De los campos embarrados al pulido césped del siglo XXI. Más de cien años entre la derrota y la victoria, campeones en una época y perdedores en otras, celebrando ascensos y sufriendo descensos en innumerables ocasiones. El Bradford City no ha gozado demasiadas veces de un amplio periodo de estabilidad a lo largo de su existencia, pero, respaldado por el cariño de su gente, ha logrado diferentes proezas y superado tragedias imborrables para la memoria.

102 años separan un éxito en la FA Cup y una final de la Copa de la Liga. El Bradford City, fundado en el 1903 a partir del cambio de modelo de un club de rugby llamado Manningham FC, empezó con buen pie su ya extensa andadura en el mundo del fútbol, consiguiendo asentarse en poco tiempo en la máxima categoría y, sobre todo, alzando por primera y única vez el trofeo más antiguo de la historia de este deporte. En 1911, coincidiendo con un quinto puesto en primera división, el mejor hasta la fecha, levantó la valorada FA Cup en Old Trafford ante unos 58.000 espectadores.

Quién les diría entonces a los de West Yorkshire que aquella sería una temporada irrepetible. Una temporada en la que además tuvieron el placer de estrenar la nueva copa de la competición, diseñada precisamente por unos joyeros de Bradford: Fattorini and Sons. Tras la duplicación ilegal del anterior trofeo, la federación decidió instaurar uno nuevo, vigente todavía a día de hoy, aunque en el 1992 se empezó a utilizar una réplica exacta a causa de su antigüedad y consecuente fragilidad. En el 1911, un equipo conformado por ocho escoceses y entrenado por Peter O’Rourke, de la misma nacionalidad, venció al Newcastle por 1-0 en la repetición de la final, puesto que el primer encuentro, disputado en el estadio de Crystal Palace, en el sur de Londres, había acabado con un empate a cero.

 

El tiempo sigue pasando, pero la afición sigue teniendo presente a aquellos héroes que regalaron a la entidad el mejor momento de su historia

 

Un error del portero del Newcastle propició el único tanto del encuentro, obra del atacante Jimmy Speirs en el minuto 15, quien desde ese instante se convirtió en una leyenda de la ciudad, pese a marcharse poco después al Leeds. El futbolista escocés, casado y con dos hijos, desgraciadamente moriría asesinado ocho años más tarde en la batalla de Passchendaele, en Ypres, Bélgica. La Primera Guerra Mundial también fue cruel e implacable para el Bradford, que sufrió la pérdida de varios jugadores y exjugadores. Bob Torrace, clave en la consecución de la FA Cup, fue otro de los fallecidos en Ypres. El tiempo sigue pasando, pero la afición sigue teniendo presente a aquellos héroes que regalaron a la entidad el mejor momento de su historia. Unos futbolistas que, como tantos millones de personas, fueron víctimas de la deshumanización del conflicto bélico.

Cuatro años después del final de la guerra, los ‘Bantams’, apodo del club debido a la similitud de los colores ámbar y burdeos con el plumaje de los gallos y a la valentía que demuestran dichas aves, descendieron a segunda división. Tardarían 77 años en volver a la máxima categoría, tras competir durante todo ese periodo en categorías inferiores. Aun así, el momento más trágico de la entidad ocurrió en mayo de 1985. El Valley Parade, inaugurado en el 1886 y feudo del Bradford desde su fundación hasta el día de hoy, sufrió un incendio que acabó con la vida de 56 personas y dejó alrededor de 260 heridos.

El Bradford, que estaba de celebración tras conseguir el ascenso a segunda división, recibía en el último duelo liguero al Lincoln City. A priori era un gran día para los ‘Bantams’, pero algún individuo descuidó apagar aquel cigarrillo que desencadenó el desastre. Algunos seguidores se dirigieron al terreno de juego y lograron salvarse, mientras otros intentaron marcharse del estadio sin éxito, pues las puertas estaban cerradas. Aquella desafortunada decisión les costaría la vida a muchos. “En aquella época había una cultura de dejadez en los estadios, pudo haber ocurrido en cualquier campo británico, pero tocó en Bradford”, señaló el presidente del club de aficionados, Alan Carling, en el homenaje a las víctimas de 2015.

