– Esto se acaba.

– Lo sé.

– ¿Y qué hacemos?

– Disfrutarlo.

Diálogo entre Jim Carrey y Kate Winslet, en ¡Olvídate de mí!.

 

Hagan un ejercicio simple. ¿Cuántas de las cosas (personas, aficiones, vicios…) que configuraban vuestra vida en el verano de 2009, el de Summercat (tonight, tonight, tonight, tonight…”), permanecen imperturbables nueve años después? El número seguramente variará en función de lo nostálgicos que seáis, pero lo innegable es que hay dos hombres que, impertérritos ante el jodido (e imparable) paso del tiempo, continúan ahí; silenciando a los que osan profetizar el ocaso de sus (inigualables) carreras deportivas. Eternamente condenados a las (inútiles) comparaciones entre uno y otro, embarcados desde hace más de diez años en su particular carrera espacial, Leo Messi y Cristiano Ronaldo, los dos indiscutibles referentes del fútbol moderno, caminan lentamente hacia el final de sus carreras mientras sueñan con añadir el título de la Copa del Mundo a su interminable nómina de éxitos.

“Todavía tienen muchos conejos mágicos en la chistera”, matiza Jimmy Burns (Madrid, 1953), que acaba de publicar Cristiano y Leo. La carrera para convertirse en el mejor jugador de todos los tiempos (Editorial Córner, 2018). En la novena obra de su trayectoria literaria, este reputado y polifacético escritor/periodista criado en Inglaterra, antaño colaborador de medios de comunicación como el Financial Times, The Economist o la BBC, disecciona, desde sus inicios, el interminable combate entre un artista incomparable (Leo Messi) y un prodigio de la naturaleza (Cristiano Ronaldo). El resultado son 424 páginas que respiran una irrefrenable pasión por el fútbol, que narran dos vidas entrelazadas con objetividad e intensidad.

Hijo de un espía británico (Tom Burns); nieto de un médico/científico de enorme prestigio (Gregorio Marañón); autor de libros de viajes, de historia, de religión y de fútbol; condecorado hace apenas unas semanas por la reina Isabel II por tu trabajo a favor de las buenas relaciones entre el Reino Unido y España… Quizás tu última obra debería ser una biografía…

[Ríe]. Lo importante en la vida es buscar las cosas interesantes, sobre todo si uno es escritor. Y, para mí, el fútbol es un fenómeno que va mucho más allá del propio deporte en sí. Es, también, todo el mundo cultural, político y sociológico que lo rodea. Me gusta escribir para los futboleros que quieren ver algo más que una crónica de periódico, de radio o de televisión; así que creo que mis libros sobre fútbol no son superficiales. Se meten en el meollo de la cuestión: quienes son las personalidades que están detrás de todo, por qué las estrellas se convierten en tales… No es solamente por su talento; también es por la gente que les aconseja y por el contexto en el que juegan, con la gran rivalidad entre sus clubes.

En tu página web diferencias entre los libros de religión, los de fútbol y los de historia. A efectos prácticos, son muchos los que aseguran que el fútbol y la historia están completamente conectados…

Sí, totalmente… Lo que me fascina del fútbol en España es, sobre todo, que siempre ha estado muy ligado a la historia y a la política del país. Y es increíble que, durante tantos años, grandes historiadores que han escrito sobre España no hayan mencionado el fútbol, a pesar de que siempre ha sido un fenómeno que ha arrastrado masas y pasiones, que ha provocado grandes rivalidades y (desgraciadamente) enfrentamientos.

 

“El fútbol ayuda a comprender la identidad cultural de ciertos sectores de la sociedad y de ciertos lugares del país”

 

En 2004, en la presentación de Cuando Beckham se fue a España, afirmabas que “no se puede entender la España del siglo XX sin analizar el papel que juega el fútbol y equipos como el Real Madrid, el Barcelona o el Athletic de Bilbao”. “Los clubes sirven como herramientas para explicar la historia de los últimos 150 años”, remarcaba hace unas semanas el escritor Ramon Usall. ¿Hasta qué punto es importante conocer la historia de los clubes de fútbol para entender la historia de un país?

