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El banquillo del Celta, un lugar maldito

Claudio Giráldez se ha convertido en nuevo entrenador del Celta tras la destitución de Rafa Benítez. Con la marcha del madrileño, ocho son los entrenadores que han sido despedidos desde el adiós de Berizzo en 2017

celta

A lo largo de nuestras vidas muchos guardamos con cariño fechas especiales que esperamos que se produzcan con ilusión por lo que esa día significa. Para los que todavía no se hayan enterado, esta temporada el Celta ha cumplido 100 años y ha sido una de las campañas en las que los aficionados celestes más se han ilusionado. Entre la grada nueva, ‘Oliveira dos cen anos’ retumbando en cada partido y con Rafa Benítez dirigiendo al equipo, el curso para los vigueses se antojaba especial como pocos, pero la realidad ha terminado dictaminando lo contrario. Tras varias jornadas en las que el conjunto parecía un barco a la deriva, Marian Mouriño ha tomado su primera decisión complicada como presidenta: despedir al madrileño y continuar así un largo historial de destituciones en el maldito banquillo celeste.

Con la marcha de Benítez, la banca de Balaídos se ha cobrado su última víctima. Como si de una silla eléctrica se tratase, el Celta ha visto cómo desde la marcha del Eduardo Berizzo, hace ocho años, ocho entrenadores han tratado de llenar un vacío que hoy en día todavía parece difícil de salvar. El ‘Toto’ se convirtió para muchos en el mejor entrenador de la historia del club, gracias a un estilo, unos resultados competitivos y, sobre todo, un sentimiento de pertenencia a unos colores que impregnaron toda la ciudad durante su estancia. Berizzo únicamente dispuso de tres años al mando del club en los que logró dos semifinales de Copa y una fatídica de Europa League en Old Trafford que todavía hoy se recuerda.

El Celta era el lugar perfecto para el ‘Toto’ y pocos como él podrían haber logrado lo que hizo en su estancia en Vigo. Como suele pasar en la vida y como casi siempre les pasa a los aficionados celestes, las cosas nunca terminan como uno quiere. Pese a todo lo conseguido y pese a que era el hombre perfecto para seguir, Berizzo comunicó en mayo de 2017 que no continuaría al frente del equipo. Esta fue una decisión incomprensible, que se comprendió un poco más cuando se supo que el club se había negado a incluir al argentino en las decisiones de los fichajes y en ser más ambiciosos en la calidad de estos. En su ultima temporada, tras la eliminación frente al Alavés en las semis de la Copa, el argentino dejó una frase para el recuerdo. “Algún día golpearemos tan fuerte la puerta que caerá”.  El Celta sigue esperando ese día y posiblemente todavía tarde en llegar.

 

Con la marcha de Benítez, la banca de Balaídos se ha cobrado su última víctima. Como si de una silla eléctrica se tratase. Nadie consigue llenar el vacío que Berizzo abrió hace ya demasiado tiempo

 

El primer sucesor de Berizzo e iniciador del carrusel de entrenadores fue Juan Carlos Unzué, que llegó a Vigo con la difícil tarea de continuar la línea de la temporada anterior. El navarro vivió en la temporada 2017-18 su primera experiencia como técnico de Primera División, tras haber sido el segundo de Luis Enrique en su prolífera etapa en el Barça. A pesar de un inicio de campaña bastante decente en la que el equipo estuvo en puestos europeos, el Celta terminó cayéndose a final de temporada acabando en un mediocre 13º puesto. El club llegó a un acuerdo con el técnico para separar sus caminos a pesar de que Unzué declaró que “no puedo estar de acuerdo con la decisión, pero es lo que hay”.

La 2018-19 empezó en Vigo con la típica ilusión de todas las temporadas en las que los celtistas no se ven venir el tropiezo. Tres fueron los entrenadores que habitaron ese maldito asiento que antiguamente se situaba frente a la grada de Río Bajo en Balaídos. El primero en pasar fue Antonio ‘el Turco’ Mohamed, que empezó bien con dos victorias en las tres primeras jornadas y con unas declaraciones a Diario As para el recuerdo, donde manifestó sin miramientos que “pienso de verdad que podemos ganar la liga”. El asunto quedó ahí, porque la primera aventura del argentino en Europa terminó tras 12 jornadas y solo tres victorias dejando su sitio a Miguel Cardoso. El portugués desembarcó en Vigo con un buque lleno de dudas sobre su figura y sobre si de verdad era el candidato idóneo para reconducir la situación. El técnico fue cesado tras 14 jornadas en las que sólo sumó tres victorias, en las que dejó al equipo dos puntos por encima del descenso y en las que no pudo contar con Aspas ni en un solo choque.

Para lograr la salvación, el Celta contrató los servicios de un técnico más acostumbrado a estas situaciones, Fran Escribá. La jornada 29 fue un punto de inflexión, después de que el Celta levantase un 0-2 contra el Villarreal que además de dejar muy tocado al equipo, lo hubiese puesto a cinco puntos de la salvación. Aquel día Aspas volvió de la lesión y, para variar, se vistió de héroe, firmó dos goles y dejó para el recuerdo la imagen de un llanto desconsolado tras ser cambiado después anotar el 3-2. El cuadro olívico terminó salvándose en la última jornada.