Otro de los presentes en aquella fatídica tarde, Alan Stockdill, ya con 66 años, recuerda cómo huyó de las llamas: “El viento lo sopló hacia nosotros. Pudimos ver el fuego sobre las personas, estaba en el techo y había gente mirándolo sin darse cuenta de que ya estaba sobre ellos”. Tan solo dos semanas después, ocurriría la Tragedia de Heysel, en la final de la Champions disputada entre Juventus y Liverpool. Por su parte, el Bradford jugó, durante un año y medio, sus encuentros como local entre el Odsal Stadium, Leeds Road y Elland Road, hasta la remodelación de Valley Parade; donde el club recuerda a las víctimas y les rinde homenaje con diferentes placas y monumentos ubicados en la fachada del estadio, hoy con capacidad para unos 25.000 espectadores.

En 1999, por fin, los ‘Bantams’ regresaron tras mucho tiempo a la élite del fútbol inglés. Fueron subcampeones de segunda, logrando el ascenso de la mano del exjugador Paul Jewell. Tras una primera campaña en la que se salvaron gracias una victoria por 1-0 frente al Liverpool en la última jornada, fueron colistas en la 2000-01 y regresaron a la categoría de plata de nuevo. El Bradford City aguantó únicamente dos cursos en la Premier; después entraría en una espiral de infortunios que le llevaría hasta la cuarta división. Del exitoso retorno al estrepitoso fracaso en poco tiempo. La gloria nunca ha durado demasiado para los de Valley Parade, pero en algunas ocasiones han podido presumir de ella. Tal como sucedió en 2013.

 

“He estado en lugares como Aldershot y Plymouth y hemos perdido. Entonces, ¿qué son 30 horas de vuelo por esto?”

 

Parecía improbable que, con los problemas económicos de los últimos años y compitiendo en League Two, el Bradford llegara a la final de la Copa de la Liga. Pero lo hizo. Sorprendentemente para todo el mundo, los ‘Bantams’ se convirtieron en en primer equipo de cuarta división en alcanzar la final de la League Cup desde que el Rochdale lo consiguiera en el 1962. Miles de aficionados se movilizaron para llevar a su equipo en volandas a Wembley. Nick Allan, acérrimo seguidor, voló desde Nueva Zelanda para vivir uno de los momentos de mayor relevancia de la historia reciente de la entidad: “He estado en lugares como Aldershot y Plymouth y hemos perdido. Entonces, ¿qué son 30 horas de vuelo por esto?”. 

Para llegar al desenlace del torneo, el Bradford superó a Notts County, Watford, Burton Albion, Arsenal, Aston Villa y Wigan. Lamentablemente, no pudieron superar al Swansea en la final, que se impuso por 0-5. Fue el primer club galés en levantar la Copa de la Liga, por aquel entonces patrocinada por Capital One. Aun así, aquella final fue toda una hazaña para los ‘Bantams’. Según explicó su entrenador, Phil Parkinson (actualmente en el Sunderland), el orgullo pesó mucho más que la derrota: “No ha habido mucho por lo que alegrarse, pero estoy muy feliz de que los seguidores puedan marcharse con la cabeza en alto. Fue una oportunidad para hacer historia y estos muchachos serán recordados durante los próximos años”.

El merecido premio llegó pocos meses después, cuando pudieron celebrar el ascenso a la tercera categoría de Inglaterra tras ganar al Northampton en la final del playoff. Los goles de Nahki Wells, jugando en la actualidad en el Bristol City, fueron esenciales en aquella histórica temporada. Además, en el 2015 alcanzaron los cuartos de la FA Cup tras vencer a rivales de la talla de Chelsea y Sunderland. Como contraste ante tales proezas, en 2017 se quedaron a un paso de subir a Championship. A partir de aquel momento todo volvió a precipitarse, pues en el 2019 regresaron a cuarta división, donde siguen a día de hoy. 

En Bradford las sombras muchas veces han acabado eclipsando las luces. Los ‘Bantams’ vivieron unos esperanzadores primeros años de existencia, haciéndose con la preciada FA Cup, pero, desgraciadamente para ellos, el 1911 sigue siendo el mejor año de su historia. Fugaces tiempos de victoria contrastan con otros de derrota. Sin embargo, el apego de sus aficionados ha ayudado que, paradójicamente, en ciertos momentos ambos sean compatibles, pues ellos son el único éxito persistente del Bradford City. Siempre con su equipo, tanto en el dolor como en la gloria.

 


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Fotografía de Getty Images.