Sobre todo, ayuda a comprender la identidad cultural de ciertos sectores de la sociedad y de ciertos lugares del país. Y las etapas en las que se desarrollan los clubes, que también son súper interesantes para mí. Si coges el caso del Barça, por ejemplo, puedes ir desde la época franquista hasta el fichaje de Johan Cruyff, con todo lo que supone la llegada de un hombre que viene del país del hippieismo, de la apertura social, del destape… Cruyff llega a Barcelona y revoluciona la ciudad. No solamente con su manera de jugar; también con su actitud hacia la autoridad y con su independencia.

Tan interesante es para ti la idiosincrasia de los clubes (y su vertiente política) que, aunque naciste a poco más de 500 metros del Santiago Bernabéu, en tu infancia te decantaste por el Barça porque tu ideario liberal te impedía identificarte con un equipo al que relacionabas con el régimen franquista…

Como decía Ortega y Gasset, somos quienes somos y nuestras circunstancias. Por circunstancias, casi por accidente, nací en Madrid. Todos mis otros hermanos nacieron en Inglaterra. Mi primer recuerdo en el mundo del fútbol es ir al Bernabéu con siete años, con un amigo de mi abuelo que era muy forofo del Madrid, y ver a Di Stéfano. No me acuerdo mucho de cómo jugaba porque era muy pequeño, pero lo que sí que recuerdo es estar completamente alucinado con la catedral del fútbol que ya era el Bernabéu en ese momento. Y, aunque es difícil de imaginarlo, en aquella época Madrid terminaba con el Bernabéu. A partir de ahí todo era campo abierto, así que más allá de aquellos grandes focos solamente había oscuridad. Para un niño era casi como un cuento de hadas. Luego, efectivamente, más de mayor, empecé a cubrir la transición para la televisión británica y pude viajar por todo España. Vine a Barcelona y descubrí lo importante que es el fenómeno del Barça para los catalanes. Y la llegada de Johan Cruyff; que, después de años y años de declive del club y de superioridad del Real Madrid, empezó a jugar de una manera que ilusionó a muchísima gente.

¿Cómo es ahora tu relación con el fútbol? Todos nos vamos haciendo mayores, pero continuamos siendo unos apasionados de este deporte del que nos enamoramos cuando tan solo éramos niños…

Sí… Y te contaré más. Yo fui a un colegio privado inglés, en el norte de Inglaterra. Estuve allí, interno, desde los 13 años hasta los 18. Me acuerdo de que cuando llegué me quedé en estado de shock porque decían que los únicos deportes a los que podíamos jugar eran el rugby, en invierno, y el cricket, en verano. Así que me fui a ver al director del colegio, que era un jesuita, y le dije: ‘Mire, padre. Ustedes, los jesuitas, siempre nos dicen que tenemos que estar abiertos al mundo real, tendiendo puentes con otras clases sociales, pero aquí no podemos jugar al fútbol…’. ‘Entonces, ¿por qué no empiezas tú a jugar al fútbol?’, me respondió. Así que yo inauguré el primer equipo de fútbol de mi colegio. Y, ahora, muchos años después, hay varios equipos en el que fue mi colegio. Me siento como muy orgulloso de aquello.

Decías antes que cuando entraste por primera vez en el Bernabéu quedaste completamente asombrado. A medida que nos vamos haciendo mayores vamos consolidando nuestra pasión por el fútbol, pero el primer episodio más relevante en nuestra relación con este deporte quizás es este, la primera vez que nos adentramos en un estadio y nos sentimos enormemente minúsculos…

Y, en cierto modo, aquí también identificas un poco mi singularidad. Ya sé que puede resultar difícil de comprender, pero la verdad es que me siento casi tan tranquilo en el Bernabéu como en el Camp Nou. Y, en este sentido, lo que he intentado hacer al escribir este libro es apelar a la objetividad del hincha al que realmente le gusta el fútbol, aunque a veces cueste superar los prejuicios de tribu y de nacionalismo. De hecho, lo único que le pido al lector para disfrutar de este libro tanto como yo he disfrutado escribiéndolo es dejar a un lado, por un momento, estos prejuicios. Porque, al fin y al cabo, el fútbol debe ser alegría, disfrutar y respetar a los dos genios que son estos dos tipos. Y es que uno se puede tirar cuatro horas viendo goles suyos en YouTube, porque cada uno te parece más fantástico que el anterior…

Te puedes tirar cuatro horas viéndolos en YouTube, y casi no has tenido tiempo ni de fijarte en la camiseta…

Exacto. Es como ponerte vídeos de Eric Clapton, ver concierto tras concierto, tras concierto… Y descubrir que cada concierto es mejor que el anterior.

