Si tratamos de analizar las selecciones que parten como favoritas para conseguir levantar la Copa del Mundo al cielo de Moscú, tres naciones resonarán con fuerza en nuestra cabeza: España, Brasil y Alemania. Posiblemente, el llamado segundo escalón de equipos candidatos a todo esté liderado por la Francia de Didier Deschamps. El conjunto galo parece haber llegado a un momento decisivo en la búsqueda de un equipo ganador desde que consiguiera el doblete de Mundial y Eurocopa en los últimos coletazos del siglo XX y principios del XXI.

Desde aquellos éxitos sin precedentes en una selección francesa que no observaba proporcionalidad entre su potencia futbolística y sus títulos, el fútbol francés a nivel de selecciones ha atravesado más baches que buenos momentos. Sin ir más lejos, el aterrizaje después de un periodo de éxitos entre 1998 y 2000 fue más bien un accidente aéreo. En el Mundial de Corea y Japón de 2002 no se pudo pasar de la primera fase. Esa generación gastada regresaría a una final mundialista en el año 2006, en Alemania, pero Italia truncaría todas las aspiraciones francesas desde los once metros.

La transición entre una generación y otra no se estaba llevando a cabo con el acierto que un elenco de jugadores con tanta técnica y ego reclamaba. Esto llevó a un nuevo fiasco, este de grandes dimensiones, cuando en Sudáfrica 2010 la selección francesa de Raymond Domenech no pasó de la primera fase. Además, se debe destacar que también se venía de otro fiasco en la Eurocopa de Austria y Suiza, maquillado por haber sido encuadrado en el ‘grupo de la muerte’. Así las cosas, se comenzó a trabajar sobre una generación joven, con presencia de jugadores de cierta experiencia que solo aportaran cosas positivas. En 2013, Francia se alzó con la Copa del Mundo sub-20. Los jugadores de ese equipo fueron entrando, en su gran mayoría, en una selección absoluta que llegó a cuartos de final de Brasil 2014 y a la final de la Eurocopa de Francia 2016.

Una juventud experimentada

Fruto de esa regeneración con gran parte del seleccionado campeón del mundo sub-20 en 2013, la Francia que comparecerá en Rusia es una de las selecciones más jóvenes de la cita. Con una media de edad de 26 años, la experiencia no sobra en jugadores ya estrellas mundiales sin llegar a los 26 años como Raphael Varane, Samuel Umtiti, Paul Pogba, Nabil Fekir, Kylian Mbappé o Florian Thauvin. A todo ese elenco de jugadores hay que sumar la que será estrella francesa en Rusia 2018: Antoine Griezmann. El jugador del Atlético de Madrid, con 27 años y en plena madurez futbolística, es uno de los hombres más veteranos de una selección marcada por la juventud y por una gran variedad de formas para hacer daño al contrario.

 

Sin ese perfil organizador que haga funcionar al equipo de forma natural, Deschamps ha querido utilizar la enorme técnica y calidad de algunos de sus jugadores para calmar esa necesidad del equipo

 

Didier Deschamps posee en su plantilla un abanico de posibilidades para que esta Francia se convierta en uno de los mayores peligros en suelo ruso. Fuerte en defensa, con laterales que profundos con capacidad de generar ofensivamente, un centro del campo rocoso y con capacidad de sumarse al ataque y un frente de ataque con extremos rápidos y habilidosos, delanteros muy móviles tendentes a ir al espacio y el perfil del ‘9’ puro. Sin embargo, pese a lo anteriormente expuesto, existe un perfil de jugador que Francia no posee: el de mediocentro creativo. Si acudimos al elenco de centrocampistas que Didier Deschamps ha convocado para Rusia no observamos ningún centrocampista organizador, algo clave para engrasar una máquina cuasi perfecta.

Y es que ese perfil creativo hace tiempo que no se puede encontrar en el combinado galo. Lo más cercano y creativo que podemos encontrar en los últimos torneos de la selección francesa es Yohan Cabaye o Morgan Schneiderlin. Deschamps cuenta con este problema, y en los amistosos previos a la Copa del Mundo ha dejado alguna pista de cómo quiere paliar esta ausencia que puede afectar a los jugadores de más calidad arriba.

Que el mejor decida

Para que Francia pueda hacer funcionar el enorme abanico de herramientas que posee para hacer daño necesita que el equipo salga jugando con cierta clarividencia desde atrás, haciendo llegar los balones a los jugadores decisivos en cierta ventaja. Sin ese perfil organizador que haga funcionar al equipo de forma natural, Deschamps ha querido utilizar la enorme técnica y calidad de algunos de sus jugadores para calmar esa necesidad del equipo. Una de las claves para conseguir eso es la amplitud de campo que otorgan los laterales. La colocación de estos muy arriba con balón permite a los extremos (Mbappé y Dembelé) aparecer por dentro. A ello también se une Griezmann, el eje central de ese tipo de salida de balón. Retrasando su posición, Antoine ayuda en la salida de pelota sirviendo de enlace entre la defensa y el ataque francés. El del Atlético de Madrid es clave para encontrar esa cierta organización y creatividad que le permite dominar a los rivales.

Si el papel creativo recae en los jugadores más talentosos del ataque, la labor de los centrocampistas residirá en proteger a la defensa, conseguir robar el balón y darle una salida depurada hasta el cerebro pensante organizativamente hablando. A partir de ahí, el balón pasará a la zona de tres cuartos para, o bien atacar verticalmente al espacio o reestructurar un ataque posicional. Tolisso puede desempeñar bien casi todas las funciones demandadas en ese centro del campo de Francia, ya que su físico le permite robar, no arriesgar en el pase y sumarse a las posiciones de ataque con gran facilidad. De esta forma, Francia pasará a sumar un gran número de efectivos en el ataque, incorporando a dos de sus interiores, los dos laterales como extremos, los propios extremos actuando por dentro y la referencia ofensiva se moverá según el plan establecido.

Así las cosas y, para terminar, la salida de pelota francesa no se anclará en un patrón posicional o que busque la verticalidad para atacar los espacios. Será lo que Griezmann o el encargado de retrasar su posición para salir jugando decida. El gran porcentaje de acierto en la toma de decisiones de estos jugadores con los que el plantel de Francia cuenta hace que dejar en ellos ese tipo de función no sea un riesgo. Ante selecciones con un mayor nivel en esa faceta organizativa, Les Bleus pasarán algunos apuros a la hora de dominar el partido, ya que este dominio recaerá, casi con toda seguridad, en la selección contraria. Sin embargo, el dominio del contragolpe, con jugadores muy hábiles al espacio, les hace ser una selección muy peligrosa, que si es capaz de paliar de alguna forma la falta de creación en el medio, pasará a ser una de las candidatas a levantar su segundo Mundial.