 

El club celeste hizo una gran apuesta por Benítez a principio de curso, dándole uno de los cinco salarios más altos a un entrenador en toda la liga y confiándole una parte de la dirección deportiva

 

A pesar de que numerosas voces reclamaban que se debería haberse renovado el proyecto, Escribá continuó al frente del banquillo celeste. El tiempo terminó dando la razón a aquellos que lo querían fuera, porque al igual que Mohamed la temporada anterior, en la jornada 12 el alicantino dejó su sitio a Óscar García Junyent, que se convertía en el quinto entrenador del Celta en 15 meses. Con él, los celestes recuperaban de nuevo esa filosofía familiar que había caracterizado al club en otros momentos, la de un entrenador con la predisposición de desplegar un juego vistoso y de calidad. A pesar de la inversión en la 2019-20 y del regreso de gente de la casa como Rafinha o Denis Suárez, el Celta no consiguió dar con la tecla en ningún momento de la temporada. Durante prácticamente toda la campaña el equipo alterno el descenso con sus puestos colindantes y logró la salvación en la última jornada, después de empatar frente al Espanyol y de estar muy pendiente de que el Leganés no ganase su partido.

La siguiente temporada el Celta volvió a cometer con Óscar el error que tuvo con Escribá. El técnico catalán comenzó al frente del banquillo, pero únicamente aguantó hasta noviembre, dejando al equipo penúltimo tras nueve jornadas. El elegido en esta ocasión fue Eduardo ‘el Chacho’ Coudet, un técnico sin experiencia en Europa, pero que a diferencia de sus predecesores sí que conocía la casa. El argentino le cambió la cara totalmente al equipo mejorando en gran medida la calidad del juego. La ‘Chachoneta’ se quedó a las puertas de Europa en su primera campaña, manteniendo las esperanzas de conseguir la séptima plaza prácticamente hasta la última jornada. Coudet se ganó el derecho de seguir otra temporada más al frente del club, pero el Celta, en la 2021-22, fue una sombra de aquel equipo que tanto enamoraba a la afición celeste. Al ‘Chacho’ se le recriminó que siempre pusiera “a sus amigos” y a los jugadores que tenía en mayor estima, además de no saber dar alternativas cuando la cosa se ponía cuesta arriba, siendo incapaz de remontar cuando el Celta estaba por debajo en el marcador. Aquel año el cuadro olívico finalizó undécimo, surcando la irrelevancia durante gran parte del curso, pero manteniendo a un único entrenador en el banquillo por primera vez en cuatro años.

Si dicen que el hombre es el único animal que tropieza dos veces con la misma piedra, el Celta lo hizo tres veces en un espacio bastante corto de tiempo. Al igual que pasó con Escribá y Óscar, el ciclo del ‘Chacho’ posiblemente debería haber terminado al final de esa campaña, pero el club decidió darle continuidad. ¿El resultado? Coudet destituido tras la jornada 12 y el Celta teniendo otra temporada más que cambiar de técnico a principios de curso. El argentino aceptó su primer despido entre lágrimas pero dejando en el celtismo un sentimiento de pertenencia por el club que hacia mucho tiempo que no se vivía en Balaídos. Carlos Carvalhal fue su substituto y la verdad es que le cambió la cara totalmente al equipo. Gracias a un emergente Gabri Veiga, el conjunto olívico rozo los puestos europeos durante varias jornadas, pero como era habitual en otras temporadas, terminó cayéndose a causa de las lesiones y de la presión de los malos resultados. El Celta volvió a salvarse en la última jornada con un partido para el recuerdo con un doblete de Veiga y con la destitución de un Carlos Carvalhal que el celtismo quería que continuase al frente.

 

Claudio Giráldez es ahora el encargado de reconducir la situación del Celta, un técnico sin experiencia más allá de Primera RFEF y más joven que Iago Aspas

 

Así llegamos a esta temporada, la temporada del centenario del Celta y la temporada que más ilusión ha generado en Balaídos en los últimos años. Es cierto que el conjunto empezó bien y que los errores arbitrales lastraron posibles buenos resultados del equipo, pero la actitud y la poca autocrítica de Rafa Benítez han terminado costándole el puesto. El club hizo una gran apuesta por él a principio de curso, dándole uno de los cinco salarios más altos a un entrenador en toda la liga y confiándole una parte de la dirección deportiva. Benítez ha demostrado con sus declaraciones y tácticas que del pasado no se puede vivir, y que pese a que él no lo creyese así, el Celta es un club donde se debe mirar a la cantera.

Claudio Giráldez es ahora el encargado de reconducir esta situación, un técnico sin experiencia más allá de Primera RFEF y más joven que Iago Aspas. Por el momento, su carta de presentación frente al Sevilla ha sido de notable muy alto y quien sabe si un hombre de la casa y celtista de cuna como él puede convertirse en un digno heredero del banquillo celeste. Berizzo solía decir que para que ocurran las cosas primero hay que soñarlas y Giráldez siempre ha dicho que su sueño era ser entrenador del Celta. Veremos si el tiempo le da la razón a todos los que le pedían como técnico y si ‘el Guardiola de O Porriño ‘ puede marcar una época en Vigo.

 


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Fotografía de Getty Images.