Dices en el libro que Cristiano Ronaldo es “una máquina de precisión física que destroza a los rivales a través de fuerza y determinación”, que Leo Messi es “el genio, capaz de hacer cosas con un balón de fútbol que parecen de otro mundo”. Ciertamente, son dos extraterrestres…

Cada uno tiene su talento, sus características, pero insisto en que si uno se pone a verlos YouTube… Es como ver los diez años de la increíble evolución de estos dos jugadores en tan solo una hora. Ahí, lo que realmente ves es que los dos han dejado muchos momentos espectaculares; con sus goles, con su imaginación, con su visión en el campo. A mí me han dado muchísimas alegrías los dos. Y, luego, si uno entra en la personalidad de los dos, esto casi se convierte en un ensayo humanista. Porque son tan diferentes… Vienen de culturas muy diferentes, de sociedades muy diferentes, de países muy diferentes… Y, sin duda, también tienen personalidades muy diferentes. Por ejemplo, Messi es un tipo relativamente apático, que habla con su fútbol, como decía Valdano. En cambio, Cristiano es más extrovertido; incluso dicen que es narcisista y egocéntrico. Pero, aunque a ciertos culés les cueste reconocerlo, también es un tío con un gran sentido del humor, también es una buena persona…

Y es que, volviendo al tema de los prejuicios, (cada vez más) creo que en nuestra sociedad se tiene que reconstruir el respeto y el sentido del bien común. Hemos perdido el respeto de los unos a los otros, a los adversarios. Y en el fútbol… No entiendo por qué el fútbol tiene que ser tan diferente. Como decía Bill Shankly, el fútbol es como la vida y la muerte. Y, si los hinchas del fútbol pensamos que es así, tenemos que reflejar lo mejor de la vida.

Cada uno con sus cualidades, cada uno con su personalidad; se han ido nutriendo el uno del otro hasta que han terminado por forjar una rivalidad legendaria. La más increíble, “la más grande de la historia del deporte”, según remarcabas en una entrevista en la Agencia EFE.

Es que es una rivalidad que no tiene rival. En términos de constancia, de supervivencia y de sobrepasar circunstancias adversas, no tiene rival. Porque, para mí, lo fascinante de Leo Messi y Cristiano Ronaldo es que los dos tuvieron niñeces extremadamente problemáticas. Cristiano tuvo el problema del alcoholismo de su padre y, además, nació en una situación de bastante pobreza. Messi nació muy chico y tuvo que someterse a un programa de hormonas. Los dos tuvieron que luchar contra todo eso para continuar hacia delante; así que su grandeza se refleja en su talento, pero también en su fortaleza física y psicológica.

Tal y como apuntabas en una entrevista en Onda Cero, el libro también es un “ensayo sobre el gran poder humano de superarse a sí mismo y a sus circunstancias”.

Exacto. Esto se lo debo a mi abuelo (Gregorio Marañón), que escribía muchos libros sobre el carácter humano. A mí siempre me ha fascinado la psicología humana. Y, también, explicar por qué una persona ha llegado hasta donde ha llegado. En este sentido, creo que otro aspecto que es muy importante en la carrera de Messi y Cristiano es que, más allá de su talento y de su fortaleza, han tenido la suerte de estar muy bien aconsejados.

Ahí entra el síntoma del segundo padre. A lo largo de sus carreras profesionales, los dos han tenido estos padres sustitutos en situaciones puntuales. Cristiano, a pesar de no hablar inglés y de llegar a un país extranjero, tuvo la buena suerte de tener a Alex Ferguson, que le adoptó, le protegió, le enseñó muchas cosas y le ayudó a superar a las grandes leyendas del Manchester United. Y Messi tuvo a Frank Rijkaard y a Pep Guardiola.

