*La entrevista se puede leer íntegramente en el #45 de Panenka. Cómpralo aquí

En una extensa entrevista concedida a Panenka y publicada en el número 45, correspondiente al mes de octubre de 2015, Javier Mascherano valoraba su papel en el FC Barcelona, club en el que jugó desde 2010 y no siempre en su posición natural. “Si no hubiese empezado a jugar de central, seguramente ya no estaría en el Barça”, asumía el argentino, conocedor de la calidad de su competidor en el centro del campo, Sergio Busquets.“Ya lo sabía: ser pivote en este equipo era casi imposible”. Aunque llegaron a jugar juntos juntos, Mascherano reconocía que, con él y Sergio en el medio, el equipo “se resiente un poco en la fluidez del juego y quizá no llega con tanta gente delante”.

Mascherano reflexiona también sobre su forma de entender este deporte. “No le encuentro sentido a lo que muchos dicen de que ‘salgo a la cancha a disfrutar”, explica. Y agrega: “No, yo sufro el fútbol, no lo disfruto. No soy de aquellos que se divierten durante los 90 minutos”. Cuestionado sobre su paso por la Premier y más concretamente por el Liverpool de Rafa Benítez, Mascherano se rindió al que luego fue preparador del Real Madrid“Él fue un milagro cuando creía que no podría adaptarme al fútbol inglés. Rafa me sacó de un pozo ciego a 20 metros bajo tierra y me llevó a lo más alto”. Mascherano, que catalogó a Benítez como técnico “muy docente”, también aseguró que él y el técnico siguen hablando a menudo.

Apodado el ‘Jefecito’ y ejemplo de pundonor para la gran mayoría de técnicos que ha tenido, Mascherano rehuye de la fama –“he visto a campeones del mundo pasar inadvertidos por la calle. Sé que esto se termina”– y de la etiqueta de líder. “Uno lo es porque te hacen serlo los demás, no porque uno lo pretenda. No necesito ni un mote ni un brazalete para dar mi opinión en el vestuario”, valoraba. En clave internacional, las finales del Mundial y de la Copa América recién perdidas en ese momento lo hacían reflexionar de la siguiente manera: “Los últimos dos campeones del mundo han contado con seis o siete jugadores de un mismo equipo. Argentina no tiene esa posibilidad, por eso es más difícil”.