Tercer gol de Geoff Hurst. El delantero inglés, con su último gol en la final de la Copa del Mundo de Inglaterra 1966, ajusticia a Alemania Federal en la prórroga. El único título de campeón del mundo que actualmente luce en las vitrinas de la FA se colocó en ese año 1966. Como todo equipo campeón, el conjunto de Sir Alf Ramsey sentó cátedra con un sistema que desde el imaginario colectivo futbolístico siempre ha tenido un sabor muy inglés. Aquella selección inglesa que levantó la Copa del Mundo al cielo de Londres no encajó un solo gol en el campeonato hasta la ronda de semifinales. Eusébio estrenó un casillero de goles en contra que pasaría a tres con los dos tantos recibidos en la final ante Alemania Federal. El equilibrio y la solidez mostrada por parte de la selección local no solo respondía a la presencia de uno de los mejores defensores de la historia de Inglaterra como Bobby Moore. La respuesta estaba en la ‘innovación’ táctica de Alf Ramsey, que había dejado atrás el 4-2-4 que popularizó la Brasil de Pelé con su título en Suecia 1958 para abrazar un 4-4-2 que mantendrá hasta nuestros días acento inglés. Retrasando e interiorizando la posición de Alan Ball y Roger Hunt, Ramsey cuadró un centro del campo muy poblado, donde Bobby Charlton campaba a sus anchas entre el ataque y el medio. El éxito sentó la cátedra.

Afortunadamente, hoy podemos conocer que esto no es del todo así. Sir Alf Ramsey desarrolló ese sistema 4-4-2 de forma paralela a otro entrenador. No se pudieron nutrir o copiar entre ellos, ya que el Telón de Acero, que dividía a Europa en dos, impedía el trasvase de información. Víktor Máslov no solo fue el primer entrenador que llegó a la conclusión de la valía del 4-4-2 como sistema, sino que esta adaptación a un nuevo dibujo tiene una explicación que hoy en día nos sigue salpicando. Incluso empapando. El técnico soviético pensó que una ordenación en 4-4-2 es más adecuada para la ocupación de espacios de forma zonal, algo que, por aquel entonces, en un fútbol cargado y tildado de marcajes individuales, se observaba con recelo. Se sospechaba de la forma más natural de defender, la única que no tenía influencia directa del entrenador a no ser que fuera para cambiar una tendencia ya imperante, como fue el caso. Ese 4-4-2 de Víktor Máslov triunfó, pero no lo hizo en un Mundial de fútbol ni al otro lado del Telón de Acero, donde las informaciones y las noticias sí que podían seguir un curso más normalizado. Eso fue lo que realmente elevó a los olimpos del reconocimiento y cátedra del fútbol a Sir Alf Ramsey, por encima de un Víktor Máslov que no pudo gozar del reconocimiento lógico a una obra tan de nuestros días como su Dinamo de Kiev.

Se hace énfasis en la gran influencia que la obra de Víktor Máslov tiene actualmente por ser uno de los primeros entrenadores que trabajó el pressing en el fútbol. La idea del 4-4-2 fue algo revolucionario, pero vio la luz como medio para conseguir el fin de establecer un equipo presionante y predispuesto a realizar marcas zonales. Se trataba de un acto totalmente revolucionario dentro de una situación política soviética que perseguía cualquier atisbo de chispa rebelde. Máslov eligió el fútbol para sembrar la semilla de lo que serían equipos que marcaron la historia del fútbol años más tarde. Del brote de ese Dinamo de Kiev de Máslov surgieron equipos como el Ajax de Rinus Michels y Stefan Kovacs, el Watford de Graham Taylor o el Milan de Arrigo Sacchi. Pero Víktor Máslov no consiguió establecer ese sistema de presión tan extraño en la época solo con la formación 4-4-2. Esa forma de juego sin balón requería una forma física excelente dentro de un juego que aún no estaba profesionalizado al nivel de nuestros días. El Dinamo de Kiev de Máslov se destacó como un equipo preparadísimo físicamente y sin necesitar de una versión militar de su entrenador para que esto fuera así. Es más, es seguramente esa forma de ser de Víktor Máslov, de plena confianza en sus jugadores, el factor más importante para que su plantilla confiara en su forma de entender el fútbol a pies juntillas.

 

El esquema 4-4-2 de Máslov tenía una característica muy del fútbol moderno: era flexible y tendente al intercambio de posiciones entre sus jugadores

 

El técnico nacido en Moscú, que había destacado como un centrocampista de buen trato de balón, no era un entrenador al uso. Exigía, pero no era esa figura autoritaria que todos imaginamos teniendo en cuenta el lugar y la época donde se desarrolló su gran obra. Fue todo lo contrario a su discípulo en los banquillos. Si a Valeri Lobanovsky se le apodaba el ‘Coronel’, Víktor Máslov era reconocido dentro de su plantilla como el ‘Abuelo’. Ese apelativo tenía origen en su personalidad, tan humana y humilde como plagada de conocimientos sobre fútbol. Las estrategias del equipo eran consensuadas con sus jugadores, había confidencias y, hasta en algunas ocasiones, las decisiones de los cambios en los partidos eran parte de los jugadores. Fue esa relación de confianza mutua entre plantel y entrenador lo que fraguó uno de los equipos más revolucionarios de la historia de este deporte. A todo esto hay que añadir otra adecuación táctica. Máslov, dentro de ese centro del campo ya de cuatro hombres, colocó un centrocampista encargado específicamente en parar los ataques del contrario y, a la vez, ser iniciador de las jugadas ofensivas de los suyos. Ese fue Turyanchyk que se unió a Biba como dos de las individualidades más destacadas de aquel Dinamo de Kiev. Biba era al conjunto de Kiev lo que Bobby Charlton a la Inglaterra campeona del mundo en 1966, su individualidad más destacada en lo técnico y en cuanto a visión de juego.

La grandísima amalgama de recursos técnicos que escondía Máslov le llegó a dotar de dos planes de partido diferenciados según el rival al que se enfrentara. Algo totalmente inusual para la época. Con un par o tres de cambios en el equipo, este podía pasar de un estilo agresivo en lo ofensivo a más contemplativo y con mayor capacidad para asegurar la posesión de la pelota. El esquema 4-4-2 de Máslov tenía otra característica muy del fútbol moderno también: era flexible y tendente al intercambio de posiciones entre sus jugadores. Poseía un sistema de coberturas y confianza entre todos y cada uno de los miembros del equipo sencillamente absurdo para la época. Todo eso nos acerca a un prototipo de fútbol muy cercano al que se le nombrará ‘Fútbol Total’ al principio de la década de los 70.

La figura de Víktor Máslov ha quedado eclipsada con el paso del tiempo, entre otras cosas, por el éxito que su rechazado discípulo Valeri Lobanovsky conseguiría años después en el Dinamo de Kiev. El tiempo y otros logros de equipos distintos opacaron la obra de uno de los padres del pensamiento táctico moderno con una influencia que más de 50 años después sigue imperando en gran parte del fútbol con sus ideas. Unas ideas revolucionarias en un territorio inhóspito para ello, pero dibujadas sobre un sistema 4-4-2 y sobre un aspecto tan de moda en el fútbol actual como la presión y la atención zonal y no al hombre. Un entrenador con mucha luz de genio, pero insuficiente para iluminar una obra opacada en el tiempo.


SUSCRÍBETE A LA REVISTA PANENKA


Fotografía de Imago.