“Existe la teoría de que [Leo Messi] ha agotado los adjetivos y yo creo que es justo lo contrario, es un creador de lenguaje. Te obliga a ser más inteligente, más agudo. No hay suficiente con las frases que siempre hemos utilizado en el fútbol”, reconocía hace unas semanas el escritor Jordi Puntí en una entrevista en El Món. Ciertamente, Messi y Cristiano también son extraordinarios en este sentido…

Sí, es así. De hecho, en cierto modo, lo que me animó a empezar este proyecto y lo que me dio la adrenalina para continuar adelante es el timing, el momento en el que nos encontramos. Porque creo que estamos llegando al final de un ciclo, así que también es un libro bastante reflexivo. Como diciendo: ‘Mira, esto es una telenovela de Netflix que está llegando al último episodio’. Creo que era el momento de reflejar todo lo que ha pasado hasta ahora. Y de preguntarse: ‘¿Es esta la rivalidad más fantástica que se ha visto en el deporte?’. Yo concluyo que sí. Hay un momento en el que hablo de los grandes boxeadores (Muhammad Ali y Sonny Liston), de Roger Federer y Rafael Nadal… Y, realmente, en términos de las masas que han arrastrado… Leo Messi y Cristiano Ronaldo personifican este gran monstruo en el que se ha convertido el fútbol de hoy. Es un deporte que arrastra masas, que cruza fronteras, que une culturas… Puedes estar en El Cairo, en Kabul, en Deli, en Varsovia, en Londres, en París… Y los dos futbolistas sobre los que todo el mundo habla son estos dos, Leo Messi y Cristiano Ronaldo. Cuando estos dos desaparezcan del escenario nos va a costar mucho encontrar otra rivalidad como esta, otra historia como esta. De más de diez años de competencia; batiendo todos los récords, con cinco Balones de Oro para cada uno (hasta la fecha). Personalmente, dudo que vuelva a ver algo igual en toda mi vida. Y creo que a mis hijos y a los hijos de mis hijos también les va a costar. Claro que hay buenos futbolistas, pero…

¿Quién ocupará el insondable vacío que dejarán Leo Messi y Cristiano Ronaldo cuando se retiren?

Con todo, si resulta difícil acertar las palabras para definir lo que hacen Leo Messi y Cristiano Ronaldo sobre los terrenos de juego, aún es más complicado encontrarlas para hablar de la extraordinaria capacidad que tienen para reinventarse continuamente, para mantenerse “ahí arriba, en el panteón de los dioses”, tal y como destacas en el libro. “Aquello que diferencia a los genios de los buenos, incluso de los grandes, es su capacidad de evolucionar con el tiempo; no solo de resistir, sino de madurar, de volver a crear y seguir inspirando, de continuar decididamente por encima del resto”, sentencias.

Es que hasta este fenómeno siempre se decía que los futbolistas llegaban al final de sus carreras a los 27, 28 o 29 años. Y Messi y Cristiano han transformado esta idea. ¿Cómo lo han hecho? La han transformado porque han trabajado mucho para llegar hasta donde han llegado. Yo, que he escrito una biografía sobre Diego Armando Maradona (Maradona. La Mano de Dios, 2010), soy muy consciente de lo que le puede pasar bajo presión mediática a un deportista que no esté bien asesorado. Diego perdió aquellos años de alegría porque se metió en las drogas, porque se metió en la farándula de la noche. Si Messi no se hubiese ido de Argentina a los 13 años quien sabe si hubiera acabado igual. Incluso, si Cristiano no se hubiese ido de Madeira y de Portugal y no hubiese llegado a la Premier League, seguramente tampoco hubiera legado donde está ahora. Así que volvemos a lo que decía Ortega y Gasset: ‘Yo soy yo y mis circunstancias’.

Quizás ahora estamos entre el final del segundo acto y el principio del tercero, pero lo que es indudable es que, por lo que hemos visto hasta ahora, la de Leo Messi y Cristiano Ronaldo es una historia tremendamente susceptible de convertirse en una novela.

Es como una tragicomedia shakesperiana, con la idea de la némesis. Cada uno es la némesis del otro, se necesitan para continuar creando.

