el interior izquierdo del ataque, y también fuera. Porque en 1925, siendo aún un veinteañero, en un momento en el que la tensión entre la directiva y los jugadores más noveles de la plantilla, a causa de las irregularidades en los salarios de los futbolistas, era ya altísima, Arellano decidió tomar cartas en el asunto e iniciar la historia del club más grande de Chile, el Club Social y Deportivo Colo-Colo.

Profesional como pocos, rompió con los estereotipos del fútbol chileno de entonces. Quería hacer las cosas bien desde el principio, nada de dejadeces. Y cortó por lo sano los malos hábitos. Ni alcohol ni cháchara ni movidas de estas. Aquí se viene a entrenar, con la camiseta impoluta y al público que viene a apoyar se le saluda siempre, que hay que ser agradecidos. Así se ganó el cariño de todos. Un cariño que se tornó en recuerdo demasiado pronto.

 

A Saavedra le dijo: “Ahora tú serás el capitán”. A sus hermanos les pidió que cuidaran de su madre. Antes de que el reloj señalara las siete de la tarde, su corazón dejó de latir

 

En marzo de 1927 Colo-Colo atracó su barco en el puerto de A Coruña para iniciar su gira por Europa, tras una por América. Jugó algunos partidos en Galicia, otros cuantos en suelo portugués y otro en Madrid, ante el Atlético, antes de llegar a Valladolid para enfrentarse a la Real Unión Deportiva. Fueron dos encuentros. El primero acabó con victoria chilena por 2-6. El segundo, en tragedia. A falta de diez minutos para el final del primer tiempo, con 2-0 en el marcador para los locales, David Arellano vio en el centro de su hermano Pancho una invitación a ajustar el resultado. Saltó a por el balón en disputa con el defensor David Hornia. Chocaron en el aire. Al volver al piso, Arellano cayó primero, con la mala fortuna de que Hornia lo hiciera sobre su barriga. “De este golpe no me salvo”, le comentó a su otro hermano, Alberto. Abandonó el césped y se fue al hotel. La noche fue dura, eterna. Los males persistían en el costado derecho de su barriga. Y así hasta la mañana, cuando un doctor fue a visitarlo a su habitación. Tenía una peritonitis. Le quedaban horas de vida. Tras saberse la noticia, reunió a sus compañeros. A Saavedra le dijo: “Ahora tú serás el capitán”. A sus hermanos les pidió que cuidaran de su madre. Antes de que el reloj señalara las siete de la tarde, su corazón dejó de latir.

Desde entonces, para honrar la memoria de su fundador y capitán, Colo-Colo comenzó a lucir un crespón en su manga izquierda. Lo hizo hasta 1974, para reubicar la tira negra sobre la cabeza del ‘Cacique’, encima del escudo que Arellano defendió hasta su muerte.

 


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Fotografía de Imago.