Decías antes que vamos acercándonos tristemente al final de un ciclo… ¿Cómo será el fútbol sin Messi y sin Cristiano? Tan habituados estamos a vivir sus proezas que el miedo, la nostalgia y la inquietud afloran en la piel con el simple hecho de imaginarse un futuro así…

En cierto modo, vamos a ser como huérfanos. Huérfanos de la alegría que nos proporcionan, de sus hazañas. Perderemos, también, aquella tensión que uno vive con el clásico, cuando Messi y Cristiano salen como dos gladiadores en la arena romana, con todas las cámaras enfocadas en ellos dos. De repente, es como si te olvidaras de todos los demás, de todo lo demás. Creo que esto vamos a tardar muchísimo tiempo en verlo de nuevo.

Uno tiene la sensación de que nada será lo mismo después de ellos, de que quizás ni siquiera nos acordaremos de andar.

Sí… Y si uno acepta que el fútbol es como la vida y la muerte, como decía Shankly, con la retirada de estos dos señores nos acercaremos un poco más a la muerte.

 

“Cuando se retiren Messi y Cristiano nos acercaremos un poco más a la muerte”

 

Quizás, este es uno de los principales motivos por los que tenemos que saborear intensamente este Mundial, porque puede ser el último en el que se crucen sus caminos…

Sí, sin duda. Si pensamos en por qué va a ser interesante este Mundial, esta es una de las grandes cuestiones de fondo. Ver si Messi por fin va a poder superar a Diego, que según sus compatriotas no lo hará hasta que gane un Mundial. Ver a Cristiano, que también querrá hacer algo con Portugal. Inevitablemente, la tensión del torneo también se centra en ellos dos. 

Después de la enésima temporada de ensueño, ¿Cómo los ves en este Mundial? Ni Argentina ni Portugal parten en el grupo de las favoritas, pero esto quizás les concedería aún más mérito a Messi y a Cristiano en caso de conducir a sus países hasta el título…

Argentina y Portugal tienen una gran dependencia de Messi y Cristiano, respectivamente. Y todo depende de cómo jueguen, porque en las otras selecciones (excepto en Egipto, con ‘Mo’ Salah) no existe esa misma dependencia. A Leo le veo muy motivado, aunque la preparación del equipo argentino ha sido un poco caótica (como siempre es…). Y, luego, Portugal… Tampoco es un gran equipo, pero con Cristiano por ahí siempre hay que tener muchísimo cuidado.

Uno piensa en el Mundial y le es imposible imaginarse un final más poético que Leo alzando el trofeo, acabando de una vez con las eternas e insulsas comparaciones con Diego…

Sí, hasta a Diego le costaría reconocer que (por fin) no ha dado a luz a su primogénito.

Si eso sucediese… Es que la gente me pregunta: ‘¿Cómo comparas a estos dos con Pelé, con Maradona, con los otros grandes del fútbol?’. Es que Messi y Cristiano son incomparables, porque el contexto en el que han vivido en los últimos diez años… Di Stéfano, Pelé o Maradona nunca tuvieron que soportar ese nivel de presión (competitiva, comercial, mediática…). Y eso aún nos alucina más, ver que a pesar de todo se han mantenido más o menos serenos.

Efectivamente, ganar este Mundial acabaría de convertirles en únicos…

Yo me imagino lo que sería una final entre Cristiano y Leo, pero no sé si va a poder suceder…

Sería el epílogo perfecto para el libro…

Literariamente, sería perfecto. Sería el partido que marcaría una época…

Como un penúltimo baile antes de irse…

Sí, como un último tango.

 

*

 

Quizás echen de menos una pregunta. No la busquen, no está. Y es que es absurdo preguntarse por quién de los dos es mejor, si Leo Messi o Cristiano Ronaldo. Jimmy Burns tendrá su opinión. Yo, la mía. Y ustedes, la suya. Pero la belleza de este precioso deporte, su mayor virtud, radica precisamente en que (como en la vida) cada uno tiene su particular punto de vista, su particular manera de afrontar su humilde existencia. “Al compararlos, por muy precisos que sean los números, se ignora la esencia del fútbol (su pura imprevisibilidad) y los momentos de inspiración de cada jugador”, asegura el escritor en el ingente trabajo de documentación que constituye el libro, justificándose por no contestar una pregunta que en realidad es poco menos que “un insulto a este maravilloso juego”.

Ciertamente, qué importa quien sea mejor.

Limitémonos a disfrutar. Mañana ya nos preocuparemos por el futuro.